
Los ruidos en el piso de arriba por fin se detuvieron
Casi todas las noches se escuchaban g*lpes, gritos de rabia y el llanto desgarrador de una mujer
A veces duraba media hora, otras veces casi toda la madrugada
Justo cuando pensé que por fin podría dormir en paz, la policía tocó a mi puerta
Me dijeron que mi esposo, Arturo, estaba merto en el piso de arriba y que yo era la principal sospechosa, así que debía acompañarlos
Me pidieron que hablara
Abrí la boca de par en par, mostrándoles que me faltaba la lengua desde hace mucho tiempo
Me ordenaron ir al Ministerio Público
Sin decir una palabra, quité la cobija que cubría mi silla de ruedas para revelar mi pierna amutada
Según los oficiales, el final de Arturo fue sumamente butal
Su cuerpo fue triturado hasta convertirse en carne mlida y arrojado poco a poco por el inodoro; sus hesos fueron hervidos en agua, destrozados hasta hacerse polvo y echados al drenaje
Había sngre por toda la recámara
Solo su cabeza quedó intacta, colocada al centro de la cama y rodeada por un corazón de pétalos de rosa, como en un rito macabro y bizarro
La oficial a cargo se me quedó viendo, tragó saliva y llamó a un perito en lenguaje de señas para interrogarme
“¿La v*ctima era su esposo, por qué no se ve triste en lo absoluto?”, me preguntó con el ceño fruncido
Yo la miré fijamente
Le señalé mi boca vacía y mi pierna c*rtada
¿Debería estar triste? Hace tres años yo era una vendedora exitosa, ganaba buena lana y tenía una vida digna
Pero mi esposo no lo veía así
“¡Seguro te vas de pta con tus clientes!”, me gritaba con los ojos inyectados en sngre mientras sus p*ños se estrellaban contra mi cara, humillándome sin parar
“¡Solo salgo a trabajar, es para pagar juntos la renta!”, le suplicaba yo, tirada a sus pies, temblando de terror y dolor
Esa frase lo enfureció más
Su rostro se desfiguró por el coraje
Agarró una pesada silla de madera maciza, me miró con un asco profundo y la levantó para dejarla caer con toda su fuerza sobre mi pierna
PARTE 2
Desde el día en que la oficial Ramírez terminó su interrogatorio en mi departamento, la presencia de la policía en mi casa se volvió una constante asfixiante
Mi hogar en aquella unidad habitacional de la CDMX parecía haberse convertido en una extensión del Ministerio Público
A cada rato llegaban peritos con trajes blancos, algunos venían a recolectar muestras biológicas, a buscar cualquier rastro de sngre o ADN que pudiera explicar la msacre del piso de arriba
Otros investigadores se dedicaban a hacer rondines por los pasillos, tocando las puertas de los vecinos para averiguar más sobre la vida de mi difunto esposo, Arturo
Pero parecía que el caso estaba estancado, como si la brutalidad del crmen hubiera borrado las huellas de la lógica
Todo el vecindario estaba sumido en el pánico, los rumores corrían como pólvora en los chats de WhatsApp de los vecinos; decían que un assino sádico andaba suelto, un justiciero enfocado en m*tar a los hombres infieles
Dos días después de aquella primera visita, la oficial Ramírez volvió a tocar mi puerta
Esta vez no venía sola ni con tono amable; traía una orden de cateo en la mano derecha
“Tenemos una orden oficial, por necesidades de la investigación, debemos revisar su departamento”, me dijo con una voz dura y profesional
Yo, en silencio, moví las ruedas de mi silla hacia atrás para dejarles el paso libre
De inmediato, tres o cuatro agentes uniformados irrumpieron en mi pequeña sala y comenzaron a registrar cada rincón con una minuciosidad enfermiza
Abrían cajones, volteaban cojines, revisaban la basura
La oficial Ramírez se quedó junto a mí, empujando mi silla de ruedas cerca del sofá gastado, y de repente rompió el silencio: “Últimamente no hemos visto que la muchacha que le ayuda con la limpieza venga por aquí”
Levanté mis manos, pesadas y temblorosas, y le respondí en lenguaje de señas: “A la muchacha la contrató él
Seguramente, como ya no hay dinero para pagarle, dejó de venir”
Ramírez me clavó la mirada, entrecerrando los ojos como si intentara leer mi mente
Finalmente, soltó la bomba: “¿Usted sabía que esa muchacha, la que venía todos los días a su casa, era la amante de su esposo? Ella vivía justo en el departamento de arriba, donde él fue m*erto”
Me quedé paralizada por un segundo, sintiendo un nudo frío en el estómago, pero rápidamente agité las manos negándolo todo: “Ellos nunca cruzaban palabra frente a mí
Yo no tenía idea de qué tipo de relación tenían”
Una sombra de culpa o lástima cruzó por el rostro de la oficial, pero su instinto policial fue más fuerte: “Encontramos varias muestras biológicas en la escena del cr*men..
¿Usted sabe si su empleada era cercana a alguien más? ¿Tenía algún novio, algún conocido peligroso?”
Volví a mover las manos, negando frenéticamente: “No, no sé nada”
Justo en ese momento de tensión, uno de los peritos que estaba registrando mi cocina se acercó a nosotras sosteniendo un cuchillo cebollero dentro de una bolsa de plástico transparente
“Comandante, el juego de cuchillos de esta cocina coincide exactamente con el arma homicida que encontramos en la escena”
Ramírez soltó un suspiro pesado, la lástima desapareció de sus ojos y me habló con la mayor severidad posible: “Señora Carmen, en este momento usted es la principal sospechosa de este h*micidio
Le pido que nos acompañe al Ministerio Público para rendir su declaración”
Debido a mi condición física, a la falta de mi pierna y a mi evidente fragilidad, los oficiales tuvieron la decencia de no ponerme las esposas al sacarme de mi propia casa
El cuarto de interrogatorios era exactamente como en las películas: frío, gris, iluminado por una luz blanca que lastimaba los ojos, y con un espejo de doble fondo que me hacía sentir observada por fantasmas
Adentro, además de mí, estaba un perito traductor de lenguaje de señas y el Comandante Herrera
Él era un hombre imponente, de ceño fruncido y mirada inyectada de furia; se notaba a leguas que era el encargado de exprimir a los as*sinos más duros de la ciudad
Herrera arrojó sobre la mesa de metal una serie de fotografías explícitas y sngrientas de la escena del crmen
“¿Dónde ching*dos estaba usted el día 17 a las 7:00 de la noche?”, me gritó, golpeando la mesa
Mis manos temblaron mientras hacía las señas: “En mi casa”.
“¿Alguien puede corroborar eso?”, escupió él.
“No”, respondí
Este comandante no tenía ni un gramo de la empatía que mostró Ramírez
Me miraba como a una cucaracha, buscando cualquier grieta en mi historia
“Si nadie puede confirmarlo, entonces no tiene coartada, señora”, sentenció
Me apresuré a mover las manos, desesperada: “La cámara que está en la entrada de mi puerta puede demostrar que yo no salí”
Herrera sonrió con desdén: “Ya revisamos todas las p*tas cámaras
El día 17 a las 4:00 de la tarde, una persona salió de su departamento, pero iba tan tapada y disfrazada que no se le ve la cara”
La frustración me llenó el pecho
Mis movimientos se volvieron bruscos y rápidos: “¡Era Leticia, mi empleada doméstica! Ella siempre salía a esa hora, todos los malditos días”
El comandante se quedó callado un largo rato, saboreando el silencio, antes de soltar su siguiente carta: “En la escena encontramos un juego de cuchillos casi completo, pero el cchillo exacto con el que le crtaron la cabeza a la vctima pertenece al set de su cocina
A ver, explíqueme, ¿cómo dablos m*tó a su marido?”
Cerré los ojos con fuerza, dejando escapar un suspiro sordo por mi garganta destrozada
“Si yo hubiera podido m*tarlo, lo habría hecho hace mucho tiempo
Ese juego de cuchillos no solo lo uso yo, también lo usaba Leticia”, le indiqué con las manos
Él seguía perforándome con la mirada
Yo no aguanté más y le reclamé con indignación: “¿No será que como son unos inútiles y no pueden encontrar al verdadero assino, quieren agarrar a una pobre mujer dscapacitada como yo para que pague los platos rotos?”
El traductor dudó un segundo, tragó saliva, y tradujo mis señas palabra por palabra
Ver mi resistencia solo encendió más al comandante
“¿Usted lo odiaba, verdad?”, me preguntó con veneno en la voz
“Por supuesto que lo odiaba”, respondí
“Si no fuera por él, yo no estaría en esta maldita silla de ruedas
¿Por qué no habría de odiarlo?”
Sus palabras eran como agujas clavándose en las cicatrices de mi alma
Perdí el control
Golpeé la mesa de metal con mis puños, forcejeando como un animal atrapado
Si no me faltara una pierna, me habría levantado para gritarle en la cara
Herrera no se inmutó
“Entonces lo odiaba tanto que quería m*tarlo, quería hacerlo picadillo, ¿no es así?”
Un sonido gutural, un llanto seco y ronco salió de mi garganta mutilada
En un arranque de furia, tiré al suelo la cobija que cubría mis piernas, y abrí la boca al máximo para mostrarle mi lengua c*rtada
“¿¡Con qué maldita fuerza lo iba a mtar!?”, le grité con mis manos, llorando de rabia
“¿Con este muñón que tengo por pierna? ¿Con esta boca que no puede gritar? ¡Claro que quería mtarlo! ¡Él me arruinó la vida, me destruyó para siempre! Pero si cuando estaba completa y sana no podía defenderme de sus glpes..
¿Cómo chingdos lo iba a m*tar ahora, siendo una lisiada? ¡Dígame usted, cómo lo hice!”
Al verme tan alterada y al borde de un ataque de pánico, alguien detrás del espejo ordenó que se detuviera el interrogatorio
Herrera y el traductor salieron de la sala
Me quedé a solas con un oficial jovencito que no despegaba la vista de su libreta, y con mi propio reflejo miserable en el espejo oscuro
Sabía que me estaban observando
Nos quedamos en un silencio asfixiante durante horas, hasta que mi garganta ardía de sed
Finalmente, la puerta se abrió
Entró el Detective Garza, un policía de investigaciones de mediana edad, con rostro cansado pero facciones más amables
Puso un vaso de agua de cartón frente a mí y, para mi sorpresa, me hizo una torpe seña con la mano: “Hola”
Tomé el agua de un solo trago, sin dejar de mirarlo con desconfianza
Él se sentó y me explicó con voz pausada: “Hace años trabajé en un caso donde la v*ctima era sordomuda, así que aprendí un poco
Si recuerda algo importante, puede decírmelo”
Apenas solté el vaso vacío, él lo tomó con cuidado y lo apartó, dejando la mesa limpia
Lo miré fijamente y le pregunté: “¿Por qué están tan empeñados en que yo fui? ¿Solo porque lo odiaba?”
El traductor había vuelto a entrar y se sentó a una distancia prudente
Garza asintió lentamente y sacó un documento de su folder manila
“Tenemos los resultados del peritaje
En el c*chillo que se encontró en la escena, encontramos sus huellas dactilares”
Le respondí de inmediato: “Es el c*chillo de mi cocina, es obvio que tiene mis huellas”
Garza se inclinó hacia adelante
“Sí, pero usted no cocina”
El silencio cayó sobre nosotros como una lápida
Su mirada no se apartó de mis ojos ni por un milisegundo
Sentí que me ahogaba
Era como si todos esos policías estuvieran diseccionándome viva, intentando escarbar en mis entrañas para sacar la verdad
Al ver que yo no respondía, Garza sacó otro papel
“En la escena, además de la sngre de su esposo Arturo, encontramos restos de sngre que pertenecen a su empleada, a Leticia”
Hizo una pausa dramática para ver mi reacción
“Pero resulta que Leticia está desaparecida
Las cámaras de su edificio y de la calle grabaron a una mujer con el rostro cubierto saliendo de aquí, y hasta la fecha, esa mujer no ha sido localizada”
Solté una sonrisa amarga, casi una burla, y le respondí: “Pues ahí lo tiene
Ella es la principal sospechosa
¿Por qué están perdiendo el tiempo conmigo en lugar de ir a buscarla a ella?”
Garza entrecerró los ojos y acomodó unos papeles
“La hora de la m*erte de Arturo se estima entre las 7:00 y las 8:00 de la noche del día 17
Como no hay cámaras adentro del departamento de él, tuvimos que armar el rompecabezas con las cámaras de la calle y de su puerta
A las 4:00 PM del día 17, esa mujer encapuchada sale de su departamento
A las 11:00 AM del día 18, ella regresa a su casa
A las 4:00 PM de ese mismo día 18, vuelve a salir de su casa, tapada, y desaparece por completo”
Empecé a desesperarme
“¡Era Leticia! Ella vino a hacerme de comer como todos los días, se los juro”
Garza negó con la cabeza lentamente
“Nadie que acaba de cometer un assinato tan brutal regresa a la escena del crmen al día siguiente solo para hacerle de comer a su patrona
Si Leticia es la assina, el hecho de que se haya quedado cinco horas encerrada con usted tiene un motivo
Tuvieron cinco horas para hablar
¿Qué le dijo ella, Carmen?”
Su mirada me cortaba como una navaja
“Si usted no lo m*tó, la posibilidad de que sea cómplice es altísima
Por eso está aquí”
Tragué saliva, sintiendo mi boca seca
Apreté mis manos entrelazadas sobre la mesa para evitar que temblaran
Con movimientos lentos, le aseguré: “Ese día yo no noté nada raro
Llegó a su hora de siempre
Quizá solo quería usarme para ganar tiempo y que yo no sospechara nada”
Garza ni siquiera me dejó terminar la seña cuando empezó a golpear rítmicamente su bolígrafo contra la mesa
“Usted misma nos dijo que no era cercana a Leticia
Así que después de m*tar a alguien, a ella no le importaría un carajo lo que usted pensara
Necesito que colabore y me dé algo real”
Levanté la barbilla, sosteniéndole la mirada con desafío
“Mire oficial, si yo hubiera sabido que la p*ta de mi esposo era mi empleada doméstica, jamás la habría dejado trabajar en mi casa, y mucho menos la estaría encubriendo
Ese día ella actuó normal, no vi absolutamente nada extraño”
Garza siguió jugando con su bolígrafo, calculando su próximo movimiento
Se inclinó sobre la mesa y soltó su teoría: “Quizá porque ella estaba embarazada, a usted le dio lástima y se compadeció de ella”
Empujó hacia mí un folder con un expediente médico de la clínica del IMSS
Era el historial de Leticia
Tenía tres meses de embarazo
Me sentí exhausta
Mis ojos empezaron a arder mientras veía esos papeles
“Que ella estuviera preñada no tiene nada que ver conmigo”, le contesté
Garza me miró como un depredador que acababa de atrapar a su presa
“Para mí, es como echarle sal a una herida abierta”, murmuró
Sus palabras me atravesaron el pecho
“Revisamos su propio historial médico, Carmen
Descubrimos que hace años, Arturo la glpeó tan salvajemente que le provocó un abrto
Usted no solo perdió la lengua y la pierna por culpa de ese monstruo; también perdió el derecho a ser madre
Si usted se enteró de que Leticia estaba esperando un hijo, es muy probable que la haya ayudado a escapar
Porque ambas son mujeres, porque usted sabe lo que es perder a un bebé, y quería que ella viviera”
Un sonido espantoso, una carcajada rota y macabra, salió de lo más profundo de mi ser
Garza se quedó mudo, sorprendido
Mis dedos se movían frenéticos, llenos de un odio visceral: “¿Por ser mujer la iba a dejar vivir? ¿Con qué maldito derecho? Yo estoy podrida, tullida, destruida por dentro y por fuera, ¡mientras que la amante de mi esposo se da el lujo de embarazarse! ¡Ninguno de los dos era una buena persona! Si yo hubiera sabido la verdad, ¡juro por Dios que aunque me costara la vida la habría arrastrado al infierno con él!”
Garza no parpadeó
“Entonces, admite que la dejó ir”
Me derrumbé
La poca fuerza que me quedaba se esfumó
Negué con la cabeza, esbozando una sonrisa cargada de amargura
“Míreme bien
¿Usted cree que en mis condiciones yo puedo decidir quién se va y quién se queda? Ella tenía un video
Un maldito video donde Arturo me estaba t*rturando
Me amenazó con que, si no la ayudaba a ganar tiempo para escapar, iba a subir todo a las redes sociales”
Garza se enderezó de golpe, hablando más rápido: “¿Usted sabe que encubrir a un prófugo es un d*lito grave, Carmen?”
Mis lágrimas por fin se desbordaron, quemándome las mejillas
“Lo sé
¿Pero qué otra opción tenía? La persona que más deseaba ver merto a Arturo en este mundo era yo
Si yo misma lo hubiera matado, no tendría que vivir esta vida que es peor que la de un perro callejero
¿Pero acaso yo podía hacerlo? ¡Ese infeliz tuvo la merte que se merecía!”
El detective arrugó la frente y exigió: “Dígame, ¿qué más me está ocultando?”
Al sacar todo ese dolor, sentí que me quitaban una piedra del pecho
Me tranquilicé un poco y confesé: “Faltan dos cuchillos en mi cocina, uno es el que usó ella y que está en la escena
El día 18 a las 11:00 AM, Leticia llegó como siempre
Pero esa vez, me puso un cchillo lleno de sngre en el cuello
Me mostró el video y me exigió que mintiera, que desviara a la policía para que ella pudiera huir muy lejos”
Garza se tocó el audífono de su oreja, escuchando órdenes de sus superiores
Su rostro se ensombreció
“Cinco horas encerradas..
¿y me dice que solo hablaron de eso?”
“Solo fue eso, seguro no pensó que la policía descubriría el cuerpo tan rápido”, respondí
Garza, implacable, volvió a mostrarme la foto del cchillo homicida
“Si lo que dice es verdad, explíqueme esto: si usted no cocina, ¿por qué el cchillo con el que lo deg*llaron tiene TUS huellas digitales?”
Sentí mi garganta seca como lija
Mi mundo se estaba cayendo a pedazos
Dudé un instante, pero al final me arremangué la camisa, revelando docenas de cicatrices profundas en mis brazos
“No puedo mtar a nadie..
pero, ¿acaso no puedo intentar mtarme a mí misma?”
Por primera vez, el rostro de Garza mostró una compasión genuina, pero su entrenamiento policial lo hizo volver a su postura fría
“Aún no encontramos a Leticia
Viva o m*erta, la vamos a hallar
Si recuerda algo más, dígalo ahora, porque esto definirá cuántos años pasará en la cárcel”
Después de doce horas de un desgaste psicológico infernal, yo estaba al borde de la locura
Ya no tenía fuerzas para seguir peleando
Al final de cuentas, ya era culpable de encubrimiento
Sabía que el caso estaba en un punto muerto; ellos creían saber quién era el culpable, pero no tenían las pruebas contundentes, por eso me exprimían a mí
Ya habían pasado siete días desde el as*sinato, y la presión de los altos mandos y la prensa los tenía desesperados
Garza se puso de pie, frustrado, y suspiró
“Descanse un rato
Si se acuerda de algo, toque la puerta”
Me quedé sola, mirando las cicatrices de mis brazos
Recordé las veces que intenté denunciar a Arturo
La primera vez fue cuando estaba internada en el hospital porque me fracturó la pierna a p*tadas
La policía fue, levantaron el reporte y se lo llevaron detenido por 15 días
Antes de que se lo llevaran, se arrodilló frente a mi cama, llorando lágrimas de cocodrilo
Me juró por Dios que nunca más me volvería a tocar, que si lo hacía que lo partiera un rayo
Toda la sala del hospital presenció el espectáculo
Las enfermeras y hasta otras pacientes me decían: “Ay mija, perdónalo, se ve que te ama, fue un arranque de coraje”
Los policías me explicaron que si le otorgaba el perdón, saldría libre al instante
Yo recordé el sonido de la silla rompiéndome los huesos y negué con la cabeza
“No lo voy a perdonar nunca”
Arturo, desesperado, sacó todas sus tarjetas de débito y me las ofreció
“¡Mi amor, todo mi dinero es tuyo, pero por favor firma el perdón! ¡Te juro que voy a cambiar!”
Como no cedí, empezó a d*rse bofetadas a sí mismo, gritando que era un pendejo, un animal
No le di el perdón
Pasó 15 días encerrado, y ese fue el inicio de mi verdadero descenso a los infiernos
Horas después, Garza regresó al cuarto
Me trajo otro vaso de agua caliente
Lo bebí y sentí un ligero alivio
Entonces soltó la noticia: “Ya encontramos a Leticia
Y ella la está acusando directamente a usted de haber m*tado a Arturo”
Levanté la vista, sorprendida, y firmemente le exigí: “¿Dónde están sus pruebas?”
“Mis compañeros la están interrogando”, dijo Garza
“Con las pruebas que tenemos, usted sigue siendo cómplice
Se quedará detenida en los separos”
Mientras un policía me empujaba en mi silla de ruedas por el pasillo del Ministerio Público, me crucé con Leticia
Venía esposada, custodiada por dos agentes
Al verme, se puso como loca: “¡Yo te cuidé, te ayudé! ¡¿Y así me pagas, echándome la culpa de un mrdero?! ¡Ojalá te hubiera dejado mrirte de hambre, maldita lisiada! ¡Lástima que Arturo no te m*tó cuando tuvo la oportunidad!”
Me escupió a la cara desde lejos mientras se la llevaban arrastrando
Poco después, mi abogada de oficio fue a verme a la celda
Era la misma abogada que, años atrás, cuando se enteró de mi infierno, me rogó que la dejara llevar mi divorcio gratis
Pero Arturo la amenazó de m*erte, y yo, para protegerla, me negué a que me ayudara
Ella siempre cargó con esa culpa
“Carmen”, me dijo en voz baja, “tú fuiste obligada
Incluso si te acusan de encubrimiento, podemos pelear para que no vayas a prisión
Si te vuelven a interrogar, muéstrate aterrada”
Y luego, con una sonrisa triste, agregó: “Lo que le pasó a Arturo..
se lo tenía bien merecido”
Dos días después, estaba de vuelta en el cuarto oscuro de los interrogatorios
Garza me saludó en lenguaje de señas: “Cuánto tiempo sin vernos”
Esta vez, había más evidencia sobre la mesa
Garza me explicó la declaración de Leticia: “Ella dice que el día 17 al mediodía, usted le rogó que se quedara a dormir porque tenía miedo y pesadillas
Ella aceptó por lástima
Pero después de la comida, Leticia empezó a sentirse mareada y se desmayó
Al despertar, dice que la vio a usted sosteniendo un cchillo ensangrentado
Como sabía de sus intentos de sicidio, le arrebató el cchillo para que no se hiciera daño
Luego, ella revisó su celular y vio decenas de llamadas perdidas de Arturo de la noche anterior
El día 18 a las 4:00 PM salió, fue al piso de arriba y vio el msacre
Se asustó tanto que huyó a esconderse
Luego entendió todo: usted lo mtó y planeó que ella tocara el cchillo para incriminarla”
Garza me clavó la vista: “¿Tiene algo que decir, Carmen?”.
Yo, inexpresiva, le respondí: “No sé de qué habla
Yo me atengo a mi declaración”
Garza continuó: “Ella afirma que ustedes eran muy amigas
Que incluso, la primera vez que intentó qu*tarse la vida, fue ella quien la llevó a urgencias”.
Le contesté: “Era su trabajo como mi empleada doméstica”
“Carmen, según usted, ella es una assina fría que planeó todo y huyó”, dijo Garza
“Pero la encontramos escondida en el cerro, en las afueras de la ciudad, deshidratada, llevaba casi cuatro días sin comer
Lavó el cchillo en el río, borrando casi toda evidencia
Los peritos aseguran que este crmen fue hecho por alguien calculador, alguien que descuartizó el cuerpo con precisión, alguien que ya tendría un plan de fuga perfecto, no alguien que se iría a mrir de hambre al monte
Y lo más importante: Leticia apenas terminó la prepa abierta”
Sonreí con ironía: “¿Ahora se necesita título universitario para m*tar a alguien?”
“Le hicimos exámenes toxicológicos a Leticia”, remató Garza, su voz retumbando en la pequeña sala
“Y efectivamente, tenía altas dosis de somníferos en la s*ngre”
Me incliné hacia adelante, desafiante
“¿Me están diciendo que yo, en esta silla de ruedas, subí, lo descuarticé y volví a bajar sin dejar rastro? Tal vez ella misma se drogó después de irse de mi casa para fingir todo esto y echarme la culpa”
Garza no respondió
Sacó de su bolsa un viejo USB despintado
“Se lo encontramos a Leticia
Ya vimos lo que hay adentro
Y creo que su odio por Arturo es mucho más grande y oscuro de lo que podíamos imaginar”
Al ver ese USB, empecé a temblar incontrolablemente
Años atrás, cuando Arturo salió de los separos, me buscó
Yo intenté huir, pero me agarró del cabello en la calle y me arrastró hasta la casa a la fuerza
Ante las miradas de los vecinos, él sacó el acta de matrimonio y les gritó: “¡Es mi vieja, me andaba poniendo los cuernos, no se metan!”
Y los vecinos cerraron sus puertas
Adentro, me mlió a glpes
“¡Para que aprendas, pta!”, gritaba mientras sacaba su celular y me grababa
Me desnudó, me humilló con el flash del celular en la cara, y cuando vio que ya no tenía voluntad ni para llorar, agarró un mazo de construcción y me lo destrozó contra la pierna
Su sonrisa al escuchar mis alaridos es algo que me atormentará hasta el día de mi merte
Parecía un demonio
No me llevó al hospital
Dejó que la herida se infectara, que se pudriera hasta que perdí la sensibilidad y el olor a carne merta llenaba el cuarto
Cuando por fin me llevó a urgencias fingiendo una caída en las escaleras, la infección era tan grave que tuvieron que amptarme la pierna entera
En el hospital, lloraba abrazándome, pero al oído me susurraba: “Si me denuncias otra vez, te m*to en cuanto salga del bote”
Garza, bajando la voz, me sacó de mi trance
“No le pondremos el video por respeto, Carmen
Pero en ese USB también hay videos de Leticia siendo g*lpeada por él
Ella nos dijo que usted la convenció de robarse este USB para tener con qué chantajear a Arturo y que la dejara en paz
Lo que usted no sabía es que esos videos, Arturo los subía a foros internacionales de la Deep Web
Ese USB era solo una copia”
Sentí que la sngre se me helaba
Lentamente, hice las señas: “Él ganaba dinero con mis trturas
Cuando me qutó la pierna, subió el video y se hizo famoso en foros enfermos
Le donaban dólares y criptomonedas
Empezó a hacer transmisiones en vivo
Usó mis datos para que no lo rastrearan
Un día, alguien en el chat dijo que mis gritos eran molestos y pagó cien mil pesos para que me crtara la lengua
Dudó, porque sabía que me podía desangrar, pero el chat le dijo que cauterizara la herida con un fierro caliente
Y por ese dinero..
lo hizo”
El oficial joven que tomaba notas rompió a llorar en silencio
Garza, con la voz quebrada, me dijo que la policía cibernética ya había borrado todos los videos y estaban rastreando a los espectadores
Hice la seña de “Gracias”
Días después, el tono del interrogatorio cambió drásticamente
Garza entró furioso
Azotó una fotografía en la mesa
“Carmen, ¿está segura de que no puede ponerse de pie?”
Respondí con calma: “Si pararme en un solo pie cuenta, sí”
“¡Encontramos una pierna ortopédica escondida debajo de su cama, en un compartimento secreto!”, me gritó
“Revisamos el cuerpo de Arturo de nuevo
La sngre hallada coincide con los narcóticos en la sngre de Leticia
Y en las ranuras de SU pierna falsa, encontramos la s*ngre de Arturo
Tenemos todas las pruebas
¡No puede seguir mintiendo!”
Me acomodé el cabello y, sin perder la calma, hice las señas: “Está bien
Confieso
Fui yo”
Garza estaba destrozado
“Si hubiera confesado desde el principio, alegando legítima defensa por todo el infierno que vivió, le habrían reducido la condena
¡¿Por qué incriminar a Leticia?! Ella también era una vctima de Arturo
Ella también era glpeada en esos videos
Ella confió en usted, ¡y usted la usó para culparla! Usted le prometió a Leticia que después de esto ella podría ir a la universidad y rehacer su vida
Nos engañó a todos”
Levanté las manos con frialdad y le respondí sin dudar: “Se lo dije
Yo la odiaba
Las dos éramos las p*tas herramientas de Arturo para hacer dinero
¿Por qué ella tenía derecho a conservar todas sus extremidades, a tener un hijo, a estar entera? Ella tenía que pudrirse en el infierno conmigo, no tenía derecho a ser feliz”
Garza me miró con horror e incredulidad
Tres meses después, terminó el juicio
Rechacé a mi abogada, me negué a apelar, y acepté mi destino en silencio
Por la crueldad del hmicidio y el encubrimiento, fui cndenada a cadena perpetua en una cárcel de máxima seguridad
Para mí, que llevaba años viviendo en un abismo de t*rtura, una celda fría y silenciosa era lo más parecido a la paz
Siete años después, estando ya en prisión, recibí una carta del extranjero
Dentro del sobre había dos fotografías
Eran de Leticia
En la primera, llevaba puesta una toga y un birrete, con el pulgar hacia arriba, sonriendo con unos ojos llenos de esperanza y futuro
En la segunda, estaba en un parque de diversiones en Estados Unidos, bajo el sol brillante, riendo a carcajadas, haciendo la misma señal con el pulgar
Yo sonreí
Acaricié la foto
De nada, Leticia.