Mi esposo me regaló un lujoso vestido de diseñador, pero cuando mi hermana menor se lo probó a escondidas, descubrí el escalofriante secreto que él ocultaba para dshacrse de mí y quedarse con mi herencia.

Parte 1:

“Si te hubieras puesto ese vestido tú, ahorita estaríamos velándote.”

Esa frase todavía me retumba en la cabeza. Beatriz, mi hermana menor, estaba sentada en el sillón de nuestra sala en la colonia Del Valle, todavía pálida. Su cuello estaba cubierto de manchas rojas y sus ojos, aún llenos de lágrimas, me miraban con un terror que jamás olvidaré.

Todo había empezado la noche anterior, cuando Rodrigo, mi esposo con el que compartí once años de mi vida, había cruzado esa misma puerta. En sus manos traía una caja elegante con un moño dorado y en su rostro una sonrisa rara.

Me sorprendió demasiado. Él era el tipo de hombre que revisaba hasta el ticket del súper y decía que gastar en flores era tirar el dinero.

“Te traje algo especial. Te lo mereces”, me dijo.

Adentro había un vestido verde esmeralda brillante, traído de una boutique carísima de Polanco. La tela brillaba como una joya y tenía un corte sumamente elegante. Sin embargo, la tela desprendía un olor químico, ligero pero evidente.

Yo sentí desconfianza. Rodrigo trabajaba en finanzas, pero no ganaba tanto como para comprar vestidos así sin pensarlo.

Al mediodía siguiente, cuando él ya se había ido a la oficina, Beatriz vino a tomar un café. Vio la caja y abrió los ojos como niña. Con demasiada ilusión, me rogó probárselo. “Nunca en mi vida me voy a comprar algo así”, me dijo.

Se metió al cuarto y salió dando una vuelta frente al espejo. “Parezco de novela”, murmuró sonriendo.

Pero en segundos, esa sonrisa desapareció.

Se llevó una mano al cuello. Empezó a toser de forma seca, horrible, como si la garganta se le estuviera cerrando.

“Me arde… me quema… no puedo respirar”, balbuceó, mientras su rostro se llenaba de manchas y jalaba la tela desesperada.

Corrí, le bajé el cierre y el vestido cayó al piso. Yo sabía muy bien qué era una alergia grave; hace cinco años casi fllzco por una reacción a tintes textiles. Rodrigo lo sabía perfectamente. Él había estado en el hospital cuando me intubaron.

Mientras mi hermana temblaba en el suelo y lograba estabilizarse, ambas miramos esa prenda tirada.

¿QUÉ MACABRO SECRETO ESCONDÍA ESE VESTIDO Y POR QUÉ EL HOMBRE QUE JURÓ AMARME QUERÍA VERME DSAPARCER?

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