¡Grité en la iglesia que esa mujer no era ella! El falso funeral que paralizó a la ciudad

Parte 1:

Soy Lupita Morales. Yo no entendía de poder, ni de negocios oscuros, ni de hombres armados escondiendo p*stolas bajo sacos caros. Pero entendía el hambre, el miedo, y sabía muy bien cuando un adulto mentía.

Ese día, corrí descalza por el pasillo central de la antigua iglesia de San Hipólito, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México. Había más de 200 personas vestidas de negro clavando sus miradas en mí.

El padre se quedó inmóvil, con la mano levantada sobre un ataúd blanco.

—¡No la entierren! —grité con el pecho agitado.

El coro dejó de cantar de inmediato. Mi chamarra estaba rota, tenía el cabello enredado y la cara manchada de tierra y lágrimas.

—¡Ella está viva! ¡Esa no es la señora Mariana!.

Al frente del altar estaba Alejandro Salvatierra, el hombre más temido de Tepito. Tenía una mano sobre la tapa, apretándola tan fuerte que los nudillos se le pusieron blancos por la tensión. Su hermana menor, Verónica, le tocó el brazo con un guante negro.

—Ale, no le hagas caso —le susurró con desprecio—. Es una niña de la calle. Seguro quiere dinero.

Dos guardias enormes avanzaron hacia mí, pero me negué a retroceder. Estaba aterrada, pero no iba a callarme.

—Yo vi cuando se la llevaron —dije, plantándome frente al ataúd—. Fue el viernes afuera de la farmacia de la calle República de Brasil. Una camioneta negra con placas NRM-742-C. Dos hombres… uno tenía un tatuaje de alacrán en la muñeca.

Un silencio horrible cayó sobre la iglesia. Metí la mano temblorosa en mi bolsillo y saqué mi única prueba: una pulsera de plata con una mariposa pequeña.

—Se le cayó cuando la subieron a la camioneta. ¡Ella peleó mucho! Se tocaba la panza… como si cuidara algo.

Alejandro tomó la pulsera y su rostro perdió todo el color. Su dolor desapareció y en su lugar quedó algo mucho más peligroso.

—Abran el ataúd —ordenó con una voz que heló la sangre de todos.

Nadie le decía que no dos veces a ese hombre, así que dos guardias levantaron la tapa. Cuando vimos lo que había adentro, un grito colectivo sacudió la iglesia.

¿A QUIÉN HABÍAN METIDO EN ESA CAJA Y POR QUÉ EL SACERDOTE INTENTÓ HUIR CORRIENDO? 😱

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