Parte 1:
La tarde caía sobre la avenida Presidente Masaryk y las vitrinas de las tiendas reflejaban los vestidos caros y los coches de lujo que avanzaban lento. Todo en aquella calle parecía perfecto, ordenado e intocable. Yo llevaba un elegante vestido color crema, mis tacones resonaban en el pavimento y mis joyas brillaban con la luz del sol
Hasta que sentí un golpe y me detuve en seco.
Un niño, que no pasaría de los ocho años, apareció junto a mi coche negro. Traía una camiseta beige rasgada, pantalones viejos y unos zapatitos tan gastados que parecían a punto de abrirse. Tenía la carita manchada de polvo y los ojos enrojecidos. Antes de que pudiera decirle algo, usó su manga sucia para limpiar torpemente el cofre de mi auto, dejándome una plasta de lodo sobre la pintura brillante.
La puerta se abrió de golpe y bajé furiosa. Mi rostro, que en ese instante estaba endurecido por la rabia, no disimuló mi enojo.
—¡Oye! ¿Qué le hiciste a mi coche? —le grité.
El chamaco retrocedió un paso, asustado, pero extrañamente no huyó. A nuestro alrededor, varias personas se giraron para mirar. Un mesero dejó de servir café y una pareja en la terraza empezó a murmurar con desprecio.
Señalé la enorme marca en el cofre. —¿Sabes cuánta lana cuesta arreglar esto?.
El niño tragó saliva, sus manitas temblaban. —No quería dañarlo… —susurró con la voz quebrada—. Solo necesitaba que me mirara.
Fruncí el ceño, confundida. —¿Qué?.
Fue entonces cuando metió su mano en el bolsillo del pantalón y sacó algo envuelto en un pedazo de tela vieja. Lo sostuvo contra su pecho como si fuera lo más valioso del mundo.
Perdí la paciencia. —¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí?
Él levantó la vista y vi en sus ojos una tristeza demasiado antigua para su edad. —Solo quiero que vea esto —dijo.
Desenvolvió la tela. Adentro había una fotografía vieja, quemada en los bordes, arrugada por los años y protegida con cinta transparente. Me la extendió.
Iba a rechazarla, pero entonces vi la imagen y mi cuerpo se quedó inmóvil. El ruido de la calle, los coches y las tazas de café desapareció por completo.
En la foto aparecía yo, más joven, sonriendo, abrazando a un bebé envuelto en una cobija blanca. Detrás, estaba la casa grande con columnas de piedra. Era la foto que desapareció la noche del trrible incndio. La noche en que me dijeron que mi bebé había m*erto.
¿QUÉ SECRETO OSCURO ESCONDÍA ESTE NIÑO Y CÓMO LLEGÓ ESA FOTO A SUS MANOS DESPUÉS DE TANTOS AÑOS? ‼️
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