
Llevaba a mi hija Sofi a los juegos de la plaza cuando las bocinas del techo sonaron de golpe.
“Regla número uno de supervivencia: absolutamente prohibido entrar a la alberca de pelotas.”
Al principio nadie le dio importancia. La gente seguía riendo, quejándose y deslizando el dedo en sus celulares. “Han de estar cobrando más caro y por eso ponen sus reglas payasas”, dijo un señor a mi lado mientras se estiraba para desentumirse.
Pero al segundo siguiente, cabezas llenas de s*ngre rodaron por el suelo de la plaza.
Los gritos desgarradores inundaron el lugar. El señor que acababa de hablar se quedó de pie, convertido en un curpo sin cabeza, agitando los brazos a lo loco mientras la sngre le brotaba a chorros del cuello. Una mamá en la fila de enfrente gritó y quiso correr, pero no dio ni dos pasos cuando la mitad de su cráneo se deslizó hacia atrás y cayó. Aterrizó justo sobre mis piernas cerradas: caliente, fresco, chorreando rojo.
Mis dientes castañeaban. Aterrada, giré el rostro buscando a mi pequeña. Sofi, que tiene una discapacidad intelectual, estaba sentada al pie de la resbaladilla, mirando confundida el charco de s*ngre que se acercaba a sus zapatitos.
Las piernas no me daban para levantarme. Me arrastré como pude entre las pelotas de plástico hasta abrazarla con todas mis fuerzas. A nuestro alrededor, los curpos sin cabeza seguían caminando a ciegas, tropezando en lo que ahora era un infierno de carne y sngre.
La musiquita alegre de la plaza se había cortado. Entonces, la voz robótica retumbó de nuevo: “Este juego de supervivencia durará cinco días. Tienen que adivinar las reglas.”
Parte 2
La voz robótica resonó por toda la plaza comercial, rebotando en los techos de cristal con un eco macabro: “Este juego de supervivencia durará cinco días
Tienen que adivinar las reglas
El objetivo final: encuéntrame.” ¿Un juego de supervivencia? ¿Cinco días? Sentí que me iba a desmayar
Clavé mis uñas en las palmas de mis manos con tanta fuerza que me saqué sngre, rezando a todos los santos para despertar de esta maldita psadilla
El miedo me asfixiaba, apretando mi garganta como si tuviera un nudo de alambre
“¡No se muevan! ¡Nadie se mueva de como están ahorita!” gritó de pronto una voz masculina, firme y potente
Giré la cabeza lentamente, temblando, y vi a un muchacho joven, guapo y de aspecto adinerado, hincado sobre una rodilla cerca de los barandales de cristal del pasillo
“Me llamo Santiago Garza, por favor, confíen en mí
Lo que está pasando no tiene lógica ni explicación humana, pero si la maldita bocina dijo que es un juego con reglas, significa que mientras no rompamos esa regla, nadie más tiene que m*rir
¡Por lo que más quieran, quédense quietos!”
Su voz tenía tanta autoridad, un poder tan magnético, que el pánico descontrolado en la plaza disminuyó un poco
Los gritos de terror desgarradores y los llantos por los familiares m*ertos se volvieron sollozos ahogados
Todos nos quedamos congelados en nuestras posiciones
Algunos estaban tirados boca abajo besando el piso de loseta, otros en cuclillas escondidos detrás de los basureros, y yo seguía abrazando a Sofi, mi princesita, entre las pelotas de plástico de colores
“¿Y ahora qué hacemos?” sollozó una señora cerca de mí, con la cara empapada en lágrimas
“No hay nada de señal en los celulares, no podemos llamar a la policía..
La bocina dijo que no entráramos a la alberca de pelotas, pero ya estamos adentro
¿Nos vamos a m*rir todos, verdad?”
Santiago frunció el ceño, pensando rápido con el rostro tenso
“Si es un juego de supervivencia, tiene que haber pistas para salir de aquí
El problema es que ahorita no podemos movernos para buscarlas.” “¡Ya valió mdre, es el fin del mundo, todos nos vamos a cargar la chingda!” gritó un señor a lo lejos, golpeando el piso con desesperación
Esa desesperación contagiosa me hizo abrazar a mi niña aún más fuerte
Empecé a mirar a mi alrededor, analizando todo como si mi vida dependiera de ello
Esta plaza comercial no era muy grande, tenía un diseño abierto con pasillos circulares y un enorme tragaluz en el centro
La planta baja era el supermercado y las tiendas de ropa
El segundo piso, donde estábamos nosotros, era la zona de juegos infantiles y la zona de comida
El tercer piso era donde estaban las salas de cine
Me di cuenta de que el gigantesco tragaluz por donde antes entraba el sol de la tarde estaba cubierto por una niebla negra, espesa y aterradora
Esa misma oscuridad bloqueaba por completo las escaleras eléctricas de bajada y subida
Este piso se había convertido en una isla de la que no podíamos escapar
De pronto, al mirar a mi hija en mis brazos, sentí que el corazón se me paraba en seco
El pelito castaño de Sofi, justo en la coronilla de su cabeza, había desaparecido por completo, como si se lo hubieran rasurado al ras con una navaja perfecta, dejando un pedazo de cuero cabelludo pelón
“Regla número uno: absolutamente prohibido entrar a la alberca de pelotas..
¿Qué chin*ados significa eso?” murmuraba un chavo a mi lado, llorando de miedo
En ese preciso instante, algo hizo clic en mi cerebro
Miré los cerpos decapitados en el piso brilloso de la plaza y luego la entrada del área de juegos
Sentí cómo las piezas del rompecabezas se acomodaban solas en mi cabeza
Miré la cafetería que estaba enfrente; toda la gente que estaba ahí haciendo fila también estaba merta, y ellos ni siquiera habían entrado a la maldita alberca de pelotas
Levanté la mano, temblando de pies a cabeza, y hablé en voz alta con la garganta seca: “Creo..
creo que ya sé cuál es la regla que nos dijeron.” Todos los sobrevivientes cercanos voltearon a verme con desconfianza y ojos juzgadores
Era lógico: soy una madre soltera, asustada, con ropa humilde y una niña especial abrazada al pecho; no me veía como alguien en quien confiar en medio de esta m*sacre
“Dime, no importa si te equivocas, necesitamos opciones,” me animó Santiago con voz suave y paciente
Tragué saliva y hablé despacio para que todos escucharan: “La bocina nos advirtió que estaba prohibido entrar a la alberca de pelotas
Suena a que no podíamos estar aquí, pero todos los que estamos aquí adentro sobrevivimos si estábamos agachados
En cambio, la gente de la cafetería de enfrente que estaba de pie se mrió al instante
Todos los que mrieron perdieron la cabeza, sí, pero fíjense bien: algunos perdieron todo el cuello desde los hombros, y otros solo la mitad del cráneo…” “Porque el nivel de infracción de la regla fue diferente,” completó Santiago, con los ojos brillando de comprensión
“Exacto,” asentí, sintiendo un sudor frío en la frente
“Cuando sonó la bocina con la primera regla, yo volteé a ver a mi hija
Ella se estaba aventando por la resbaladilla
Miren su cabeza.” Hice a un lado mi brazo y mostré el pedazo de cabello faltante de mi pequeña Sofi
“Ella sobrevivió de puro milagro mientras caía
La regla no es sobre el lugar físico, tiene que ver con la altura.” Un murmullo de sorpresa y alivio recorrió el lugar
“¡No manches, tiene razón!” dijo un señor llorando de alegría
“Los batos más altos perdieron hasta el cuello, y a las chavas chaparritas les voló la mitad de la cabeza
Los que estamos vivos ahorita es porque estábamos en cuclillas, amarrándonos las agujetas o tirados en el piso
¡Por eso los niños se salvaron!” “¿Pero cuál es la altura exacta, cabrones?” preguntó un joven desesperado
“¿Y por qué la bocina mencionó la alberca de pelotas si no era por el lugar?” Señalé con mi dedo tembloroso un cartel de colores en la entrada de los juegos infantiles
Decía claramente con letras grandes: Prohibida la entrada a niños mayores de 1.50 metros
“Esa es la regla encubierta,” sentencié, sintiendo un nudo en el estómago
“Mientras nuestra altura, sin importar si estamos caminando o parados, no rebase el metro y medio, no nos va a pasar nada y el juego no nos va a m*tar.” Se hizo un silencio sepulcral, denso y pesado
La teoría era perfecta, cerraba por todos lados, pero nadie quería arriesgar su vida para probarla
Un error significaba perder la cabeza
“Yo lo intento,” dijo Santiago de repente, con una valentía que me dejó helada
Él era un muchacho alto, medía fácil como 1.80, así que se levantó lentamente, encorvando la espalda al máximo y doblando las rodillas para no pasar del límite del metro y medio
Parecía que estaba cargando el peso del mundo en sus hombros
Todos contuvimos la respiración
Mi corazón latía tan fuerte que me dolían las costillas
Santiago dio un paso
Luego otro más
Se volteó hacia nosotros, y una sonrisa eufórica y llena de adrenalina le iluminó el rostro: “¡No me m*rí! ¡Adivinaste, tenías toda la razón!”
El alivio fue tan inmenso que varios adultos rompieron a llorar como niños chiquitos
Al menos por hoy, no íbamos a m*rir
Santiago se acercó a los pasillos y empezó a gritar con todas sus fuerzas para avisar a los demás sobrevivientes sobre la regla del 1.50m
Una por una, unas diez personas salieron arrastrándose de las tiendas cercanas, llorando y agradeciendo
Santiago, demostrando ser un líder nato, mandó a dos chavos a revisar los accesos de las escaleras, pero regresaron pálidos y temblorosos diciendo que la niebla negra seguía ahí, bloqueando cualquier salida
Estábamos atrapados como ratas en un laberinto
Contamos a los sobrevivientes del piso, esquivando los c*erpos decapitados: solo quedábamos 68 personas
Por pura suerte, en este lado del segundo piso había una cafetería y un puesto de pan dulce
Santiago organizó a la gente para repartir botellas de agua y comida chatarra
El reloj de mi celular sin señal marcaba las 10:00 p.m
Sofi se había quedado profundamente dormida en mis brazos después de comerse una dona de chocolate
Yo, con la maldita mentalidad de pobre que la vida me había forjado a golpes, solo podía pensar en que al día siguiente me iban a descontar 300 pesos de mi sueldo en la empresa de limpieza por no presentarme a trabajar
“Hoy nos salvaste la vida a todos,” me dijo Santiago, acercándose en cuclillas para entregarme la mitad de un sándwich empacado
Lo miré con duda
“Vi que le diste todo lo que te tocó a tu niña y tú no comiste nada
Cómetelo por favor
Eres increíblemente inteligente y muy observadora, ¿a qué te dedicas? ¿Eres maestra de universidad, científica, ingeniera?”
Bajé la mirada con vergüenza, dándole una mordida pequeña al pan para no atragantarme
“No
Soy del área de intendencia..
limpio oficinas en el Corporativo Garza.” Él se quedó con la boca abierta, genuinamente sorprendido
“¿En mi empresa? ¡No manches! ¿Cómo es posible? Alguien con tu capacidad analítica no debería estar trapeando pisos
Es un desperdicio absoluto de talento.” “No tengo título universitario, tuve que salirme a trabajar,” le expliqué, encogiéndome de hombros y sintiendo la pobreza quemarme las mejillas
“¿Cómo te llamas?” me preguntó con voz suave
“Carmen,” respondí en un susurro
“Escúchame muy bien, Carmen,” me dijo, mostrando una sonrisa deslumbrante que me dio un rayito de esperanza
“Cuando salgamos de este infierno, porque te juro que vamos a salir, búscame directamente
Te voy a dar un puesto gerencial donde vas a ganar diez veces más que como afanadora
Yo soy el heredero de Grupo Garza, de hecho hoy vine aquí para comprar esta plaza comercial, así que mi palabra vale y se cumple.” Un señor malhumorado que estaba cerca soltó una carcajada amarga y pesimista
“La pinhe bocina dijo que al ganador le darán mil millones..
wey, si salimos vivos de esta mtanza, lo que menos nos va a preocupar es buscar un empleo miserable.” Santiago suspiró, frotándose los ojos cansados
“El problema es que la regla final que nos impusieron es encontrar a quien está manejando este juego macabro
Algo de nivel sobrenatural no se va a dejar encontrar tan fácilmente
Es como buscar una aguja en un pajar invisible.” “Si nos puso esa misión final, es porque muy en el fondo quiere que lo encontremos,” susurré, analizando la psicología del agresor
“Estoy segura de que nos irá dejando pistas en cada juego.” Él me miró con una profunda admiración
“¿Tienes tanta confianza en que vas a salir con vida?” Miré el rostro tierno y dormido de mi niña, mi Sofi
“Lo único que sé con absoluta certeza, es que no voy a permitir que mi hija se quede m*erta en este piso frío sin haber vivido su vida, sin haber crecido
Voy a salir de aquí por ella.” La noche fue una tortura silenciosa
El frío nos calaba los huesos y el olor a s*ngre oxidada no nos dejaba dormir
A las 8:00 de la mañana en punto del segundo día, la bocina maldita volvió a encenderse con un zumbido eléctrico
“El modo de escape por piso único ha terminado
Comienza el modo multijugador en toda la plaza
Tarea de hoy: El juego del Hombre Lobo
Los sobrevivientes de todos los pisos se dividirán en dos bandos: Aldeanos y Lobos, en cantidades exactamente iguales
El objetivo es eliminar al bando contrario antes de las 8:00 AM del día de mañana
El bando que termine con menos personas al final del tiempo, será aniquilado por completo
Sobrevivientes totales actuales: 97
Repartiendo roles de identidad en este momento…” En cuanto la voz robótica dijo la última palabra, la niebla negra que cubría las escaleras se desvaneció por arte de magia
Y justo en ese mismo segundo, dos letras fantasmales, parpadeantes y con un brillo rojizo, aparecieron flotando justo frente a mis pupilas: Aldeano
El ambiente de toda la plaza se congeló instantáneamente
Nadie decía absolutamente nada
Todos nos mirábamos a los ojos con una desconfianza enfermiza, sabiendo que cada quien veía su propio rol flotando frente a su cara, pero era imposible ver las letras de los demás
Las reglas del juego habían cambiado de la forma más cruel: ya no se trataba de sobrevivir juntos contra el entorno, el juego nos obligaba a m*tarnos entre nosotros mismos
El miedo hizo estragos de inmediato
Las familias y parejas se juntaron en grupitos cerrados, susurrando y alejándose del resto
Los que estaban solos se arrinconaron, tensos como cuerdas de guitarra a punto de romperse
“Carmen…” susurró Santiago acercándose lentamente a mí, con los ojos clavados en los míos
“Hay que decirnos nuestra identidad
Yo soy Aldeano
Si tú también lo eres, hagamos equipo y cuidémonos la espalda
Si resultas ser Lobo, me daré la media vuelta y te juro por mi vida que no delataré tu secreto.” Lo miré con total frialdad, mi instinto de supervivencia al máximo
“¿Y por qué chin*ados habría de creerte? Podrías estar mintiéndome.” Él sonrió de lado, sin ofenderse
“La letra flotante que estoy viendo tiene un tipo de fuente muy especial
Escribamos los detalles en nuestros celulares al mismo tiempo para comprobar que vemos lo mismo.” Lo hicimos sin dudarlo
Ambos apuntamos en las notas del celular que la letra “A” de Aldeano tenía un adorno alargado y rasgado en la esquina inferior
Volteamos las pantallas al mismo tiempo
Éramos del mismo bando
“Qué alivio, no tienes idea,” suspiró Santiago, relajando los hombros
“En una situación de vida o merte como esta, la moral sale sobrando
Tener compasión o lástima por el enemigo es un puro sicidio
Espérame tantito aquí, voy a ir a reclutar a más aldeanos para tener superioridad numérica y ahorita bajamos todos juntos al primer piso.” Asentí en silencio, sabiendo que sus palabras eran duras pero reales
En este infierno, ser blando te c*staba la cabeza
“Mami,” me jaló la manga de mi blusa vieja Sofi, despertando apenas
“¿Cuándo nos vamos a la casa, mami?” “Pronto, mi cielo hermoso, la película todavía no termina, pero falta poquito,” le acaricié la mejilla sucia
Ella ladeó la cabeza, confundida
“¿Pero por qué hay letras flotando enfrente de mis ojitos?” Me quedé completamente tiesa
Sentí que un balde de agua helada me caía por la espalda
“¿Sofi..
mi amor..
tú estás viendo letras?” le pregunté con la voz temblorosa
“Sí, mami
Es solo una letrita.” Cuando Santiago regresó con un grupo de jóvenes con los que había hecho alianza, yo seguía sentada en el piso en completo estado de shock, pálida como un fantasma
Nos dijo que bajáramos con mucho cuidado al primer piso para ver el panorama general
Al acercarnos a las escaleras eléctricas que ya estaban despejadas, Sofi señaló con su dedito hacia arriba, hacia el tercer piso donde estaban los cines
“Mami, mira, allá arriba hay un niño solito.” Todos levantamos la vista
Había un niño pequeñito, de unos seis o siete años, bañado literalmente en s*ngre y temblando de pánico junto al barandal
“¡Baja, amiguito, no te vamos a hacer nada!” le gritó Santiago, haciéndole señas
El niño bajó lentamente por la escalera apagada, temblando como una hojita
Los muchachos de nuestro grupo le preguntaron por las demás personas que estaban viendo la película en el cine
“S-solo quedo yo vivo,” tartamudeó el pequeño, y al hablar, noté que tenía labio leporino
Santiago palideció, comprendiendo la tragedia al instante
“Los malditos asientos de las salas de cine son fijos y están altos..
seguro todos los demás rebasaron el metro y medio
Todos perdieron la cabeza allá arriba.” Un escalofrío de puro terror nos recorrió a todos los presentes
Sofi se soltó de mi agarre y le agarró la mano al niño tembloroso
“¿Tú también estás grabando la película de mentiras? Yo me llamo Sofi
¿Tú cómo te llamas?” le dijo con su voz dulce
“Mateo,” susurró el niño con la mirada perdida
“Mami, ¿Mateo puede jugar con nosotras? Está muy solito,” me preguntó mi hija, mirándome con sus ojos inocentes
Miré al pobre niño huérfano, traumatizado y cubierto de s*ngre ajena, y se me partió el alma
“Sí, mi amor,” le dije, tomándolo de su otra manita fría
Bajamos finalmente al primer piso
El escenario que nos recibió era la definición misma de una psadilla en vida
Había montañas de cerpos sin cabeza amontonados frente a las tiendas, y verdaderos ríos de s*ngre espesa y oscura por todas partes, brillando de manera macabra bajo la luz de la mañana que entraba por los grandes ventanales de la plaza
Si la bocina dijo que éramos 97 sobrevivientes en total, y en el segundo piso estábamos 68, más el niño que era el único del tercer piso..
significaba que en todo el primer piso, que estaba llenísimo de gente, solo habían sobrevivido 28 malditas personas
“Un momento, esperen,” dijo Santiago de pronto, deteniéndose en seco a mitad del pasillo principal
“Pónganse a pensar
La bocina nos dijo claramente que nos dividían en dos bandos con cantidades exactamente iguales
Pero 97 es un número impar
¿Cómo chin*ados van a ser bandos iguales si somos 97?” Una chava chaparrita de nuestro grupo abrió los ojos como platos, aterrorizada
“¡No mames! ¡El que sobra, el número impar, es el maldito monstruo que está detrás de todo esto! ¡Está escondido aquí entre nosotros, fingiendo ser un jugador más!” “Tiene todo el sentido del mundo,” asintió Santiago con el rostro tenso
Se giró para mirarme, a punto de preguntarme qué opinaba de la teoría, cuando una voz arrogante, burlona y demasiado familiar sonó a nuestras espaldas
“Están muy equivocados, bola de i*iotas.” Todos volteamos de golpe
De una tienda de artículos para acampar salió un grupo de personas muy bien armadas con palos de golf, bates y cuchillos de cacería
Al frente de ellos caminaba un hombre vestido de traje, con el pecho inflado y un aire de superioridad enfermizo
“Se equivocan, porque el bando de los aldeanos tiene ventaja
Porque yo soy el Vidente,” sentenció el hombre con una sonrisa pedante
Me quedé petrificada, sin poder respirar
Ese hombre..
era mi exesposo, Fernando
“¡Vaya, vaya! ¿Pero qué tenemos aquí? ¿Carmen? ¿Tú y tu estorbito están vivas? El mundo es muy pequeño y muy injusto,” dijo una voz chillona y venenosa detrás de él
Era Valeria, la amante por la que me había dejado hace años
Fernando era un ilusionista y mago de teatro bastante famoso a nivel nacional
Yo era la que estaba detrás del telón, la diseñadora de todas sus ilusiones ópticas y trucos
Cuando mi hermosa Sofi nació con su discapacidad intelectual, el muy infeliz la vio como una mancha en su vida perfecta, como una humillación pública
Nunca la quiso cargar, jamás le dio un beso de buenas noches
Cuando Sofi tenía apenas cuatro años, lo descubrí engañándome en nuestro propio camerino con Valeria, su asistente de escenario
Pero la infidelidad no fue lo que rompió todo
Lo imperdonable fue cuando ese psicópata de Fernando llevó a mi niña a pasear cerca de un río caudaloso con la única intención de “perderla” para que se ahogara y dejarla m*rir
Si no hubiera sido por un policía que iba pasando de casualidad y la encontró llorando en la orilla, mi hija hoy estaría en un cementerio
Ahí mismo firmé el divorcio, le escupí en la cara y hui con ella, trabajando dobles turnos limpiando baños en oficinas corporativas de día y de noche para poder pagarle sus terapias de lenguaje
Y ahora, el karma o el maldito destino, me ponía de frente a este cobarde infeliz en medio de un juego de vida o m*erte
“¿Vidente?” preguntó Santiago, confundido y poniéndose a la defensiva
“La bocina solo dijo que había Aldeanos y Lobos, nunca mencionó a un Vidente.” Un hombre enorme, gordo y musculoso que estaba parado al lado de Fernando como su guardaespaldas, gruñó: “Que la bocina no lo haya dicho no significa que no exista la carta del Vidente, chamaco pndejo
El Vidente ya descubrió a dos Lobos hace rato y ya los mtamos con nuestras propias manos.” Señaló con orgullo sádico a dos c*erpos recién decapitados en la entrada de la tienda
“¿Y por qué chin*ados le vamos a creer a él que es el Vidente?” reclamó furioso un chavo de mi grupo
Fernando sonrió con una malicia asquerosa y señaló hacia arriba, hacia el techo de cristal
“Porque no tienen de otra
Levanten su patética mirada.” En lo alto del tragaluz de la plaza flotaba mágicamente una balanza gigante y luminosa
De un plato de la balanza decía la palabra Aldeanos y del otro plato decía Lobos
El lado de los Aldeanos estaba más inclinado, demostrando que pesaba más y eran mayoría
“Escúchenme bien todos,” gritó Fernando como si fuera el rey del mundo
“La balanza se actualiza sola cada diez minutos mostrando la proporción de vivos
Acabamos de m*tar a esos dos lobos basura, y los Aldeanos siguen siendo mayoría absoluta
Como yo soy el Vidente, voy a usar mi poder para revisar a una persona de ustedes cada diez minutos
Si resulta que eres Lobo, te aconsejo que empieces a rezar porque te vamos a degollar.” La gente a nuestro alrededor empezó a murmurar, aterrorizada por las amenazas pero ciegamente convencida de que Fernando era un enviado del cielo para salvar a los aldeanos
Valeria se separó del grupo y se acercó a mí contoneándose exageradamente
“¿Ya ves, Carmen, mi reinita? Mi Fernando nos va a hacer ganar a todos el premio de mil millones de pesos
Y para cuando ganemos, te aseguro que tú y tu niña retrasada ya van a estar pudriéndose en el infierno.” No me rebajé a contestarle, solo la miré con un odio profundo
Mi mente trabajaba a mil por hora, calculando variables
Si Fernando realmente era el maldito Vidente del juego..
entonces él tenía el poder de decidir quién vivía y quién moría
Y con el odio que nos tenía, Sofi y yo estábamos condenadas a m*erte si no hacíamos algo
Sentí que el mundo me daba vueltas
Me tambaleé hacia atrás y estuve a punto de caer desmayada, pero la mano fuerte de Santiago me agarró del hombro, sosteniéndome
“Tranquila, Carmen, aguanta
Apenas es la mañana del segundo día, el juego puede dar mil vueltas, yo te cuido,” me susurró Santiago al oído para darme apoyo moral
Valeria miró la mano de Santiago en mi hombro, puso cara de asco y regresó al lado de Fernando
“Gracias,” le dije a Santiago, tratando de regular mi respiración
“No tenías que exponerte así por mí, ese hombre me odia.” “Tú eres un maldito genio, Carmen, tienes un cerebro brillante,” me sonrió él, mirándome con esos ojos llenos de vida y admiración
“Te juro que vas a trabajar para mí saliendo de aquí, es obvio que te voy a pro…” Santiago jamás terminó esa frase
Abrió los ojos desmesuradamente, como platos, y bajó la mirada con lentitud hacia su propio pecho
Yo también bajé la vista, y el corazón se me detuvo
La punta metálica de un enorme cuchillo de carnicero acababa de atravesarle el pecho desde la espalda, rompiéndole el corazón
La s*ngre roja y caliente empapó su camisa blanca de diseñador al instante
El grandulón asqueroso que acompañaba a Fernando sacó el cuchillo de un tirón y se limpió la sngre espesa en la manga de su camisa
“Tercer pinhe lobo eliminado,” murmuró con indiferencia, como si hubiera pisado una cucaracha
Santiago cayó de rodillas y luego se desplomó en el piso con un golpe sordo y seco
Su mirada se apagó
Estaba m*erto
Yo empecé a temblar descontroladamente, mi cerebro no procesaba la injusticia
Apreté los puños y miré a Fernando con un odio tan puro que podría haberlo quemado vivo
“¡¿POR QUÉ?! ¡¿Por qué maldita sea lo m*taron?!” grité histérica, llorando de rabia
“¡Él era un Aldeano! ¡Nosotros revisamos y comprobamos su rol! ¡Él era un maldito Aldeano, Fernando!”
Fernando me miró desde arriba con un desprecio absoluto, limpiándose la mugre de las uñas sin el menor remordimiento
“Ya te lo expliqué, estúpida
Yo soy el Vidente
Lo acabo de revisar con mi poder..
y me salió que el niño rico era un asqueroso Lobo.”
Corrí a esconderme con mi pequeña Sofi y con Mateo en un rincón oscuro de una tienda de juegos de mesa en el segundo piso
“Tranquila, Carmen, piensa, tienes que pensar”, me repetía a mí misma, temblando mientras abrazaba a los dos niños
Después del assinato a sangre fría de Santiago, Fernando se había vuelto loco de poder
Cada diez minutos, usaba su supuesta habilidad de “Vidente” para señalar a alguien
En una sola hora, había mandado mtar a cuatro aldeanos inocentes y a dos lobos
Se había convertido en el líder absoluto y dictador del bando de los aldeanos
Allá arriba, la balanza gigante seguía mostrando que los aldeanos eran mayoría
Si daban las 8:00 de la mañana y las cosas seguían así, todos los lobos iban a m*rir masacrados
Dejé a los niños con algo de comida y juguetes, rogándoles que no salieran por nada del mundo, y salí a buscar al bando de los lobos, que estaban acorralados cerca de los baños
Me miraron con odio y desconfianza, pero levanté las manos
“Soy loba,” les mentí con frialdad
“Soy diseñadora de ilusiones, sé observar y encontrar los huecos en la lógica
Tengo un plan para que todos salgamos vivos de esto.” En la siguiente hora, armé mi jugada maestra
Primero, me gané su confianza porque varios de ellos eran los sobrevivientes de la alberca de pelotas que me habían visto descifrar la regla de la altura el día anterior
Segundo, les propuse tenderle una emboscada a Fernando
Tercero, fui directamente con Fernando, que estaba con la resbalosa de Valeria, y lo traicioné contándole todo el plan de los lobos
“¿Por qué chin*ados me estás avisando, si me odias?” me preguntó Fernando, mirándome con asco
Yo había pagado para que le dieran una golpiza hace años por lo que le hizo a Sofi
Bajé la mirada, fingiendo sumisión
“Porque estamos en el mismo bando
Si tú vives, yo vivo.” Una hora después, la trampa se cerró exactamente junto a las escaleras eléctricas
Los lobos salieron a emboscar a Fernando por la espalda, pero se quedaron congelados cuando vieron que los aldeanos los estaban apuntando desde arriba con arcos y flechas reales que habían sacado de un club de tiro con arco del segundo piso
(Ese dato se lo había dado yo a Fernando)
Era un punto merto
Nadie se movía
Salí de mi escondite y me paré en medio de los dos grupos armados
“¡Escúchenme todos! ¡Hay una forma de que nadie más muera!” grité
Todos me miraron con furia y confusión
“El Hombre Lobo es un juego de mesa
Fui a leer las reglas oficiales a la tienda de allá atrás
La regla dice que si el juego entra en un ciclo infinito de empates, se declara como un empate técnico
La bocina dijo que el bando con menos personas mriría..
¿Pero qué pasa si tenemos exactamente el mismo número de personas? ¡Nadie m*ere!” El silencio inundó la plaza
Los lobos sonrieron con esperanza
“Si empatamos, todos vivimos,” murmuró alguien
Pero Fernando soltó una carcajada amarga
“¿Y cómo chinados vamos a empatar? Han merto seis lobos y cuatro aldeanos
Nos sobran dos aldeanos para el empate
¿Quién pnches va a querer mrir por voluntad propia?” Mis ojos recorrieron a la multitud
Necesitábamos un sacrificio
“¿Algún aldeano se ofrece?” pregunté con la voz rota
El silencio fue sepulcral
Hasta que un hombre levantó la mano temblando junto al barandal
A su lado, su esposa y su hijo lloraban desconsolados
“Yo soy aldeano..
mi mujer y mi hijo son lobos
Yo doy mi vida con tal de que ellos vivan,” dijo con una valentía que me rompió el alma
Después, una voz débil sonó desde una silla de ruedas
“Yo soy aldeana, tengo cáncer terminal
Yo también me sacrifico para que mis papás vivan,” dijo una muchacha joven
Me di la vuelta, con lágrimas en los ojos, cuando escuché los dos c*erpos estrellarse contra el piso de la planta baja
En el último minuto antes de las 8:00, vi una sonrisa sádica en la cara de Fernando, pero la bocina retumbó
Esta vez, la voz robótica soltó un suspiro pesadísimo que nos puso los pelos de punta
“El juego del Hombre Lobo ha terminado
Cantidad empatada
Sobrevivientes actuales: 85
Tarea de hoy: El índice de miedo no debe rebasar el límite.” Todos lloraban de alivio abrazándose, pero no sabían lo que nos esperaba
El tercer día fue un infierno psicológico
Todos los cerpos decapitados que estaban tirados en la plaza se levantaron de golpe
Caminaban como si nada, se sentaban a “comer”, se te acercaban y sus cabezas flotantes te respiraban en el cuello o se te pegaban a la cara chorreando sngre
Era una tortura
Si te asustabas demasiado y tu miedo rebasaba el límite, tu cerpo explotaba en mil pedazos de carne y hesos
Yo abracé a Sofi y a Mateo y me los llevé a la tienda de juegos
No me asusté tanto porque, en mis peores épocas de pobreza, había trabajado el turno nocturno limpiando en una funeraria; estaba acostumbrada a ver la m*erte de cerca
Mi niña Sofi, con su inocencia hermosa, asomaba su cabecita y me decía: “Mami, los señores ya empezaron a grabar la caricatura”
Mateo lloraba, pero era un niño tan calladito que su miedo no hizo ruido
Afuera, la plaza sonaba como si estuvieran reventando cohetes en navidad: ¡Pum! ¡Pum!
Eran las personas explotando de pánico
A las 8:00 de la mañana del cuarto día, la bocina anunció: “Sobrevivientes actuales: 21
Tarea de hoy: Ver una película
Hora: 10:00 a.m
Lugar: Sala 5 del cine.” Habían merto 64 personas de puro terror
Subimos a los cines como almas en pena
Fernando y Valeria ya estaban en la puerta de la sala
Como ellos habían trabajado años montando shows de magia de terror, su tolerancia al miedo era altísima
Entramos a la sala a oscuras y casi gritamos: todos los asientos estaban ocupados por cerpos decapitados sentados derechitos
Mateo lloraba temblando, pero Sofi le acarició el pelito: “Son extras para la película, no llores,” le dijo
Nos sentamos en una esquina
La película empezó sin sonido
Mostraba a una pareja joven teniendo gemelos
Años después, los niños crecieron: uno era muy guapo, el otro había nacido con labio leporino
Los papás los amaban por igual, los defendían de las burlas
El día de su cumpleaños número seis, estaban festejando en la azotea de un edificio cuando hubo un terremoto brutal
El edificio colapsó
La imagen se congeló mostrando a los dos niños colgando de una viga sobre el vacío
Los papás estaban heridos y solo tenían fuerza para subir a uno de los dos
Si salvaban a uno, el otro caería
La pantalla se puso negra y aparecieron unas letras sangrientas: “¿A quién salvaron los padres? Tienen 5 minutos para elegir
Elegir mal significa la m*erte.” En el piso del cine se iluminaron dos grandes círculos de luz frente a nosotros
Analicé todo con mi cabeza a punto de estallar
La probabilidad era 50/50, no había una lógica exacta
Faltando un minuto, caminé con los niños y me paré en el círculo del lado izquierdo, eligiendo al niño sano
Casi todos me siguieron al instante, confiando en mi instinto
“Tía…” me jaló la blusa Mateo, con sus ojitos llenos de lágrimas
“¿Por qué no salvamos al hermano que tiene la boquita como yo? Pobrecito, hay que salvarlo a él.” Sofi asintió
“Sí, mami, hay que salvarlo a él.” Los miré a los ojos
Mi corazón de madre me dio un vuelco
Faltaban 30 segundos
Agarré a los niños y corrí al círculo contrario
La gente se volvió loca de dudas
Faltando 10 segundos, Fernando caminó rápido hacia mi círculo, seguido de Valeria y una pareja joven
Los demás se quedaron del otro lado
El tiempo se acabó y la película continuó
En la pantalla, los papás usaron todas sus fuerzas y jalaron al niño del labio leporino, el de la derecha
El niño sano cayó al vacío y m*rió destrozado
En la sala de cine, el círculo donde estaban las otras personas empezó a brillar y a girar a toda velocidad
En un segundo, todos los que estaban ahí se hicieron polvo
Se vaporizaron frente a nuestros ojos
Al salir de la sala, Fernando se paró frente a mí con una sonrisa de pura burla
“¿Te crees muy lista, no? Pero te tengo un secreto, estúpida..
yo nunca fui Vidente
Siempre fui un simple Aldeano.” Me quedé de piedra
“¿Qué dices? ¿Entonces cómo adivinaste quién era lobo?” Él se rio en mi cara
“Llevo años estudiando lenguaje corporal y psicología para mis shows de magia
Cuando les metí presión diciendo que era Vidente, los cobardes que eran lobos empezaron a sudar y a temblar
Fue facilísimo leerlos
Eres una ilusa.” Mi cabeza empezó a unir cabos sueltos a una velocidad aterradora
Algo no cuadraba en los números de ayer
De pronto, vi pasar caminando a dos botargas del centro comercial, un lobo gris y uno rojo, sin cabezas, caminando como zombis
Valeria gritó asustada: “¡Esos güeyes siguen vivos, pero están locos del miedo!”
Una de las botargas volteó y dijo con voz robótica: “Bienvenidos, nosotros somos lobos”
El último día a las 8:00 a.m
quedábamos solo 7 personas
La bocina anunció: “Misión final: Encuéntrame
Tienen una hora
El primero que me encuentre ganará los mil millones.” Bajamos al primer piso
Fernando, con su ego por las nubes, se paró en el centro de la plaza apuntando con su dedo directamente a la cara de Mateo, el niño huérfano
“¡Tú eres el monstruo!” gritó Fernando
“Todos los juegos trataban sobre niños
Tú fuiste el único que sobrevivió milagrosamente en el tercer piso
No tenías rol asignado en el juego de los lobos
Y tienes labio leporino igual que el mocoso de la película de ayer
¡Tú eres el creador de esta mas*cre!” Mateo empezó a llorar a mares, temblando
Le tapé los ojos al niño y miré a Fernando con desprecio
“Te equivocas, Fernando
Y estás muy, muy p*ndejo,” le dije en voz alta
Él se enfureció
“¡Demuéstralo, inútil!” Respiré profundo y le hablé a la nada, al aire de la plaza
“El que está detrás de todo esto..
es el hermano mayor de la película, el niño que cayó y m*rió
No es Mateo
Mateo solo sobrevivió por coincidencia y porque el creador sintió empatía por él.” Todos se quedaron pasmados
“¿Cómo que el niño de la película?” me preguntó un joven de la pareja sobreviviente
“En la película, cuando el edificio se cae, se ve una torre de televisión de fondo
Es la misma torre que se ve desde los ventanales de esta plaza
El pastel del niño decía 1999..
el mismo año en que este centro comercial se construyó sobre las ruinas de un edificio que colapsó en el temblor
La historia de la película fue real, pero el final que nos mostraron en el cine fue falso
Los papás de la vida real no salvaron al niño enfermito
Eligieron la razón
Salvaron al niño sano, y dejaron caer al otro
¿Tengo razón, Santiago?” El silencio fue sepulcral
Todos siguieron mi mirada hacia una esquina oscura de la plaza
Ahí, el cadver de Santiago, el muchacho rico que Fernando había apuñalado, empezó a moverse
Sus huesos tronaron, se levantó lentamente, se acomodó la ropa manchada de sngre y me dedicó una sonrisa escalofriante
“Carmen..
de verdad que no me equivoqué contigo,” dijo Santiago, vivo y respirando
Fernando casi se orina del terror, retrocediendo a tropezones
“¿C-cómo? ¡Yo te m*té!” tartamudeó
“Si me dices cómo descubriste que era yo, cumplo la condición que quieras,” me ofreció Santiago, ignorando a mi exesposo
“Quiero que restaures todo a la normalidad,” le exigí
Él sonrió y me dijo que lo convencería si mi lógica era perfecta
Lo miré fijamente
“El primer día, la voz de la bocina cambió y dio un suspiro..
justo después de que Fernando te assinara
Luego, el juego de los lobos
Si Fernando nunca fue Vidente, y las dos botargas locas del tercer piso contaban como lobos reales del juego..
las matemáticas de los equipos no cuadraban
Faltaba un aldeano en la cuenta
Ese aldeano eras tú
Te dejaste mtar para salirte del juego y controlarlo desde las sombras
Pero lo más importante..
yo de verdad limpio oficinas en Grupo Garza
He visto al verdadero Santiago Garza un par de veces
Él es alegre y extrovertido
Tú eres oscuro, triste y deprimido.” Santiago bajó la mirada, dolido
“¿Cómo es mi hermano en la vida real?” me preguntó con voz rota
“Es un buen hombre,” le respondí
Él suspiró
“Mi verdadero nombre era Mauricio Garza
Yo fui el niño que mis papás dejaron caer hace 25 años por no ser perfecto
Mi alma se quedó atrapada aquí, llena de rencor
Pero en estos días, vi cómo tú, Carmen, dabas tu vida, tu comida y tu alma por salvar a tu hija, aunque ella tampoco sea ‘perfecta’
Me hiciste entender que el problema no fui yo, el problema fueron mis padres
Ya puedo descansar.” Cerré los ojos, y cuando los abrí, estaba sentada en la zona de descanso de la alberca de pelotas
A mi lado, el señor se estaba estirando
Sofi estaba escalando la resbaladilla, riéndose a carcajadas
Todo había vuelto a la normalidad, como si el tiempo hubiera retrocedido
Mi celular vibró
Era un mensaje: “Carmen, acepto tu trato
Todo vuelve a ser normal
Te dejé tres regalos
Adiós
:)” Volteé hacia la salida
Vi a Mateo caminando de la mano con sus papás vivos, sonriendo feliz de la vida
Al bajar al primer piso, el caos era diferente: Fernando y Valeria se estaban agarrando a golpes frente a toda la gente
Valeria le gritaba rasguñándole la cara: “¡Me utilizaste, infeliz! ¡Me mentiste!” y Fernando le respondía con cachetadas gritando: “¡Por tu culpa perdí mil millones, estúpida!”
Ese fue el primer regalo de Mauricio: les borró la memoria a todos los de la plaza, menos a ellos dos
Los dejó con el trauma, el ego roto y la miseria de recordar toda la m*sacre para siempre
Semanas después, el verdadero Santiago Garza me buscó
Me entregó unos papeles del banco
“Toda la vida he sentido que me faltaba una parte de mi alma, pero hace unos días soñé con un niño que me decía que me perdonaba,” me dijo, llorando
“En el sueño me pidió que te entregara esto”
El segundo regalo: una cuenta con mil millones de pesos a mi nombre
El tercer regalo me hizo llorar de rodillas
Llevé a Sofi al doctor, y al hacerle las pruebas, descubrieron que su coeficiente intelectual no solo era completamente normal, sino que era el de una niña superdotada
Años más tarde, gané el premio internacional de diseño de ilusiones
Cuando un reportero me preguntó cuál era mi secreto para calcular todo de forma tan perfecta en los momentos finales, solo sonreí y miré al cielo
“Hago todo lo humanamente posible con mi lógica, y en los últimos 30 segundos, dejo que el corazón y el destino tomen la decisión final,” respondí
“A veces, en el momento más oscuro, la vida te exige apostarlo todo
Y yo, esa vez.. gané la apuesta.”