Desperté en medio de la oscuridad absoluta sintiendo que me faltaba el aire. Cuando logré salir, la mirada del panteonero me heló la sangre. ¿Qué me hicieron?

Parte 1:

El olor a tierra húmeda y el silencio asfixiante fueron lo primero que sentí al abrir los ojos. Me faltaba el aire. Todo estaba en una oscuridad absoluta.

Intenté mover los brazos, pero mis nudillos chocaron contra una superficie de madera rugosa a escasos centímetros de mi rostro. El pánico me golpeó el pecho. Empecé a golpear con desesperación, arañando, empujando con las pocas fuerzas que tenía.

Escuché un crujido. Luego, tierra fría y pesada cayó directamente sobre mi cara. Había un hueco. Con un grito que me desgarró la garganta, empujé la tapa de madera resquebrajada y logré asomar la cabeza hacia el exterior.

El aire fresco de la tarde me llenó los pulmones mientras tosía violentamente. Al abrir los ojos con claridad, me encontré rodeada de tumbas antiguas y cruces de piedra. Estaba en el panteón municipal de nuestro pueblo.

Frente a mí, un viejo panteonero con sombrero de paja y camisa azul desgastada retrocedió tambaleándose. Soltó la pala que llevaba en una mano y comenzó a apretar un rosario de madera con la otra, murmurando rezos con los ojos desorbitados por el terror. Su perro, un mestizo negro, me ladraba frenéticamente, enseñando los dientes, confundido por la escena.

Yo apenas podía sostenerme en el borde de la fosa. Tenía la ropa arruinada y el cabello lleno de lodo. Mi mente era un torbellino. ¿Cómo había llegado aquí? El miedo y la confusión me paralizaban.

Entonces, un destello cruzó mi memoria. La noche anterior. La cena familiar. El té que me preparó mi esposo con esa sonrisa tan fría. El mareo repentino y la forma en que me miró mientras mis ojos se cerraban pesadamente. No había sido una tragedia ni un accidente médico. Alguien había planeado esto para deshacerse de mí en el momento perfecto.

Traté de decirle algo al viejo panteonero, de suplicarle ayuda, pero el sonido de unas llantas frenando bruscamente sobre la grava del panteón nos interrumpió a ambos. Giré la cabeza hacia el camino principal y vi la puerta de un auto negro abrirse lentamente.

¡NUNCA IMAGINÉ LO QUE ESTABA A PUNTO DE OCURRIR AL VER QUIÉN BAJABA DE ESE AUTO!

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