Nunca imaginé que un segundo de distracción me costaría lo que más amo en esta casa. Cuando los patrones cruzaron la puerta, mi mundo se derrumbó por completo al ver sus caras.

Parte 1:

El mármol helado de la sala me calaba hasta los huesos, pero el frío más terrible lo sentía en el pecho.

Tenía a Mateo apretado contra mi delantal azul, sintiendo su respiración apenas como un hilito. Tenía la carita llena de tierra y un g*lpe en la frente que me desgarraba el alma de solo verlo.

“Por favor, mi niño, abre los ojitos”, le suplicaba, mientras mis lágrimas caían sobre su playera blanca.

De pronto, el sonido pesado de la puerta principal de roble me hizo saltar. Escuché los tacones apresurados de Doña Elena y el paso firme de Don Arturo.

Habían regresado de su evento mucho antes de lo esperado.

El silencio que siguió al ruido de sus llaves cayendo al suelo fue ensordecedor. Levanté la vista, con los ojos nublados por el llanto.

Don Arturo se llevó la mano a la boca, pálido como el papel, incapaz de articular palabra. Doña Elena, con su blusa roja de seda que contrastaba con la tragedia de la escena, se quedó petrificada, con las manos entrelazadas en el pecho, temblando.

Yo quería explicarles. Quería decirles cómo pasó todo, cómo el portón se quedó abierto, cómo el prro de la calle se metió furioso. Quería gritarles que yo misma me puse en medio para protegerlo, que los raspones en mis brazos eran por abrazarlo contra el concreto para evitar un dño mayor.

Pero las palabras no salían. El terror me tenía paralizada. En mi cabeza solo resonaba una pregunta dolorosa: ¿pensarían que yo había lastimado al niño que he criado desde que nació?

La mirada de Doña Elena pasó de la sorpresa a una expresión que no supe descifrar. Dio el primer paso hacia nosotros, y mi corazón se detuvo.

¿QUÉ HARÍAS SI TE ENCUENTRAN CON EL HIJO DE TUS PATRONES INCONSCIENTE EN TUS BRAZOS Y TODO APUNTA A QUE FUE TU CULPA?

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