
PARTE 1
Yo soy Sofía. Los doctores dicen que mi corazón es como un reloj de arena descompuesto. La arena cae a su propio ritmo, y solo Dios sabe cuándo se va a detener por completo. En mi pupitre, al lado de los cuadernos para los exámenes de la prepa, siempre tengo un frasco de pastillas blancas sin etiqueta. Esa es mi respiración.
En el último año, me tocó sentarme junto a Mateo. Él era mi polo opuesto. Si yo era un lago a punto de secarse, él era un pinche huracán tropical, puro desmadre y destrucción. Traía el pelo pintado de gris, el uniforme todo desabotonado y los ojos siempre rojos de desvelarse en los videojuegos o en arrancones. El primer día, subió sus piernotas al escritorio, me barrió con la mirada y me soltó:
—¿Qué me ves? No te creas mucho solo por ser la jefa de grupo. Hazte para allá, me caga tu olor a hospital.
No le contesté nada, nomás arrinconé mi frasco de medicinas. La neta, no lo odiaba. Hasta le tenía envidia porque él sí tenía un corazón fuerte para desperdiciarlo a lo güey.
Yo no. En mi casa, el ambiente era de cristal. Mis papás me amaban con una intensidad que asfixiaba. Caminaban de puntitas y me veían como si un ventarrón me fuera a deshacer. Una noche, mientras yo recogía los platos, mi papá corrió a quitármelos.
—Mija, deja ahí, yo lo hago. Vete a descansar, hoy te ves muy pálida.
Sonreí a medias y me senté en el sillón. Mi mamá llegó con una taza de un remedio de hierbas súper espeso y humeante. Al ver el humo, sentí que me faltaba el aire.
—Ma… —le dije bajito —, si un día mi corazón se cansa demasiado, no lo obliguen a seguir latiendo, ¿sí? Déjenlo dormir, por favor.
Mi mamá se quedó de piedra; la cuchara chocó contra la taza haciendo un ruido seco. Se le pusieron los ojos rojos de volada, pero volteó la cara.
—Ay, chamaca, qué cosas dices. Ya tómate esto que se enfría.
Ese cuidado era una presión bien suave , pero me hacía sentir como una criminal por haber nacido defectuosa.
Del otro lado estaba Mateo. Su casa era un congelador. Una tarde me quedé haciendo el aseo del salón y me tocó ver a su mamá, una empresaria de hierro, en la entrada de la escuela. No fue a preguntar por sus calificaciones, fue a aventarle en la cara un montón de reportes.
PARTE 2: EL ECO DE DOS CORAZONES ROTOS
Yo soy Sofía. Los doctores decían que mi corazón era como un reloj de arena que estaba descompuesto. La arena caía a su propio ritmo, y solo Dios sabía cuándo se iba a detener por completo. En mi pupitre, al lado de los cuadernos gruesos para los exámenes de la prepa, siempre tenía un frasco de pastillas blancas sin etiqueta. Esa era mi respiración.
En el último año, me tocó sentarme junto a Mateo. Él era mi polo opuesto. Si yo era un lago tranquilo a punto de secarse, él era un pinche huracán tropical, puro desmadre y destrucción. Traía el pelo pintado de gris, el uniforme todo desabotonado y los ojos siempre rojos por desvelarse en el internet o en arrancones eternos.
Yo no lo odiaba, la neta hasta le tenía envidia porque él sí tenía un corazón fuerte para desperdiciarlo a lo güey. En mi casa, el ambiente siempre era de cristal. Mis papás me amaban con una intensidad que a veces asfixiaba. Caminaban de puntitas y me veían como si un ventarrón me fuera a deshacer. Ese cuidado era una presión bien suave, pero me hacía sentir como una criminal por haber nacido con un cuerpo defectuoso.
Del otro lado estaba Mateo, y su casa era un pinche congelador. Yo había visto cómo su mamá, una empresaria de hierro, iba a la escuela solo para aventarle en la cara los reportes de mala conducta. Después de ese pleito, lo encontré sentado en las escaleras, escondido. No lloraba, pero su respiración se escuchaba tan rota que dolía más que cualquier llanto. Le ofrecí un dulce, y desde ese día, la vibra entre nosotros cambió. Ya no me molestaba, y hasta empezó a abrir los libros.
Una tarde, el director me llamó a la oficina. Me dijo que la mamá de Mateo había donado una lanota para las becas de la escuela. La condición era que yo, por tener el mejor promedio, le diera asesorías a su hijo para que pasara el examen a la universidad. Yo sabía perfectamente que eso no era amor de madre, era un trato comercial. Quería comprarle el futuro a su hijo.
Cuando le conté a Mateo, azotó el lápiz contra la banca, encabronadísimo. —¡Otra vez usando su dinero para controlarme! No quiero —me dijo. Lo miré a los ojos, bien tranquila pero firme. —Pero yo sí lo necesito. Necesito que pases ese examen. Si lo logras, sentiré que mis últimos días en esta escuela tuvieron algún sentido. Tómalo como mi último deseo, ¿va?. Mateo se quedó helado. Vio mi cara pálida y mis manos flacas que temblaban de cansancio. Su terquedad se vino abajo y abrió el libro. —Solo porque es tu deseo. A ver, ¿por dónde empezamos?.
En octubre, el frío empezó a calar fuerte y mis ataques al corazón se volvieron más seguidos. A veces me despertaba a mitad de la madrugada sintiendo que me aplastaban el pecho con una fuerza brutal. Me agarraba de la cama, jalando aire poquito a poquito. No hacía ruido para que mis papás no se asustaran en el cuarto de al lado. En la oscuridad, me preguntaba por qué carajos me esforzaba tanto en salvar el futuro de Mateo si yo ni siquiera tenía uno. Tal vez solo quería dejar una huella en este mundo. Si yo desaparecía, al menos quedaría un Mateo viviendo chido, llevándose un pedazo de mis recuerdos.
A la mañana siguiente en el salón, Mateo me puso una cajita de leche caliente en la mesa. —Tómatela, traes cara de muerta. No te vayas a desmayar aquí y luego me echen la culpa a mí —me dijo, volteando la cara con las orejas rojas. Agarré la leche, sintiendo cómo el calorcito me entibiaba las manos. —Gracias, Mateo.
El invierno llegó antes de tiempo, y para mí, con la sangre tan lenta, era un maldito infierno. Traía los dedos blancos y los labios morados si no me tomaba mis pastillas. Mateo ya había cambiado un buen; se pintó el pelo de negro otra vez, y se veía más tranquilo. Lo nuestro era como un secreto a voces. No nos tomábamos de la mano, solo nos dejábamos hojas llenas de matemáticas y leche caliente por las mañanas.
Un sábado por la tarde, a Mateo le entregaron sus calificaciones. Por primera vez, entró al top 100 de la escuela. Tenía los ojos brillando. —¡Sofía, mira! Lo logré, se lo voy a llevar a mi mamá para que vea que no soy un inútil. Pero esa emoción se apagó rapidísimo. Esa misma noche me mandó un mensaje: “Sal al parque”. Me salí a escondidas con una chamarra bien gruesa.
Mateo estaba en los columpios, y la boleta que tanto cuidaba estaba hecha bola en el suelo, pisoteada. —¿Sabes qué me dijo? —habló con la voz rasposa—. Ni la vio. Dijo que el lugar 100 no es orgullo, que el hijo del vecino ya tiene beca completa. Que estudiar es mi obligación, no algo para andar mendigando amor. Soltó una carcajada amarga. —La esperé dos horas afuera de su oficina solo para escuchar un ‘lo hiciste bien’. ¿Por qué es tan pinche difícil?. Me dijo que si no valgo dinero, ni diez segundos de su tiempo me merezco, y que deje de ser un llorón. Se me cerró el pecho de dolor. —Mateo, no es que tú no valgas la pena, es que ella no tiene la capacidad de ver lo que vales. Su corazón está lleno de números, ya no cabe un hijo ahí —le dije suavemente. Él escondió la cara en sus manos y empezó a temblar. —Odio esa casa, Sofía, odio ese dinero apestoso.
Al regresar a mi casa, el ambiente estaba tenso. En la mesa estaban mis nuevos estudios médicos, y el doctor había dicho que mi corazón estaba fallando horrible y necesitaba internarme. Mi mamá se me fue encima llorando. —¿Dónde estabas? ¿Te quieres morir de terca con este frío?. Mi papá golpeó la mesa. —Se acabó. Te damos de baja mañana y estudias aquí en la casa. No sales hasta que pasen los exámenes o encontremos un corazón nuevo. Me quedé helada. —No, pa, tengo que ir a la escuela… —empecé a decir. —¿Para andar de tras de ese vago problemático? —me interrumpió mi mamá—. Alguien como tú no puede arriesgarse. Cada minuto allá afuera es como estar sentada en brasas para mí. ¿Acaso no piensas en nosotros?.
Los miré a los dos. Era amor, pero un amor que me tenía prisionera. —¿Y ustedes alguna vez piensan en mí? —grité por primera vez en mi vida—. ¡¿Me quieren viva o solo quieren que no me muera?!. Llevo 18 años en esta burbuja, tragando medicinas, durmiendo con el ruidito de la máquina. ¡Nunca he corrido bajo la lluvia, nunca he vivido!. Mi papá me gritó que me callara, pero no le hice caso. —¡Tienen miedo de que me muera, pero yo le tengo más miedo a esto!. Si vivir es alargar la agonía en estas cuatro paredes, esto es una pinche condena de muerte. Corrí a mi cuarto y me encerré. Me tragué dos pastillas sin agua. Lo amargo de la medicina no se comparaba con saber que me estaba muriendo poco a poco asfixiada por tanta protección.
Esa noche, Mateo y yo nos mensajeamos hasta el amanecer. —¿Y si nos escapamos? —me escribió. —¿A dónde? No puedo correr, no llego lejos —le contesté. —Lejos de los números de tu mamá y mis medicinas. Yo te cargo si te cansas —respondió. Llorando, le pedí que me prometiera que pasaría el examen, que se iría a una universidad lejos y viviría una vida chingona por los dos. —Sin ti, mi vida no tiene nada de chingona. Así que me esperas —fue su respuesta.
En enero me puse súper mal y mis papás me dejaron bajo llave. Pero Mateo no se rendía. Iba en su bici todos los días y se paraba bajo mi ventana a enseñarme cartulinas desde lejos. Sentía como si fuéramos dos personas en planetas distintos. Esos ratitos eran mi oxígeno para aguantar los dolores que me hacían sentir que ya tenía un pie en el otro mundo.
Pero el peor desmadre pasó en Año Nuevo. La mamá de Mateo descubrió todo y fue a mi casa a terminar con el asuntito. —Señores, controlen a su hija —dijo la mujer en la sala—. Mi hijo necesita a alguien que lo apoye, no un lastre. Mi mamá, defendiéndome como leona, le contestó: —Usted tendrá dinero, pero no tiene derecho a insultarla. El único lastre aquí es su falta de corazón que tiene jodido a su hijo. De pronto, Mateo entró gritando. —¡Ya basta, mamá!. ¿Dices que es un lastre? ¡Ella es la única razón por la que quiero seguir vivo y no ser una pinche máquina de hacer dinero como tú!. Se escuchó un bofetón durísimo. Salí de mi cuarto y vi a Mateo con la cara roja. —Ganaste, mamá. Como siempre. Pero me perdiste para siempre.
Me miró un segundo y salió corriendo bajo la lluvia de Año Nuevo. Quise correr detrás de él, pero una punzada brutal en el corazón me dio de golpe y me hizo caer de rodillas ahí mismito en la entrada. Todo se me nubló en blanco y negro. Lo último que escuché fueron los gritos desesperados de mi mamá llamándome desde un lugar muy lejano.
PARTE 3: EL ÚLTIMO LATIDO DEL VERANODesperté y lo primero que sentí fue ese pinche olor espeso a alcohol y cloro del hospital
La luz blanca del techo me calaba en los ojos, fría como la madre
Ya no se escuchaba el aguacero que caía en la noche de Año Nuevo; el único sonido era el “bip, bip” de la pinche máquina esa que medía los latidos de mi corazón, sonando bien constante pero sin chiste, como si le valiera madre mi vida
Mi mamá estaba sentada junto a la cama
Neta, parecía que le habían caído diez años encima en una sola noche
Se le veían las canas brillando bajo esa luz culera y tenía los ojos hundidos, rojos de tanto llorar
Cuando vio que abrí los ojos, no me regañó ni me reclamó por qué había sido tan terca
Solo me agarró la mano, esa donde tenía clavada la aguja del suero, y me dijo temblando: —Sofía, mi niña..
perdóname
Te juro que ya no te voy a presionar, mija
Con tal de que sigas respirando, te prometo que voy a aceptar lo que tú quieras
Al sentir sus lágrimas calientes escurriendo sobre mi mano, todo el coraje y la rebeldía que traía atorados se me deshicieron
Me cayó el veinte de que esa “libertad” por la que tanto peleaba la estaba pagando con el terror y la desesperación de las dos personas que más me amaban en el mundo
Ya no quise gritarles que me tenían prisionera
La neta era que mi corazón estaba fallando y ellos solo andaban juntando los pedacitos para armarme una vida
Le apreté la mano a mi jefa despacito y le hablé con un hilito de voz, ya sin ningún reproche:—Ma..
ya pasó
Te prometo que voy a ser buena, me voy a tomar las pastillas a mi hora y ya no voy a andar corriendo
Ya no llores, porfa, que me duele el pecho de verte así
Elegí ceder
No porque me hubiera rendido, sino porque entendí que para poder amar a alguien, a veces uno tiene que aprender a sobrevivir primero
Los Girasoles y la Jaula de OroEn los días que estuve internada, Mateo no apareció por ningún lado
Su jefa se había vuelto loca y tomó medidas extremas: le quitó el celular, le cortó toda comunicación y contrató guaruras para que lo llevaran de la casa a la escuela y de regreso
La señora quería asegurarse de que su “inversión” llamada hijo estuviera pulida y perfecta para el examen de la universidad, sin que una enferma como yo le causara ni un solo rasguño
Pero Mateo siempre se las arreglaba
Al séptimo día de estar ahí acostada, entró una enfermera joven y me dejó un arreglo de girasoles bien grandote y brillante
Entre las flores venía un papelito doblado, y la letra ya no parecía de doctor borracho: “Le estoy chingando duro al estudio
No te preocupes por mí, y por lo que más quieras, no te rindas
Espérame en la puerta de la escuela cuando se acabe el examen
Te voy a traer el mundo entero a tus pies.” Agarré el papelito y me lo pegué al pecho, sintiendo cómo mi corazón latía despacio, pero lleno de esperanza
A partir de ahí, me puse a chingarle también en ese cuarto de hospital sofocante
Le pedí a mi papá que me trajera los libros y los apuntes, y ahí me veías, con la mascarilla de oxígeno puesta, resolviendo exámenes de prueba
Ya no le daba la contra a los doctores y me tragaba toda la comida de hospital por más asquerosa que supiera
Mi papá andaba bien feliz viéndome así
Una tarde, mientras me pelaba una manzana, me dijo bajito: —Oye, Sofí..
ya hablé con un hospital especialista allá en el gabacho
Cuando pases los exámenes y te estabilices un poco, nos vamos a ir para que te operen
Vas a tener un corazón nuevecito, mija, vas a poder viajar y tener novio como cualquier chava de tu edad
Me quedé viendo a la nada a través de la ventana y sonreí tantito.—Pa..
si me ponen un corazón nuevo, ¿crees que ese corazón nuevo se acuerde del viejo?
Porque este corazón de ahorita, aunque estaba bien cansado, latió a lo loco por una persona
Mi papá se quedó mudo
Nomás me dio unas palmaditas en el hombro con esa mirada triste de un jefe que se siente inútil contra el pinche destino
La Sopa InstantáneaMientras yo veía cómo aferrarme a la vida, Mateo andaba peleando su propia guerra en ese congelador al que llamaba casa
Como ya faltaba poco para el examen, la presión de la señora Elena estaba a todo lo que daba
Contrató a un chingo de maestros particulares para que vivieran ahí y lo vigilaran día y noche
Una madrugada, la señora llegó de una cena de negocios y vio a Mateo jetón encima de un montón de exámenes de inglés
En lugar de ponerle una cobija, nomás golpeó la mesa con los nudillos, bien fría
—Estar en el top 10 no es suficiente
Quiero que seas el número uno
Es el único lugar que desquita todo el dinero que le he metido a tu educación
Mateo levantó la cabeza
Traía los ojos rojos, inyectados de sangre por no dormir
Ya no hizo berrinche ni se rebeló; su voz sonaba tan calmada que daba miedo
—Oye, mamá..
te puedo hacer una pregunta?
Si quedo en el primer lugar de toda la lista, ¿me regalas una hora de tu tiempo para que seas mi mamá y no mi jefa?
¿Se puede?
La doña frunció el ceño.
—¿Ahora con qué pendejada sales?
Mateo se paró, poniéndose frente a esa mujer de hierro
Ya no era el niño bajito; la sombra de ese morro de 18 años la cubría por completo
—Nomás una hora
Te sientas conmigo a comernos una sopa Maruchan
No me hablas de la bolsa de valores, ni de mi futuro, ni de tus negocios
Solo quiero que me cuentes cómo te sentiste el día que nací..
si es que llegaste a sentir algo
La señora Elena soltó una risita burlona, con los ojos llenos de hielo
—Mateo, no me vengas a romantizar la debilidad
Yo no te parí para andarte contando cuentitos de hadas
Te he dado una vida rodeada de lujos, ese es el amor más grande que existe
Tú lo que necesitas es ser alguien importante, no andar lloriqueando
¿Quieres tragar sopa? Cómetela cuando me traigas la carta de aceptación de la mejor universidad del país
Se dio la vuelta y se fue, con sus tacones caros haciendo eco en el piso de mármol
Mateo se quedó parado en esa pinche mansión gigante, llena de cosas pero tan fría como un panteón
Susurró a la nada, dejando que sus palabras se las llevara el viento: —Ay, mamá..
¿neta sabes por qué me estoy partiendo la madre estudiando?
No es por tu pinche orgullo de cartón
Es porque quiero largarme de aquí rápido y poder proteger a alguien
Alguien que, aunque su corazón se esté parando, siempre me pregunta si estoy cansado
Y tú..
tú me ves aquí parado entero y nunca te has dado cuenta de cómo me estoy muriendo por dentro
El Pequeño CorazónLlegó junio
Ese verano caliente y cruel de México
Me dieron de alta del hospital una semana antes de los exámenes
Me sentía un poquitito mejor, pero el cardiólogo me lo sentenció bien claro: cero emociones fuertes o me iba a cargar el payaso
Mateo y yo nos volvimos a ver en el patio de la escuela cuando fuimos a checar los papeles pal examen
Él estaba parado bajo un árbol de tabachines, con esas flores rojas que parecían lumbre
Cuando me vio, quiso correr hacia mí, pero como mi mamá venía pegadita a mis talones, se frenó en seco
Nos quedamos parados como a diez metros de distancia
En medio de todo el desmadre de los alumnos emocionados, nosotros solo nos mirábamos
Movió los labios sin soltar un sonido, pero le leí la boca clarito: “Espérame”
Asentí con la cabeza y le sonreí; esa sonrisa era toda la fuerza que le podía mandar en ese momento
Esa misma noche, la víspera del examen, yo estaba en mi cuarto viendo las estrellas desde la ventana, cuando me entró una llamada de un número que no conocía
Era Mateo
Le había volado el celular a alguien del servicio de su casa
—Sofía, ¿ya te dormiste? —su voz sonaba bien ronca y profunda, como si trajera el viento de la noche.
—No, ando viendo las estrellas
Échale muchas ganas mañana, ¿eh?
De repente se puso bien serio.
—Oye, Sofía..
te tengo preparado un regalo para mañana
Cuando se acabe el último examen, espérame ahí en el árbol donde nos vimos hoy
Te voy a confesar algo que llevo guardado en el pecho estos tres años
El corazón me dio un vuelco y sentí un mal presentimiento culerísimo que me recorrió el cuerpo, pero me hice la fuerte para no asustarlo
—Va, te espero
Pero me prometes que vas a sacar puro diez, wey —le contesté.
—Ya estás
Descansa..
mi pequeño corazón
Esa fue la primera vez que me llamó así
“Mi pequeño corazón”
Me quedé con el celular pegado a la oreja mucho rato después de que colgó, dejando que las lágrimas me escurrieran en silencio
Ya sabía yo que esta vida es una porquería de injusta, pero en ese ratito le rogué a Dios, al universo o a quien me escuchara, que me diera tantito más de tiempo
Solo quería pasar el día de mañana y escuchar lo que me tenía que decir
La Última PruebaA la mañana siguiente, el estrés se sentía en el aire como una liga a punto de reventar
Entré al salón de clases como si fuera un soldado a su última batalla
Pero el pinche destino siempre se burla de uno cuando más esperanza tiene
Estaba en medio del examen de literatura
Me tocó escribir un ensayo sobre el significado de la vida, y justo ahí, sentí un toque de hielo que me bajó por toda la columna
Me dio una punzada brutal en el pecho y empecé a ver todo borroso
Me mordí el labio tan fuerte que me sacó sangre, solo para obligarme a escribir las últimas líneas del papel: “La vida no se mide por los años que respiramos, sino por los momentos en los que de verdad le pertenecemos a alguien”
Entregué el examen medio desmayada
Cuando salí del salón, vi a Mateo a lo lejos
Él también acababa de salir de su prueba
Me sonrió y me levantó el pulgar diciéndome “todo chido”
Quise devolverle la sonrisa, pero las piernas se me hicieron de agua y me fui al piso
Todo a mi alrededor se volvió un pinche caos de ruidos, gritos, gente corriendo y, al final, el grito desgarrador de Mateo que me partió el alma
—¡Sofía! ¡Sofía!
Esa fue la última voz que escuché antes de que el mundo se me apagara por completo
En ese segundo, les juro que no le tuve miedo a la muerte
Solo me daba pánico saber que ese secreto que me iba a contar, ya nunca iba a poder escucharlo
El Reloj Se DetieneMi respiración empañaba la mascarilla de oxígeno del hospital
Cuando volví a abrir los ojos, todo era blanco, frío y culero, con las máquinas haciendo un ruidazo
Ya no sentía piquetes agudos en el pecho; ahora era un dolor sordo, como si mi corazón estuviera adormecido
Como si ya estuviera hasta la madre de pelear contra lo inevitable
Mi mamá estaba tirada a un lado de la cama, con las manos entrelazadas y temblando sin parar
Cuando vio que me moví, levantó la cara con los ojos hinchados
—¡Sofía, mi amor! ¡No te muevas, por favor, el doctor dijo que tienes que estar quietecita!
Me quité tantito la mascarilla y hablé con puro aire.
—Ma..
me faltó acabar la conclusión de mi examen
Mi jefa soltó el llanto bien fuerte
Me abrazó los hombros, deshecha.
—¡Ay, mija! ¿A estas alturas te preocupas por el pinche examen?
No nos importa ningún título, no queremos que seas nadie famoso, ¡solo queremos que vivas!
¡No nos dejes, por favor!
Volteé a ver por la ventana
El sol de junio pegaba fuerte, iluminando las hojas de los árboles
Era el segundo día de exámenes, y yo debería estar sentada allá
Me acordé de Mateo
—Ma…
No le digan a Mateo que estoy aquí
Déjenlo que acabe sus exámenes, es lo único que le queda
Mi papá estaba arrinconado, volteando para la pared para que no viéramos chillar a un hombre tan duro como él
Él sí me entendió
En esta vida hay raza que pelea por dinero, y luego estaba Mateo, peleando por cumplirle una promesa a una morra que se estaba apagando
Si le avisaban que yo estaba en las últimas, el wey iba a mandar todo a la verga
Y yo no iba a ser la culpable de joderle la vida
El Salto al VacíoAllá en la prepa, Mateo andaba como pinche zombie por los pasillos
Se había pasado toda la madrugada parado afuera de urgencias hasta que los guaruras de su mamá lo agarraron a la fuerza y lo aventaron a la escuela en la mañana
La señora Elena lo estaba esperando en la puerta con esa mirada de víbora.
—Mateo, te lo advierto
Si hoy no presentas, voy a usar todas mis influencias para que la familia de esa escuincla no encuentre jale en ningún lado de este estado
No me pongas a prueba
Mateo se le quedó viendo bajo el rayo del sol, con los labios partidos y la mirada vacía
No gritó, no le armó un pancho
Solo le preguntó bien bajito: —Oye, mamá..
¿alguna vez te ha pasado por la cabeza qué es ser humano?
¿O de plano todos somos fichas en tu pinche monopolio?
Sofía se está debatiendo entre la vida y la muerte, y tú vienes a amenazarme con un futuro que a mí me vale tres hectáreas de madre
—El futuro es lo único que sirve, pendejo
Tus lagrimitas de morro de 18 años no valen ni un peso
¡Métete al salón!
Mateo entró a hacer el examen de matemáticas
Resolvía los problemas en automático, las fórmulas le brincaban en el papel
Pero en su cabeza solo veía cómo caí al piso, pálida y frágil como una hojita seca
En cuanto sonó el timbre, Mateo ni siquiera se fue a su casa
Se escapó de los guaruras brincándose la barda de atrás de la escuela y se aventó corriendo más de tres kilómetros bajo un solazo de casi 40 grados para llegar al hospital
Cuando por fin llegó a mi cuarto, mi papá le tapó la entrada
Con un nudo en la garganta, mi viejo le dijo: —Mateo, mijo, no puedes pasar
Sofía me dijo que si no terminas el último examen de mañana, no te va a volver a dirigir la palabra en su vida
Mateo se recargó en la puerta de cristal, dejando manchas de sangre de sus manos raspadas por brincar la barda.
—Don Arturo, por favor..
déjeme verla nomás un ratito
Tengo mucho miedo de que, si me voy, cuando regrese ella ya no esté
—Está dormida, mijo —le mintió mi papá
(La neta es que en ese rato me andaban metiendo choques eléctricos para que mi corazón reaccionara)
—Vete a tu casa, haz tu último examen
Es la única forma de que le cumplas a la niña
Mateo se quedó parado ahí afuera por dos horas, a una puerta de distancia
Nunca se enteró de que adentro yo estaba peleando con uñas y dientes por jalar aire para poder aguantar y esperarlo
Al final, dejó una cajita de leche caliente en la sala de espera y se fue
El Examen de InglésEsa última noche, el dolor ya no me dejó en paz
Los doctores dijeron que mi corazón ya había dado de sí
Las medicinas ya no hacían ni cosquillas
La única opción era meterme cuchillo de urgencia y ponerme un pinche aparato mecánico para bombear la sangre
Pero me daban un 20% de probabilidad de sobrevivir
Mis papás estaban sentados a los lados de la cama, agarrándome las manos
Mi jefe me dijo bien bajito: —Sofía..
¿nos odias, mija?
¿Nos odias por haberte traído a este mundo con un corazón roto?
Lo miré mientras las lágrimas me mojaban las sienes.
—Nunca los he odiado, pa
Me da coraje conmigo misma por hacerlos llorar tanto
Oigan, si me quedo en la plancha..
lo que sirva de mí, dónenselo a alguien más
Quiero que aunque sea un pedacito de mí pueda seguir viendo los veranos
Mi mamá ya no aguantó, escondió la cara en las sábanas y soltó unos lamentos fuertísimos
Hablé temblando: —Ma..
ya no le escondan esto a Mateo
Mañana, cuando salga de su último examen, si todavía estoy despierta, déjenlo entrar
Tengo que despedirme de él
La mañana siguiente era el examen de Inglés
Era la materia que más se le complicaba a Mateo, y la que yo más me había partido la madre enseñándole
La señora Elena estaba parqueada en su carrazo afuera de la escuela, checando que su hijo no hiciera ninguna tontería
Mateo entró al salón con una vibra bien rara
No estaba nervioso, ni asustado
Abrió el cuadernillo y empezó a leer esas palabras que antes le parecían chino
Se acordó de lo que yo le decía: “Güey, el inglés no está cabrón, es nomás otra manera de decirle a alguien que lo quieres”
Contestó en chinga
Todo le fluía tan natural como si yo estuviera sentada junto a él soplándole las respuestas
Y en la parte del ensayo, que decía “La persona que más impacto tuvo en tu vida”, Mateo no escribió sobre mamadas de éxito
Escribió sobre una morra que olía a hospital, pero que le regaló el calor del sol
Y la última línea la puso así: “Ella no me dio un futuro
Me dio los huevos necesarios para enfrentarme a un mundo donde ella no esté”
En cuanto sonó la chicharra, Mateo salió volando del salón
Le valió madre entregar su gafete, ni peló a sus compas, nomás salió disparado al portón
Los guaruras lo intentaron frenar
Su mamá se bajó del carro y le ordenó fría: —Súbete
Vamos a arreglar los papeles pa que te vayas al extranjero
Mateo la miró echando chispas por los ojos
Sacó de la bolsa de su pantalón su hoja de inscripción toda arrugada y se la aventó a los pies
—Ahí está, ya tienes lo que querías
Ya acabé
Ahora me voy a ir a buscar mi propia vida
Y si te atreves a estorbarme, lo único que vas a ganar es mi desprecio para siempre
La mujer se quedó pendeja
Fue la primera vez que vio a su hijo con tanta autoridad que ni se atrevió a dar un paso al frente
Mateo aventó a los dos guaruras y corrió como pinche loco hacia el hospital
Corría con el aire partiéndole la cara, sudando a chorros, rezando con todo su ser para que el tiempo me aguantara un poquito más
La Despedida de mi VeranoEn el hospital, me llevaban de urgencia al quirófano
El último espasmo que me dio me dejó casi noqueada
Por el huequito que dejaba la camilla, alcancé a ver la figura de un chavo corriendo a lo pendejo por el pasillo
Su grito retumbó en todos lados: —¡Sofía! ¡Espérame, ya acabé!
Traté de abrir bien los ojos y quise levantar un dedo, pero las puertas dobles del quirófano se cerraron de golpe, en su puta cara, antes de que pudiera tocarme
El letrero rojo de “En Cirugía” se prendió, brillando igualito que las flores rojas del tabachín..
presagiando que esto ya se había acabado
Mateo se dejó caer de rodillas frente a la puerta
Mis papás corrieron hacia él
Los tres se quedaron ahí bajo esa luz roja, en medio de un silencio hospitalario que aterraba
Mateo levantó la mirada hacia mi papá, con la voz rota
—Don Arturo..
me fue bien chingón en el examen
Escribí sobre ella..
sí va a despertar para escucharme leérselo, ¿verdad?
Mi papá no le supo qué contestar
Nomás lo abrazó bien fuerte
Dos generaciones de cabrones rotos, unidos por la misma desesperación
Adentro de la sala de operaciones, yo me soñaba parada en medio de un campo de girasoles
A lo lejos, estaba Mateo saludándome
Quería correr a abrazarlo, pero el pecho me dolía a madres
Mi latido se empezó a apagar
Un latido..
dos..
tres
Y la máquina soltó ese pitido largo e infinito
No me morí ahí
Pero mi cuerpo quedó tan hecho mierda por la operación que me dejaron en coma, y los doctores dijeron que si despertaba iba a ser por un milagro
Yo flotaba en un lugar gris donde ya no había dolor
Pero sabía que tenía que abrir los ojos
Tenía un pendiente, un gracias que dar, un perdón que pedir y un saludo que escuchar
Sacando una fuerza que ni sabía que tenía, empujé la niebla negra que me tenía atrapada
Moví los dedos sobre las sábanas heladas y la luz me lastimó los ojos culerísimo
El primero que vi no fue al doctor, fue a Mateo
Estaba sentado en el piso al lado de la cama, con la cabeza entre las manos
Traía el mismo pinche uniforme sucio y sudado del examen
—Mateo..
—murmuré; mi voz era como un hilo de telaraña a punto de romperse
Brincó del susto
Traía los ojos con unas ojeras bestiales, inyectados en sangre
Cuando me vio, se paró de putazo, pero andaba tan débil que casi se va de boca
—¡Sofía! ¡Despertaste! ¡Doctor, ya despertó! —empezó a gritar como loco
Luego me agarró la mano, temblando peor que una hoja seca
—No hables, güey
Neta, no digas nada
Nomás respira, por lo que más quieras, respira
Le esbocé una sonrisa a medias.
—¿Cómo nos fue?
Mateo soltó a llorar ahí mismo, sin filtros
Sus lagrimones cayeron en mi mano.
—¡Lo logramos, cabrona! Me fue a toda madre
Nos vamos a ir a la universidad juntos, te voy a llevar a una ciudad que tenga playa
Y vas a dejar de oler a puro hospital, te lo juro
Yo sabía que me estaba tirando paro, nomás pa hacerme sentir bien
Los latidos de la máquina iban bajando cada vez más
Le hice señas para que le hablara a mis papás
Entraron arrastrando los pies
Mi jefa se dejó caer junto a mí, ni me quería tocar de lo frágil que me veía.
—Sofía de mi alma…
Acomodé las últimas gotas de aire que me quedaban y hablé pausado.
—Ma..
perdóname por haber sido una carga
Perdón por no poder cuidarlos cuando se hagan viejitos
Mi papá se atragantó con su llanto y agarró a mi mamá de los hombros para no caerse.
—No, mija
Nunca fuiste una carga
Fuiste el mejor regalo que la vida nos dio
Nosotros fuimos unos egoístas por tenerte encerrada en esa jaula
—No se culpen, pa —le dije al jefe, que siempre fue mi roca y ahorita se veía chiquitito
—Vivan bien chido
Váyanse de viaje a donde yo no pude ir
Vivan por mí
Volteé a ver a Mateo
Parecía una estatua de puro dolor
El aire ya se me andaba cortando.
—Mateo..
perdona a tu jefa
La doña no sabe querer, pero es tu única familia
No te la vivas con rencor, esa madre pesa mucho
Él se mordió el labio hasta sacarse sangre y asintió, desesperado
Sentí que el pecho se me hizo ligerito
Volví a ver ese campo de girasoles brillando al sol.
“Adiós, mi verano”
La máquina soltó ese pitido largo
Piiiiii
Mi mano cayó flojita
Los gritos de mi jefa y de Mateo se empezaron a escuchar bien lejos
Hasta que todo se quedó en silencio
Ya había dado mi último saludo
La Lluvia y la PlayaMi velorio cayó en un día que parecía que el cielo se estaba cayendo a pedazos
El pinche aguacero dejó los tabachines todos apachurrados en el lodo
Mateo estaba parado ahí bajo la lluvia, sin paraguas, dejando que el agua lo empapara
En la mano traía apretada su carta de aceptación para la mejor pinche universidad del país, la que su jefa tanto le chingó que consiguiera
La señora Elena también fue
Estaba lejitos, bajo un paraguas negro bien elegante, viendo cómo su hijo era un cascarón vacío parado frente a mi foto
Esa vieja de acero se quebró por primera vez
Se acercó y le quiso poner la mano en el hombro, pero él se quitó rápido
—¿Ya viste, mamá? —le dijo Mateo, con una voz más fría que la muerte
—Esto querías
Saqué el primer lugar en todo el estado, aquí está tu papelito
Ya te di tu pinche trofeo
La doña tembló.
—Hijo, yo no quería que pasara esto…
Mateo la vio a los ojos, ya sin ese coraje de morro rebelde, nomás con una distancia que daba frío.
—Mentira
Podrás ganar en tus pinches negocios, pero en tu casa perdiste por goleada
Tienes al estudiante perfecto, pero mataste a tu hijo
A partir de hoy, yo camino solo
Cada peso que gastaste en mí te lo voy a regresar
Pero el amor no me lo vengas a cobrar, porque ese nunca me lo depositaste
Le dio la espalda y la dejó ahí parada bajo el agua
Ella vio cómo su hijo se alejaba y luego volteó a ver mi foto, a la morra que tanto despreció
Hasta ese día, la cabrona entendió que hay cosas que su lana no puede comprar, y que hay culpas que te joden hasta que te mueres
Un año después.Mateo estaba parado en la entrada de su universidad, allá en una ciudad costera del sur
Ese aire con sal y mar le traía la libertad que yo nunca pude tener
Abrió una libretita vieja; la libreta que le dejé escondida
Ahí estaban mis apuntes de inglés y en la última página había un mensajito: “Mateo, si estás leyendo esto, es que ya ando en un lugar bien chingón cuidándote
No llores, güey, que si te ríes yo veo el sol más fuerte
Ocupa ese corazón sano para querer a alguien y vive una vida de poca madre
Gracias por hacer que mi último verano valiera la pena.” Mateo volteó a ver el cielo azulote
Ya no traía el pelo gris, ya no andaba en pleitos
Ya era un hombre hecho y derecho
—Sofía..
ya no odio a mi jefa
Y ya aprendí a perdonarme
Ando viviendo chido, justo como querías, ¿sí me estás viendo?
A lo lejos, las olas reventaron como si le estuvieran contestando
Una gaviota voló alto y se perdió en la luz del sol
Nuestro amor de prepa se acabó a los 18, pero dejó unas raíces bien profundas en nuestras vidas rotas
Mis papás se alivianaron
Ahora andan de voluntarios ayudando a niños enfermos del corazón
La señora Elena dejó de hacer juntas en la madrugada e intenta, pasito a pasito, arreglar las cosas con Mateo
Al final, que me muriera no fue el final del cuento; fue el inicio bien doloroso para que los que se quedaron aprendieran a amar de neta
Yo fui Sofía
Tuve un corazón roto, pero me quisieron de la forma más cabrona y entera que existe, y con eso, tuve suficiente para toda una vida.