Parte 1:
El calor en Cuernavaca era insoportable, pero mis manos estaban heladas cuando empujé las pesadas puertas de madera de la hacienda. El olor a flores caras y a perfume importado me golpeó de frente.
Soy Valeria. Hace apenas seis meses, estaba tirada en un colchón viejo en un cuartito húmedo de Neza, temblando por la fiebre, sin un peso para medicinas, mientras Alejandro vaciaba mi cuenta de ahorros. El dinero de mis años de trabajo se esfumó para pagar esta misma fiesta. Para pagar el vestido de Mariana, la que hasta hace poco llamaba mi “hermana del alma”.
En mis peores noches, llorando en el suelo de cemento, pensé en hacer una l*cura. La desesperación casi me traga viva.
Pero hoy no. Hoy, envuelta en este espectacular vestido azul cielo lleno de pedrería que mi vecino me prestó, soy otra. Mateo caminaba a mi lado, un amigo que se puso el mejor traje que encontró en el tianguis para fingir ser mi pareja millonaria. Sentí su mano firme en mi cintura baja.
—Respira, Vale. No dejes que vean que estás temblando —me susurró al oído, dándome la fuerza que mi cuerpo desnutrido ya no tenía.
El cuarteto de cuerdas tocaba una melodía suave. Di el primer paso hacia el patio central. La seda de mi capa rozaba el piso de cantera. El sonido de mis tacones resonó, cortando la paz del lugar como un cuchillo.
Poco a poco, el murmullo de los invitados se apagó. La música se detuvo de golpe.
Levanté la barbilla. Mis rodillas querían ceder por la debilidad de no haber comido bien en tres días con tal de pagar la gasolina para llegar hasta aquí, pero mi mirada era de acero.
Y entonces, los vi.
Alejandro estaba ahí, en el altar, con su traje negro impecable. Vi cómo se le cortaba la respiración. Sus ojos se abrieron desmesuradamente y la copa de champán tembló en su mano. A su lado, Mariana parecía haber visto a un fantasma de ultratumba; su boca abierta en una mueca de terror puro arruinaba por completo su aura de novia perfecta.
Nadie en ese lugar sabía la pesadilla que yo cargaba bajo este maquillaje impecable. Nadie conocía las lágrimas de s*ngre que me hicieron derramar. Solo veían a una diosa furiosa caminando hacia ellos para cobrar la deuda.
¿QUÉ HARÍAS SI TIENES FRENTE A TI A LAS PERSONAS QUE TE ROBARON HASTA LAS GANAS DE VIVIR Y ESTÁS A PUNTO DE HACERLOS PAGAR?
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