Todos sacaron sus teléfonos para grabar la humillación de la pobre niña en el restaurante, completamente ajenos a la dolorosa lección que estaban a punto de presenciar.

El olor a comida me revolvía el estómago vacío. El restaurante era uno de esos lugares donde la gente iba a olvidar la realidad. La luz dorada brillaba en las copas, el vino caro se servía sin pensar, y las risas siempre eran un poco más altas de lo necesario. Esa noche parecía igual que todas… hasta que un grito rompió el aire.

Yo estaba de pie junto a la mesa, sucia, delgada, y con una pequeña flauta vieja en la mano. Todos me miraban como si no perteneciera a ese mundo. No lloraba de una forma normal ; ese llanto venía del hambre, del miedo… y del último pedazo de esperanza.

—Por favor… solo necesito dinero para comida… —rogué con la voz quebrada.

Nadie se movió. Algunos sonrieron con burla. Otros empezaron a grabar con sus teléfonos. Solo uno se rió en voz alta: el hombre rico. Me miró fijamente como si acabara de encontrar un juego.

—Si quieres dinero… sorpréndenos —soltó de golpe

Sus palabras quedaron suspendidas en el aire. Dudé. Mis pequeñas manos temblaban de frío y vergüenza. Miré alrededor y no encontré ayuda en los ojos de nadie. Solo vacío.

Apreté los dientes. Y entonces… levanté la flauta.

¿QUÉ SECRETO DESGARRADOR ESCONDE ESTE VIEJO INSTRUMENTO QUE ESTÁ A PUNTO DE CAMBIARLO TODO?

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