Parte 1:
Me llamo Mateo. Tenía diez años cuando viví la p*or pesadilla de mi vida dentro de mi propia casa en Coyoacán.
El sonido seco de mi yeso golpeando la pared rebotaba por los pasillos a las dos de la madrugada. Toc. Toc. Toc.
Estaba empapado en sudor, con los ojos desorbitados y los labios partidos de tanto llorar.
—¡Quítenmelo! ¡Papá, por favor! ¡Se están metiendo! ¡Me muerden! —gritaba con la garganta destrozada.
Mi papá corrió hacia mí, empujado por el cansancio furioso de llevar noches enteras sin dormir. Me sujetó fuerte por los hombros y me aventó sobre la cama.
—¡Si sigues gritando así, Mateo, voy a firmar para que te internen hoy mismo! —me amenazó con la voz rota.
Yo rascaba desesperado el borde del yeso intentando meter una pluma. Sentía que tenía fuego debajo de la venda.
Lorena, mi madrastra, observaba recargada en el marco de la puerta. Llevaba una bata elegante y su rostro era una máscara de hielo.
—Te lo dije, Carlos —murmuró ella—. Esto no es d*lor. Es manipulación.
Mi padre ya no sabía qué creer. El doctor le había asegurado que el yeso de mi accidente escolar solo molestaría un poco. Pero yo no comía, no dormía, temblaba y le juraba que sentía “patitas” moviéndose bajo mi piel.
Mi nana Rosa observaba desde el pasillo con el corazón apretado. Ella había notado un aroma extraño en mi cuarto, un olor dulce y pesado mezclado con algo enf*rmo.
De pronto, mientras cambiaba la sábana, Rosa vio una pequeña hormiga roja cruzando mi almohada. El insecto no fue al suelo; caminó directo hacia la abertura de mi yeso y desapareció adentro.
—Señor Carlos… Hay algo adentro —le advirtió Rosa, pálida.
Pero mi papá solo soltó una risa amarga, convencido de que yo escondía dulces, y esa misma noche ató mi muñeca sana a la cama con un cinturón para que dejara de g*lpearme.
Lorena sonrió levemente en la oscuridad.
A la mañana siguiente, ya sin fuerzas para llorar, miré a mi nana a los ojos.
—Córtame el brazo. Ya no lo quiero —le supliqué.
Ella me miró aterrada. Salió al pasillo, escuchó a mi padre hablar por teléfono con una clínica psiquiátrica, y tomó una decisión. Bajó en silencio, buscó entre las herramientas y subió con unas pinzas industriales escondidas bajo su rebozo.
¿QUÉ MACABRO S*CRETO ENCONTRÓ MI NANA AL ROMPER ESE YESO?
Lee la historia completa en los comentarios.👇