Parte 1:
El patio de la prepa estaba lleno de ruido, mientras algunos reían, platicaban o grababan historias para sus redes. Yo, Sofía, solo quería pasar desapercibida.
Estaba sentada en la banca más lejana, completamente sola.
Frente a mí tenía mi almuerzo sencillo: un poco de comida guardada en un tupper viejo y desgastado.
Comía despacio, intentando clavar la mirada en la mesa para no ver a nadie.
Valeria, la niña más popular y rica de la escuela, llevaba días buscando una excusa para grabar un video que le diera vistas.
Estaba acostumbrada a ser el centro de atención, quería sus likes, y esta vez sus ojos se clavaron en mí.
—Mira, ahora habrá contenido —le susurró a su amiga con una sonrisa burlona, señalando su celular.
Valeria caminó con seguridad hasta mi mesa y, de inmediato, un montón de estudiantes se juntaron a nuestro alrededor.
Pronto, un círculo de teléfonos me apuntaba directamente.
—Entonces, pobrecita, ¿otra vez comiendo lo mismo? —gritó Valeria para asegurarse de que todos escucharan.
—Aunque, ¿qué más podemos esperar? Tu vida es igual de aburrida, ¿verdad?.
No respondí; solo seguí comiendo como si sus palabras no me afectaran, pero el nudo en mi garganta y el dolor en mis ojos me delataban.
—¿No te da vergüenza venir así a la escuela?.
—¿O tu mamá, la señora del aseo, no tiene ni un peso para darte comida normal?.
Las carcajadas estallaron y recorrieron todo el patio.
Algunos acercaan sus cámaras a mi cara, otros solo susurraban.
Apreté mi cuchara con todas mis fuerzas, pero me mantuve en silencio.
—¡Te estoy hablando! ¿Eres sorda?.
De un movimiento brusco, Valeria agarró mi comida y la aventó al suelo.
Mi almuerzo, el esfuerzo de mi madre, quedó esparcido y sucio sobre el concreto.
—¿Qué haces? —susurré, poniéndome de pie.
Pero ella me emp*jó con fuerza y volví a caer de rodillas.
No le bastó; empezó a pisotear mi comida muerta de risa, como si destruir lo poco que tenía fuera un chiste.
—¿Vas a comprar otra o de plano no tienes dinero? Ah, claro… ustedes no tienen nada.
Las lágrimas comenzaron a escurrir por mis mejillas, cayendo sobre mi blusa manchada.
Estaba ahí, tirada en el suelo, con la cabeza baja y rodeada de teléfonos que me grababan.
¿IBA A PERMITIR QUE ME DESTRUYERA FRENTE A TODOS O ERA MOMENTO DE HACER ALGO IMPENSABLE?
Lee la historia completa en los comentarios.👇