Mi diversión era una caja vieja. Cuando la niña rica intentó humillarme, le enseñé un secreto que su dinero jamás podrá comprar.
Soy Mateo. A mis siete años, mi mundo era el viejo patio de cemento de la vecindad donde vivía, al final de una calle bordeada de árboles….
Escuché lo impensable detrás de la puerta: mi prometida mostró su verdadera cara y l*stimó a mi hijo de 6 años. El karma le llegó al instante.
El sonido de un llanto ahogado me heló la sangre. Me llamo Alejandro. Como padre soltero y hombre de negocios, mi mayor anhelo era formar un hogar…
Entré a la sucursal bancaria más exclusiva de la ciudad con mis tenis rotos y mi ropa gastada para revisar el saldo de la cuenta que mi abuelito me dejó al morir. El gerente engreído y los clientes millonarios se burlaron de mí en mi cara, e incluso empezaron a grabarme. Sin embargo, toda la sala enmudeció y al gerente le temblaron las manos cuando la pantalla de la computadora cargó una cifra que nadie esperaba.
El sonido de las monedas de diez pesos golpeando el piso de mármol blanco resonó como disparos en medio del silencio ensordecedor de la sala de exhibición….
Mi padre, un humilde campesino, ahorró durante veinte años en un viejo costal para comprarme mi primer auto por mi graduación de la universidad. Sin embargo, el arrogante gerente de la agencia más exclusiva de Polanco tiró sus monedas al suelo y lo humilló frente a todos. Lo que ese sujeto clasista no sabía es que la dueña de todo el imperio estaba a punto de cruzar esa misma puerta para darle la lección de su vida.
El sonido de las monedas de diez pesos golpeando el piso de mármol blanco resonó como disparos en medio del silencio ensordecedor de la sala de exhibición….
Llamaron “b*sura” al vestido de mi difunta esposa frente a mi niña. Así fue como cobré venganza en pleno altar ante todos.
Mi nombre es Alejandro, y estaba a punto de vivir el momento más feliz en una majestuosa hacienda del siglo XVIII en San Miguel de Allende. Todo…
El viento helado amenazaba con tirar la cabaña, pero el llanto de mi pequeño Mateo me destrozaba más. Llevaba tres días sin dormir tras la muerte de mi esposa, y mi corazón estaba endurecido. Cuando vi a esa forastera arrodillada en la nieve, herida y medio muerta, agarré mi escop*ta. Le advertí a gritos que se largara, pero ella desenvolvió unos trapos fríos y me mostró unos asombrosos ojos azules. En ese preciso instante, el llanto de mi hijo se detuvo por primera vez. Lee de inmediato lo que sucedió después.
Soy Ezequiel Arriaga. Y si algo he aprendido a la mala, es que el frío más perverso no viene de la sierra, sino de un corazón destrozado….
Mis propios hijos me creían un estorbo inútil y planearon desecharme en un asilo de Cuernavaca mientras celebraban con mi dinero en el Pedregal. Lo que estos malagradecidos no sabían es que el verdadero poder de mi imperio no estaba en sus manos, sino oculto por mi leal empleada.
El tercer pr*yectil no apagó mi mundo. Solo lo tiñó de un rojo espeso y caliente. Rojo como el mantel de terciopelo que ahora se empapaba bajo…
Le di todo tras la trágica pérdida de su madre, pero en mi cumpleaños 70 me escupió en la cara frente a todos. Mi nieta creyó que me había destruido, pero a las 7 de la mañana la vida le cobró cada lágrima.
El tercer pr*yectil no apagó mi mundo. Solo lo tiñó de un rojo espeso y caliente. Rojo como el mantel de terciopelo que ahora se empapaba bajo…
Era la Comandante más implacable, hasta que le di mis botas a un niño lustrabotas y descubrí al hijo que me r*baron.
“Apúrate, chamaco, no tengo todo el día”, le solté con la voz áspera que me había ganado el respeto en toda la comandancia de San Rafael. Eran…
¡Llegué de trabajar a medianoche y encontré un mensaje que destapó la cruel traición de mi esposo!
Eran las once y media de la noche cuando me quedé paralizada en la cocina. Venía arrastrando los pies tras un viaje de trabajo que me dejó…