“Papá… ven por mí, por favor… Santiago volvió a p*garme.”
Ese fue el último susurro de mi niña antes de un grto, un glpe seco y un silencio que me heló la sangre.
Yo estaba solo en mi casita en Querétaro, calentando mole y arroz rojo, esperando su llamada de Pascua.
Tiré la silla al piso.
No pensé ni esperé a la policía. Arranqué mi vieja camioneta Nissan y manejé hacia la exclusiva zona residencial de Juriquilla.
La mansión Herrera era enorme, con mariachi suave y niños buscando huevitos en el jardín.
Adentro olía a miedo.
La puerta estaba entreabierta. Doña Mercedes, la madre de Santiago, me bloqueó el paso con una copa de vino en la mano.
“Don Arturo, no haga un espectáculo”, me dijo, empujándome el pecho con dos dedos. “Camila está indispuesta. Váyase a su casita antes de avergonzarnos.”
“Quítese.”
La aparté de un tirón y entré al salón.
Había sillas tiradas y copas rotas. Y ahí, sobre la costosa alfombra persa blanca, estaba Camila.
Mi hija.
S*ngrando.
Su cara estaba irreconocible y en su cuello se marcaban unos dedos.
Santiago estaba de pie junto a ella, acomodándose tranquilamente el reloj de oro.
“Se cayó, Arturo. Tomó demasiado”, sonrió.
Me arrodillé junto a ella, sintiendo su respiración débil y entrecortada contra mi mano.
“Te dije, Santiago, que llamaras al servicio para limpiar antes de que pasaran los invitados”, suspiró Doña Mercedes, mirando a mi hija como si fuera una mancha en el piso.
“Llama a quien quieras”, se burló mi yerno. “El comandante Martínez está en mi mesa, el fiscal es mi socio y tú solo eres un viejo amargado con una camioneta oxidada.”
Cargué a Camila en mis brazos. Mientras caminaba hacia la salida, escuché sus risas por la espalda.
Ellos no sabían que acababan de despertar al hombre que yo había enterrado hacía diez años.
¿QUÉ ESTABAN A PUNTO DE DESCUBRIR ESTOS MILLONARIOS INTOCABLES SOBRE MI OSCURO PASADO?
Lee la historia completa en los comentarios.👇