Una niña empapada me suplicó que le comprara su bicicleta bajo la lluvia torrencial, pero lo que ocultaba me heló la sangre.

Soy Mateo, y nunca voy a olvidar lo que pasó esa tarde. La lluvia caía con tanta fuerza que parecía borrar la ciudad. Yo iba caminando con mi abrigo gris, tratando de cubrirme, cuando escuché algo. “¡POR FAVOR—CÓMPRELA YA—POR FAVOR!”. El grito de la niña atravesó el sonido de la tormenta como un cuchillo.

Volteé y la vi—empapada, pequeña, abrazando una bicicleta rosa demasiado limpia para ese lugar. Un cartel de cartón colgaba, golpeando con el viento: “SE VENDE”. Me acerqué, bajando la mirada para verla mejor.

“Oye… ¿qué pasa?” le pregunté.

El rostro de la niña se quebró. Sollozando, me dijo: “Mi mamá no ha comido… no tengo nada más…”. La lluvia golpeaba el asfalto, formando reflejos que distorsionaban todo… excepto la tensión.

De repente, levanté la vista. A lo lejos se vieron cuatro hombres de traje, inmóviles, observando desde la distancia. El sonido de la lluvia empezó a desaparecer… como si el mundo contuviera la respiración. Noté el cambio al instante. Mis ojos se movieron hacia atrás y me di cuenta de que uno de los hombres dio un paso.

El eco del zapato contra el pavimento mojado fue demasiado fuerte. La niña lo vio. Y el miedo en su cara cambió a puro terror. “Por favor… antes de que se acerquen…”, me rogó, y sus dedos apretaron el manillar con desesperación.

Me incliné hacia ella. Algo no encajaba. Debajo del asiento de la bicicleta había una tela blanca, empapada, atada con cuidado. El agua goteaba lentamente de ella.

“…¿qué es esto?”, murmuré, sintiendo un escalofrío.

La niña levantó la mirada; sus ojos… suplicaban. “No lo toques…” susurró. Los pasos detrás se acercaban más rápido ahora. Más cerca. Más pesados. Dudé un segundo—y aun así… extendí la mano. La tela se movió ligeramente con el viento. Como si hubiera algo dentro. Algo que… no debía estar ahí. La niña cerró los ojos con fuerza. El trueno explotó—Y en ese instante—los hombres empezaron a correr hacia nosotros.

¿¡QUÉ DEMONIOS HABÍA EN ESE PAQUETE PARA QUE NOS QUISIERAN M*TAR EN MEDIO DE LA CALLE?!

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