
El olor a cuero nuevo y aire acondicionado en el asiento trasero me revolvía el estómago. Llevaba apenas unas horas sabiendo que la familia Garza, dueños de media ciudad, eran mis verdaderos padres, y que yo era la bebé que habían intercambiado por error.
A mi lado, Ximena, la chica que había vivido mi vida rodeada de lujos, me clavó una mirada gélida.
—Valeria, ten un poco de decencia —susurró Ximena, con esa voz dulce y venenosa, asegurándose de que nuestros padres en los asientos delanteros la escucharan—. Diego te está hablando. No seas tan grosera, mamá se va a decepcionar muchísimo de ti.
El aire en la camioneta se volvió denso. Mi madre biológica me miró por el retrovisor, con el rostro desencajado y una expresión de incomodidad, casi dándole la razón a la intrusa.
Abrí los ojos despacio. Mis manos aún olían a la manteca del puesto de comida en la calle donde me ganaba la vida bajo el sol.
—¿Qué mamá se va a decepcionar? —pregunté, con la voz rasposa pero cargada de desprecio —. ¿La que me perdió hace casi veinte años, o la que usaba el cinto para criarme?
El silencio cayó sobre nosotros como una loza de concreto.
—Fui obligada a dejar la escuela. Me insultaban, me daban unas plz*s que me dejaban sin poder caminar, y tuve que pagarme todo sola vendiendo comida bajo la lluvia mientras tú jugabas a las princesas.
Me incliné hacia ella, acortando la distancia.
—No intentes usar la palabra “grosera” conmigo. Que no te haya soltado una bofetada todavía es un milagro.
Vi cómo la cara de Ximena perdía todo el color, apretando con fuerza la tela de su vestido de diseñador. El freno de la camioneta rechinó de golpe.
PARTE 2: El Juego de las Víctimas y la Verdad Expuesta
El ambiente dentro de la lujosa camioneta de los Garza se podía cortar con un cuchillo
Tras mi explosión, nadie se atrevía a decir una palabra
Mi madre biológica me miraba por el retrovisor con una mezcla de culpa y terror , mientras Ximena apretaba los puños, con la cara pálida y los ojos inyectados en rabia contenida
Pero yo apenas estaba calentando motores
Si esta princesita de plástico quería jugar a la víctima, le iba a demostrar cómo se hacía
—Papá… —dije de pronto, suavizando mi voz hasta hacerla sonar vulnerable y entrecortada
El hombre al volante enderezó la espalda de inmediato.
—Dime, hija, ¿qué necesitas? Dejé que una lágrima traicionera rodara por mi mejilla, calculada al milímetro.
—Es sobre Carmen… la mujer que me crio
Sé que está muy enferma
Aunque no fue la mejor madre y pasé hambres con ella, me enseñó a sobrevivir
Quisiera pedirte permiso para regresar a cuidarla unos días
Hay que ser agradecidos en esta vida
Antes de que mi padre pudiera conmoverse, Diego, mi recién descubierto hermano mayor —el del asiento del copiloto que no dejaba de sonreírme— captó la jugada al vuelo
—Ay, hermanita, por favor —soltó Diego con una carcajada seca—
Esa señora ya tiene a su hija biológica
No te toca a ti ir a jugar a la enfermera mártir
Por debajo de los asientos, donde nadie podía vernos, le levanté el pulgar a Diego
Él me devolvió una sonrisa ladeada y cómplice
Mi madre estalló.
—¡Diego! ¿Qué manera de hablar es esa? ¡Cierra la boca! Pero mi padre la interrumpió, pensativo.
—Diego tiene razón
Al final del día, Ximena es la verdadera hija de esa mujer
Acabamos de recuperar a nuestra niña, no voy a mandarla de regreso a ese infierno
Si alguien debe ir, es Ximena
El rostro de Ximena perdió el poco color que le quedaba; parecía que iba a desmayarse ahí mismo
Aproveché el momento y solté el golpe de gracia, usando un tono dulce y comprensivo.
—Ximena, si te sientes incómoda con mi llegada, de verdad, yo puedo regresar a cuidar a Carmen
Entiendo que esta es tu vida, pero los lazos de sangre importan, ¿no? Tú deberías estar con tu verdadera madre
La atmósfera se volvió aún más pesada
Una fresa caprichosa intentando manipularme a mí, que tuve que pelear por cada peso en las calles
Por favor
A mí los dramas de telenovela me los enseñó la vida real
—¡Mamá, no dejes que me echen! —chilló Ximena, soltando lágrimas de cocodrilo como si tuviera un botón automático—
He sido tu hija todos estos años, no sé qué hacer con esa mujer… Mi madre suspiró, claramente dividida
Por un lado, la niña que crio entre algodones; por el otro, yo, la hija de su sangre que había vuelto con cicatrices y olor a calle
En medio de ese silencio sepulcral, Diego murmuró mirando por la ventana:—Qué pena por el pajarito.—¿Qué dijiste? —preguntó mi padre, frunciendo el ceño
—Ya sabes, el pájaro cuclillo —explicó Diego, encogiéndose de hombros, con un tono inocente y mordaz—
Ese que pone sus huevos en el nido de otra ave
El pobre pajarito dueño del nido termina expulsado, sin casa, mientras el impostor se queda con todo
—¡Ya basta! ¡Si no te vas a callar, te bajas de mi camioneta en este instante! —le gritó mi madre, furiosa
Y así, sin dudarlo, Diego pidió que pararan el auto y se bajó
Yo abrí mi puerta y me bajé tras él, diciendo que me sentía mareada y necesitaba caminar
Mientras veíamos las luces traseras de la camioneta alejarse hacia la exclusiva zona residencial, Diego me puso una mano en el hombro.
—No te preocupes, enana
Caminaremos unos veinte minutos —dijo, intentando sonar optimista
Solté una carcajada amarga.
—¿Veinte minutos? Hermano, yo he caminado kilómetros bajo la lluvia cargando costales de harina
Esto es un paseo por el parque
Diego se detuvo y me miró
La actitud de “niño rico” se esfumó de su rostro
Me alborotó el cabello con suavidad y, por un instante, vi algo brillar en sus ojos
—Escúchame bien, Valeria —dijo, con una seriedad que me tomó por sorpresa—
Desde hoy, soy tu hermano mayor y te voy a proteger
Cualquier bronca, cualquier cosa que necesites, escóndete detrás de mí
Le sostuve la mirada y sonreí de lado.
—¿De verdad? Entonces..
¿me prestas lana? Diego parpadeó, sorprendido, y luego soltó una carcajada
Se golpeó el pecho.
—¡Claro! ¿Cuánto necesitas? —Doscientos mil pesos.Su sonrisa se congeló
Bajó la mano, mirándome con desconfianza.
—Valeria..
mira, a mí tampoco me cae bien la mosca muerta de Ximena, pero contratar a alguien para hacerle daño es un delito federal
No nos vamos a meter en esos pedos
Me eché a reír tan fuerte que me dolió el estómago.
—¡No seas güey! No voy a pagarle a un sicario por esa boba
Ese dinero es para salvar una vida
Para alguien que me salvó a mí
Tras explicarle la historia de Doña Rosa —la señora del puesto de tamales que me dio de comer cuando mi madre adoptiva me echó a la calle en invierno, y cuya hijita ahora tenía leucemia— Diego no dijo una palabra
Sacó su billetera, sacó una tarjeta negra y me la puso en la mano
—Aquí tienes doscientos mil
Ve y salva a esa niña
No me debes nada
La Mansión de los Garza y el Hermano “Perfecto”La casa de mis verdaderos padres no era una casa, era una fortaleza en la zona más exclusiva de la ciudad
Cuando Diego y yo entramos, el olor a comida gourmet inundaba el lugar
La familia ya estaba sentada en un comedor de caoba interminable, esperándonos
Fue ahí donde conocí al otro integrante del circo: Eduardo.Mi hermano mayor vestía un traje impecable
Se ajustó los lentes de armazón caro y me clavó una mirada gélida, escaneándome de arriba abajo con absoluto desprecio
Me miraba como si fuera un perro callejero que acababa de manchar su alfombra persa
Antes de que alguien pudiera decir “buenas noches”, Ximena se puso de pie de un salto
Tenía los ojos llenos de lágrimas y la voz temblorosa
—Perdóname, Valeria
Todo es mi culpa
Por favor, no te enojes ni te bajes del auto nunca más —sollozó, haciendo un espectáculo digno de un premio—
Yo te cederé mi lugar
A mis padres, a mis hermanos
Termino de cenar, empaco mis maletas y me largo de esta casa
Yo ni siquiera había abierto la boca.Eduardo se levantó inmediatamente, se acercó a Ximena y le acarició el cabello de manera protectora
Luego, me lanzó una mirada cargada de asco.
—Nadie te va a correr, Ximena
Eres parte de esta familia
Y definitivamente, ninguna advenediza sin educación va a venir a sacarte de aquí
¿Advenediza? Me hervía la sangre, pero mantuve la compostura
Esto era una comedia barata
Alcé la barbilla, me paré firme y dejé que mi voz resonara en el comedor como un látigo
—A ver, frena tu carro
¿En qué momento dije yo que la quería correr? Mis padres y Diego estaban en el auto
Me bajé porque estaba mareada
¿Necesitas que te traiga un notario para que lo certifique? O mejor te traigo un psiquiatra, porque parece que esta niña sufre de delirios de persecución
Ximena se quedó muda, con una lágrima a medio caer, sin saber qué responder
Me acerqué a ella, clavando mis ojos en los suyos sin dejarla escapar.
—¿Por qué te haces la víctima frente a él? ¿Para ponerme en contra de la familia? Dicen que una familia unida prospera, ¿acaso tu plan es destruir a los Garza desde adentro? La cara de Ximena se puso roja como un tomate
Lentamente, me subí las mangas de la sudadera gastada que llevaba puesta
La luz de las lámparas de cristal iluminó las marcas en mis brazos
Cicatrices de quemaduras de comal, moretones amarillentos, cortes de cuchillos mal afilados
—Abre los ojos, Eduardo —dije, bajando el tono de voz, pero haciéndolo más penetrante—
Este es el resultado de vivir casi veinte años con la verdadera madre de tu “hermanita”
Mientras ella vivía como princesa de cuento de hadas, yo aguantaba golpes, trabajaba bajo el sol y me moría de hambre
¿Con qué maldita autoridad moral te atreves a juzgarme? El rostro de mis padres se descompuso
La culpa en sus ojos era evidente, y sus miradas hacia Ximena y Eduardo se llenaron de decepción
Diego no perdió el tiempo
Se paró detrás de mí, como un muro protector, y le habló a Eduardo con una voz gélida que nunca le había escuchado.
—Condenas a alguien sin tener las pruebas, Eduardo
¿Así de pendejo eres para manejar la empresa de la familia también? Eduardo palideció
Buscó con la mirada a nuestro padre para que lo defendiera, pero el señor Garza ni siquiera lo volteó a ver
Para rematar, dejé escapar un sollozo perfectamente fingido
Diego me pellizcó ligeramente el brazo sin que nadie lo notara y solté un grito ahogado, como si estuviera a punto de colapsar por el dolor emocional
—¡Llora, enana, llora! ¡Saca todo ese sufrimiento que te hicieron pasar! —decía Diego, sobándome la espalda con una actuación digna del Oscar
Mi madre corrió a abrazarme, olvidándose por completo de Ximena
Mi padre se levantó, dio un golpe en la mesa y miró a Eduardo.
—Si no sabes discernir entre quién es la verdadera víctima aquí y quién está manipulando la situación, tal vez no seas el adecuado para heredar mi empresa, Eduardo
A partir de hoy, Ximena desocupará el cuarto principal y se lo entregará a Valeria
Esa noche, cajas de ropa de diseñador y bolsos carísimos terminaron apilados en el pasillo
Mientras yo guardaba mis tres pantalones desgastados y un par de blusas en un armario de caoba del tamaño de mi antigua casa, volteé a ver a Ximena, que estaba en el pasillo temblando de rabia
—Tengo muy pocas cosas —le dije, sonriendo inocentemente—
Si quieres guardar tu ropa de marca en este clóset, te hago un espacio
La cara de Ximena era un poema trágico
Mi padre entró en la habitación y me entregó una tarjeta bancaria.
—Hay un millón de pesos aquí, hija
Mañana ve y cómprate la ropa que necesites
No escatimes —dijo con voz suave
Diego, tirado en mi nueva cama enorme, se burló:
—Oye, viejo, ¿y mi tarjeta pa’ cuándo?
Mi madre solo le dio un zape en la nuca
“Lárgate de aquí”
El Primer Día en la Preparatoria de ÉliteSi el dinero lo arregla todo, en la familia Garza lo arreglaba a la velocidad de la luz
En un par de días, estaba inscrita en el mejor colegio privado del país
¿El único problema? Ximena iba en el mismo salón
Esa mañana, Diego insistió en llevarme a la escuela
Sacó un Ferrari rojo sangre del garaje, haciendo rugir el motor de una manera escandalosa
—Diego, no mames
¿No es un poco demasiado? —le dije, tragando saliva.
—Es para marcar territorio, hermanita
Sube, te voy a dar un espectáculo
Y vaya que lo fue
Cuando el auto deportivo se detuvo frente a la entrada del colegio y Diego en persona bajó a abrirme la puerta, los cuchicheos estallaron
Todos los niños ricos y mimados no podían creer que el temido y rebelde Diego Garza estuviera haciéndola de chofer para “la chica nueva”
A lo lejos, vi a Ximena junto a su amiga “fresa” de turno, Regina
Ximena estaba a punto de explotar
Regina, usando una bolsa que yo sabía perfectamente que era de Ximena, se acercó con aires de grandeza, arrugando la nariz como si yo oliera a caño
—Ay, no me digas que esta es la famosa “hermanita” que vendía gorditas —dijo Regina en voz alta, asegurándose de que todos escucharan—
Ugh, huele a manteca desde aquí
No te acerques mucho, no vaya a pegarme alguna enfermedad de su barrio de mala muerte
Toda la escuela se quedó en silencio, esperando ver si la chica del callejón saldría corriendo y llorando
Me crucé de brazos, la miré de arriba abajo y solté una sonrisa afilada.
—Preferiría oler a trabajo honesto que a perrito faldero —dije con calma—
Por cierto, qué bonita bolsa traes
Es curioso, Ximena la tiró al piso la semana pasada porque dijo que era la temporada pasada, y veo que corriste a recogerla como si fuera un hueso jugoso
Qué triste mendigar sobras
Regina se puso pálida y miró a Ximena, horrorizada.
—¡No le hagas caso, está inventando! —trató de defenderse Ximena, tartamudeando
Pero el daño estaba hecho
Regina la miró con furia y se dio la vuelta, dejándola completamente sola en medio del patio
La campana sonó
Entré a mi nuevo salón con la frente en alto
La maestra me pidió que me presentara
Frente a un mar de miradas elitistas y chismes a medias, no me iba a esconder
Miré directamente a los ojos asustados de Ximena y hablé alto y claro:—Buenos días
Los rumores son ciertos
Mi nombre es Valeria Garza, y sí, hasta la semana pasada vendía gorditas y quesadillas a veinte pesos en la calle
Fui golpeada, pasé hambre, y me echaron de la casa en pleno invierno
No tuve el lujo de que mami y papi me compraran todo, así que tuve que trabajar bajo el sol para pagarme la educación
Un silencio total invadió el salón.—No me da vergüenza
Vergüenza es ser un parásito que muerde la mano que le da de comer
Vergüenza es no saber hacer nada por ti mismo
Las calles me enseñaron lecciones que aquí en sus libros caros no van a encontrar
Ahora, el destino me regresó con mi verdadera familia, y no pienso desaprovechar ni un segundo
Mi nombre es Valeria
Mucho gusto
La maestra, una mujer estricta y refinada, se limpió disimuladamente una lágrima
Y entonces, los aplausos comenzaron
Primero tímidos, luego un estruendo
En el mundo de las apariencias y el dinero, la verdad cruda y la autenticidad los dejó completamente paralizados
Había ganado el primer asalto
Pero sabía que Ximena y su cómplice, mi abusiva madre adoptiva, no se iban a quedar de brazos cruzados
El verdadero infierno apenas estaba por desatarse.
El plato fuerte de mi venganza se sirvió frío, directo en la sala de los Garza.Cuando regresamos a casa, Ximena se quedó petrificada al ver a una visita inesperada sentada en el sillón de piel: Carmen, su verdadera madre, la mujer que me hizo la vida un infierno
—¿Quién la dejó entrar? ¡Lárguese! —gritó Ximena, perdiendo los estribos e intentando arrastrarla hacia la puerta
Diego bajó las escaleras con esa sonrisa ladeada, apoyándose en el barandal.
—Órale, ¿ya se conocían? —preguntó con sarcasmo
Nosotros sabíamos la verdad
Un investigador privado nos confirmó que Ximena le pasaba dinero a Carmen desde hace años para mantenerla callada
Pero cuando Ximena le cortó el flujo de efectivo, Carmen no dudó en presentarse a reclamar su mina de oro
Me acerqué con una sonrisa dulce.
—La casa necesita ayuda con el aseo
Diez mil pesos al mes
Si quieres el trabajo, firmas el contrato, si no, ahí está la puerta
El rostro de Carmen y Ximena palideció
Carmen dudó, pero su ambición pudo más.
—Acepto, pero quiero un mes de adelanto.
Diego soltó una carcajada y aceptó de inmediato
En la mente retorcida de Carmen, creía que Ximena le debía la vida entera por haberla intercambiado al nacer
Esa misma noche, la cena fue un desastre
La comida que preparó Carmen estaba quemada
Eduardo, mi perfecto y estirado hermano mayor, escupió la comida.
—Diego, ¿por qué traes a cualquier perro callejero a trabajar a la casa? —escupió con asco, viendo a Carmen salir de la cocina
Ximena se mordió el labio hasta casi sangrar
Era mi momento.
—Eduardo, no le digas perro callejero a doña Carmen
Es la madre biológica de Ximena
¿A poco no se parecen?
Eduardo se quedó mudo y el ambiente se tensó
Mis padres intercambiaron miradas de decepción
Esa noche los escuché hablar: se dieron cuenta de que Carmen solo estaba ahí por el dinero y cuestionaron por qué Ximena defendía a la mujer que me había mltrt*do toda mi vida
Pero Ximena no se iba a quedar quieta
En la escuela, ella y Regina prepararon su contraataque
Regina se me acercó en el patio y me mostró la pantalla de su celular frente a todos
Era una foto mía de perfil, sentada en la sala de espera del área de maternidad de un hospital
—A saber con qué vago te metiste cuando vendías comida en la calle —se burló Regina, intentando humillarme
—Mírenla, tan joven y ya en el ginecólogo
Miré a Ximena, que sonreía con aire de triunfo, y solté una carcajada que resonó en todo el patio .
—¡Qué bárbaras! ¿Ese es todo su plan? —dije, afilando la voz
Agarré el teléfono de Regina e hice zoom en la imagen
—Si van a ser chismosas, mínimo lean bien
El papel que tengo en la mano es un formulario para donación de sangre
La cara de Regina se descompuso
Me giré hacia todos mis compañeros.
—Fui al hospital a ayudar a la persona más importante de mi vida
Cuando esta mujer, doña Carmen, me echó a la calle en pleno invierno, muerta de frío y de hambre, doña Rosa, una señora que vendía tamales y gorditas, me dio de comer gratis
Me enseñó a trabajar y fue como una madre para mí
Hace un mes, a su hijita Rosita de cinco años le diagnosticaron leucemia
El tratamiento costaba más de doscientos mil pesos
Ese día fui al hospital a entregarle el dinero y a donar sangre
Y mientras yo salvaba una vida, Ximena estaba escondida tomándome fotos para armar este teatro
El silencio en el patio fue sepulcral
Varios de los hijos de millonarios se limpiaron las lágrimas al escuchar la historia
De inmediato, el desprecio de toda la escuela cayó sobre Ximena
Alguien gritó: “¡Qué asco de persona, puras mentiras y mala entraña!”
Ximena intentó escapar, pero la agarré del brazo con fuerza.
—¿A dónde vas? Apenas estamos empezando —susurré
Saqué mi teléfono, lo conecté a la pantalla del salón y le di play a un video de seguridad
Cuando llegué a la mansión, sospeché de Ximena y Eduardo, así que instalé cámaras en mi pasillo
En el video, aparecían Carmen y Ximena merodeando mi puerta.
Se escuchaba la voz de Ximena clara como el agua: “Si eres tan buena robando, ¿por qué no te metes a robarle a ella?”.
Carmen le respondió con descaro: “Tú eres mi verdadera hija
No olvides que si yo no los hubiera intercambiado a propósito al nacer, hoy no serías la princesita rica que eres”.
Ximena, lejos de ofenderse, reclamó: “Ya deja de usar eso en mi contra, te he dado dinero suficiente para comprarte un edificio entero en estos cinco años”
Y luego, planeaban robar un diamante rosa de mi habitación (el cual yo había cambiado por uno falso)
Toda la escuela estalló en gritos
¡Llevaba años sabiendo que no era una Garza y se lo había ocultado a todos!
Pero el video no terminaba ahí
La grabación adelantó la hora
Eran las dos de la mañana
Se veía a Ximena entrar sigilosamente a la habitación de Eduardo..
y salir más de media hora después, con el rostro ruborizado, ajustándose la ropa apresuradamente
Ese mismo video se reprodujo en la televisión de la sala de mi casa frente a mis padres, Eduardo y Diego.¡Paaaff! El sonido de la bofetada que mi padre le dio a Eduardo resonó en toda la mansión.
—¡Maldito enfermo! —gritó mi padre, con los ojos inyectados en sangre.
Mi madre lloraba desconsolada
—¡Es tu hermana, Eduardo, cómo pudiste!
Eduardo se agarró la mejilla, pero en lugar de pedir perdón, levantó la barbilla.
—No es mi hermana biológica
Yo fui a recoger sus análisis de sangre hace años
Sé que no somos familia
¡Nosotros nos amamos de verdad! —escupió como si fuera el héroe de una novela trágica
Diego aplaudió con lentitud.
—Ah, qué romántico
O sea que sabías que era una impostora y preferiste engañar a tus propios padres
Mientras tanto, Diego se acercó a Carmen, que estaba temblando en una esquina.
—Doña Carmen, el diamante que se robó vale suficiente para meterla a la cárcel un buen rato
Pensamos en darle una oportunidad de estar cerca de su hija, pero resultó ser una ratera.
Carmen cayó de rodillas llorando y suplicando, pero la policía ya estaba en camino
Eduardo fue despojado de todos sus cargos en la empresa y expulsado de la casa
Se fue con la frente en alto, soltando el típico discurso de que “el dinero no compra el amor verdadero”
Me dio asco
Él no tenía idea de lo que era el hambre de verdad
*** Tres años después, el karma hizo su trabajo.Con mi dinero invertido en las brillantes ideas de Diego, mi hermano se convirtió en el indiscutible CEO del imperio Garza
Su fachada de rebelde sin causa solo había sido una máscara para protegerse
Eduardo, por otro lado, regresó a la casa un día, pero ya no parecía el junior arrogante de traje impecable
Estaba demacrado, con la ropa sucia, ojeroso y luciendo diez años mayor
—¿Qué pasó, hermanito? ¿La mosca muerta te puso los cuernos? —se burló Diego desde su sillón de piel
—Pensé que de puro amor se podía vivir
Eduardo se dejó caer de rodillas, sollozando como un niño chiquito
Nos enteramos después que Ximena, desesperada porque la vida de pobres no le gustaba, intentó su jugada maestra
Hace unos días le dijo a Eduardo: “Mi amor, estoy embarazada”
Ella pensó que un bebé aseguraría su regreso a la mansión Garza
Pero la cara de Eduardo se llenó de horror y furia
La agarró de los hombros y le gritó: “¿De quién es ese hijo? ¡Dímelo!” .
—¡Tuyo! —mintió ella.
Eduardo soltó una carcajada amarga y rota
—A mí me diagnosticaron esterilidad hace años
No puedo tener hijos
La revelación cayó como una bomba
Ximena, en su desesperación por amarrar a un hombre rico, se había acostado con otro, intentando encasquetarle el niño a Eduardo
Su traición rompió a Eduardo por completo; por esa mujer había perdido a su familia, su dinero y su honor
Esa tarde, sentada en el jardín bebiendo café con Diego, lo miré de reojo.
—Dime la verdad, hermano..
lo de la infidelidad de Ximena..
¿tú tuviste algo que ver? —le pregunté, levantando una ceja
Diego le dio un sorbo a su taza y se encogió de hombros, con una frialdad calculada.
—Solo le di un empujoncito a las circunstancias
Si su “amor verdadero” no resistió la tentación de una cartera ajena, ¿yo qué culpa tengo?
Me eché a reír
Diego era más peligroso de lo que aparentaba
—Hace años —murmuró Diego, y su mirada se volvió de hielo— Eduardo escuchó a Ximena y, por complacerla, cortó los frenos de mi bicicleta de montaña
Por un milagro no me m*tó
Me prometí que un día ellos mismos cavarían su propia tumba
Y hoy, por fin, se echaron la tierra encima
Me quedé helada por un segundo, pero luego sonreí
Diego y yo éramos cortados por la misma tijera: devolvíamos los golpes con intereses
Diego extendió su mano hacia mí.
—Bienvenida a mi mundo, enana
Te prometí que te iba a cuidar, y esta familia no va a volver a caer
Le tomé la mano, sintiendo que por fin estaba en el lugar correcto
Sobreviví a la oscuridad de las calles y a la basura que me tocó de familia postiza
Hoy, camino hacia la luz bajo mis propias reglas
El juego de los Garza, al final, me lo llevé yo.