Parte 1:
El grito desgarrador, lleno de pánico genuino, rompió el silencio de aquella inmensa mansión en el Pedregal.
Dejé caer las cosas y corrió por las escaleras, sintiendo que el corazón me estallaría en el pecho.
Al llegar al cuarto de los niños, la escena me heló la sangre en las venas.
Valeria, la nueva novia de mi jefe que siempre vestía ropa de diseñador y llevaba uñas esculpidas, tenía al pequeño Diego de 5 años acorralado contra la pared.
El niño lloraba aterrorizado mientras ella lo agarraba ferozmente del brazo.
En el suelo, Mateo sollozaba intentando proteger con su propio cuerpo los pedazos rotos de una Virgen de Guadalupe de cerámica, el último recuerdo intacto de su madre que f*lleció en un trágico accidente automovilístico
“¡Te dije que te callaras, mocoso insoportable!”, siseó Valeria, levantando la mano con furia evidente para g*lpear al niño.
No lo pensé ni dos veces.
Corrí y me interpuse entre la mujer y el niño, empujando a Valeria con una fuerza brutal que no sabía que tenía.
“¡No lo toque!”, grité, temblando de pura rabia.
Valeria se tambaleó, se acomodó el cabello perfecto, me miró con un asco profundo y sonrió con una malicia que asustaba.
“Eres mujer m*erta, maldita sirvienta”, me amenazó.
Aseguró que la policía me encerraría por rbar sus joyas y glpear a los niños, afirmando que nadie le creería a una india pobre como yo.
Sabía que si me metían a la cárcel, mi madre en Oaxaca se quedaría sin el dinero para su tratamiento médico y las deudas asfixiarían a mi familia.
La respiración se me cortó de golpe.
¿QUÉ HARÍAS TÚ SI ESTUVIERAS A PUNTO DE PERDER TU LIBERTAD Y EL SUSTENTO DE TU FAMILIA POR DEFENDER A DOS NIÑOS INDEFENSOS DE UN M*NSTRUO?
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