Mi padrastro me encerró y me obligó a casarme con un vagabundo de la calle para robar mi herencia de millones. Si no aceptaba, iba a dar la orden de desconectar a mi hermanito en el hospital. Llegué al altar llorando, escuchando las burlas de todos, pero cuando vi los ojos de ese hombre bajo la mugre, me congelé. Él no era un indigente asustado….

Parte 1:

El olor a perfume caro de las mujeres de las Lomas se mezclaba en la iglesia de San Ángel.

Pero ni todo ese lujo podía ocultar el hedor a calle y podredumbre que emanaba del hombre que estaba parado al final del pasillo.

Mi cuerpo temblaba sin control bajo un vestido de novia de diseñador que costaba cientos de miles de pesos.

Las lágrimas no dejaban de escurrir por mis mejillas.

—Mañana mismo te vas a casar, niñita —resonaba en mi cabeza la voz helada de Mauricio, mi padrastro, mientras le daba un trago a su mezcal carísimo la noche anterior.

—Te vas a casar con alguien que hará que toda la alta sociedad sienta asco de ti.

Y ahí estaba yo. Clara Garza, a mis 25 años, la única heredera de Grupo Garza, caminando hacia mi propia ejecución pública.

Había intentado suplicarle. Caí de rodillas sobre el piso de mármol de mi propia casa.

Pero él me agarró del brazo con fuerza y rugió: —¡Cállate el hocico!. Si te atreves a desafiarme, una orden mía y le desconectan los aparatos a tu hermanito en el Hospital Ángeles.

Por la vida de él, acepté mi condena.

Los murmullos venenosos inundaron la iglesia mientras yo daba pasos pesados.

—Güey, ¿esa es Clara Garza? No manches.

—¿Es neta que se va a casar con esa cosa? Qué oso, qué asco….

El hombre que me esperaba, al que llamaban Elías, traía un traje que le quedaba enorme, manchado de grasa y lodo seco.

Su cabello grasiento le tapaba media cara y la barba enmarañada lo hacía ver perturbador.

Sentía que iba a vomitar ahí mismo.

Mauricio sonreía satisfecho desde su asiento VIP en la primera fila. Había ganado.

Pero entonces, algo inexplicable me obligó a levantar la cabeza.

Por debajo de ese cabello sucio y desordenado, sus ojos encontraron los míos.

Y en ese preciso instante, quedé totalmente paralizada.

Esos no eran los ojos de un drogadicto asustado sacado del Metro Indios Verdes.

Eran los ojos de alguien frío, calculador y lleno de un poder absoluto.

Como si ese hombre hubiera estado esperando exactamente este m*ldito momento.

¿QUÉ SECRETO ESCONDÍA ESTE HOMBRE BAJO SU DISFRAZ Y POR QUÉ MI PADRASTRO ESTABA A PUNTO DE VIVIR SU PEOR PESADILLA?

Lee la historia completa en los comentarios.👇

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