El calor asfixiante de Monterrey quemaba todo, y el aire apestaba a humo industrial de las fundidoras. Pateé la puerta de mi viejo departamento, con la voz ronca por la sed y el cansancio tras un turno de catorce horas. Lo que vi al entrar me heló la sangre.
Camila, la mujer con la que compartí cama por seis años, sudaba a mares. Estaba presa del pánico, metiendo vestidos caros y joyas en una enorme maleta de cuero en medio del desastre de nuestra sala
“¿A dónde ch*ngados vas?” le rugí.
Me acerqué y azoté sobre la endeble mesa de cristal unos estados de cuenta arrugados. Eran la prueba de dos boletos de avión en primera clase a Cancún y un ch*ngo de cargos en hoteles de lujo que un simple soldador como yo jamás soñaría pisar.
Dio un respingo como ratera atrapada. Pálida como un fantasma y con los labios temblando, soltó la blusa de seda roja que traía. Empezó a tartamudear una excusa p*ndeja: juraba que le debía a prestamistas del mercado central y que unos cobradores venían a cortarle las manos.
Mi corazón se hizo un nudo. Instintivamente quise protegerla. Me abalancé para jalonear la maleta e intentar arreglar el desmadre, pero ella me arañó frenéticamente.
“¡No toques mis cosas, c*brón! ¡Déjame en paz!” me gritó con pánico total.
En ese forcejeo violento, un celular desconocido, el modelo más caro, resbaló de su chamarra y cayó al piso de madera. La pantalla se iluminó mostrando las palabras “Mi Amor” con un emoji de corazón rojo junto a una foto borrosa.
Ignorando sus gritos desesperados rogando que no contestara, me tiré al piso y con las manos temblando oprimí el botón.
El mundo se me vino abajo. Era la voz de Alejandro. Mi único hermano menor, por el que había sudado sangre y sacrificado mi juventud para pagarle la carrera.
“Ya estoy esperándote en el lobby… apúrate mi amor, el p*ndejo de mi hermano seguro sigue tragando polvo en la obra…”.
El aire desapareció y el ruido de mi pecho rompiéndose me ensordeció. Guardarme los dolores desgarradores y callar mi cáncer terminal para poder pagar esta casa antes de morirme, había sido en vano.
¿¡QUÉ HARÍAS SI LA MUJER POR LA QUE DAS LA VIDA Y EL HERMANO POR EL QUE SACRIFICASTE TU FUTURO TE DESTRUYEN EN UN SOLO SEGUNDO?!
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