Fui al panteón a llorarle a mi esposa como cada domingo durante diez años, pero una niña recogió su foto del suelo y me heló la sangre con cinco palabras.
El cementerio estaba sumergido en un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por el roce del viento contra los cipreses. Me llamo Joaquín, y ahí estaba yo, un hombre…
Fui al panteón a llorarle a mi esposa como cada domingo durante diez años, pero una niña recogió su foto del suelo y me heló la sangre con cinco palabras.
El cementerio estaba sumergido en un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por el roce del viento contra los cipreses. Me llamo Joaquín, y ahí estaba yo, un hombre…