Parte 1:
El eco de los aplausos rebotó en las paredes del auditorio y se sintió como un g*lpe directo a mi cara.
El sudor frío me empapaba las manos. Sentía el corazón latiendo en mi garganta, asfixiándome poco a poco.
El vestido rojo que había alquilado en el mercado de la Lagunilla me picaba en la piel. Era un recordatorio constante de que yo no pertenecía a este mundo de luces, cámaras y sonrisas de plástico.
A mi lado, Mateo me apretó la mano. Su mirada reflejaba la misma incredulidad y coraje que la mía.
Apenas diez minutos antes, en el pasillo oscuro que daba a los camerinos, ella me había acorralado.
“No vayas a hacer una escena, Valeria. Nadie le va a creer a una simple secretaria de Tlalnepantla”, me siseó Renata.
Su aliento olía a champaña cara. Clavó sus uñas con manicura francesa en mi brazo con tanta fuerza que casi me hizo gritar.
“Toma este cheque de liquidación y lárgate. El mundo quiere a una estrella, no a una niña llorona”.
Bajé la vista hacia mis manos temblorosas. Aún tengo callos de tanto escribir en esa vieja máquina que compré en un tianguis.
Esas páginas, esa historia… las escribí en las frías salas de espera del IMSS, mientras mi madre perdía la batalla contra su enfermedad.
Cada lágrima, cada noche sin dormir, cada pedazo roto de mi alma estaba en ese m*ldito libro. Era nuestro único legado.
De repente, la voz del presentador rompió mis pensamientos, retumbando por los altavoces gigantes.
“Y el Premio de Literatura 2024 es para… ¡Renata Beltrán!”
El salón entero se puso de pie. Las luces parpadearon, cegadoras. La vi caminar hacia el escenario con su elegante vestido negro, radiante, perfecta. Una completa farsa.
Apreté contra mi pecho la copia de prueba que había logrado rescatar de la imprenta. En la portada, en letras pequeñas, decía mi nombre: Valeria Montes.
Pero en las pantallas gigantes sobre el escenario, el nombre de Renata brillaba en letras inmensas.
Me levanté de mi asiento de golpe. Las piernas me temblaban, pero la rabia era mucho más fuerte que el miedo.
¿ESTÁS DISPUESTA A PERDERLO TODO POR RECUPERAR LO QUE ES TUYO Y EXIGIR JUSTICIA?
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