Le pedí un beso a un extraño para vengarme de mi prometido, pero él reveló el secreto más oscuro de mi familia.

Parte 1:

La gala era de mi completa autoría. Yo había organizado todo el evento, desde la música hasta los donativos, para que los invitados ricos fingieran ser buenas personas por una noche. Todo bajo el arco de flores blancas en el Hotel Imperial de Polanco debía lucir perfecto. Sin embargo, el estómago me daba vueltas y sentía unas terribles náuseas. Apenas 18 minutos antes, en el frío y oscuro pasillo de servicio, mis propios ojos vieron la escena que destrozó mi vida entera.

Alejandro, mi prometido, el mismo hombre con el que ya elegía nombres para nuestros futuros hijos , tenía una mano apretando con fuerza la cintura de Camila, mi hermana menor. Y la otra mano estaba en su nuca, besándola de una forma tan íntima y descarada que me dejó completamente sin aire. Camila, quien había competido conmigo por la atención y los vestidos desde que éramos niñas , esta vez intentaba robarme la vida misma.

El salón a mis espaldas seguía brindando. Mis manos temblaban mientras necesitaba urgentemente cualquier cosa que evitara que todos me vieran romperme en mil pedazos. Fue entonces cuando vi una presencia quieta junto a la mesa de champagne. Solo vi un traje negro y una manga firme. Sin siquiera mirarle el rostro primero, me acerqué y apreté la tela.

—Bésame, por favor… quiero que se muera de celos.

El hombre no respondió en absoluto. Al levantar finalmente la mirada, la respiración se me cortó de golpe. Era un hombre de unos 60 años, alto y elegante, con el cabello plateado en las sienes. Tenía una cicatriz cruzándole la ceja y unos ojos tan oscuros que parecían ocultar demasiadas cosas. Definitivamente no parecía un invitado más; parecía alguien a quien nadie se atrevería a echar del lugar.

A unos metros, Alejandro acababa de soltar a mi hermana y nos miraba fijamente. Su cara se puso completamente blanca, como si hubiera visto entrar a la m*erte por la puerta principal.

—El hombre del traje azul no está celoso —dijo el desconocido con una calma muy peligrosa, sin quitarle la vista a mi prometido. —Está aterrado.

¿QUIÉN ERA REALMENTE ESTE HOMBRE Y POR QUÉ MI PROMETIDO ESTABA A PUNTO DE DESMAYARSE AL VERLO?!

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