
EDICIÓN DE LA PARTE 1
Apenas me acababan de recibir en la casa de mi verdadera familia cuando Natalia, la hija falsa a la que siempre habían adorado, se dejó caer por las escaleras justo enfrente de mí
Ella se quedó ahí tirada en el piso, como desmayada, pero yo me puse firme y no dejé que nadie se le acercara
Mi papá, Don Arturo, furioso, me acomodó una cachetada durísima, gritándome que no podía creer que yo fuera tan mala
Me reclamó que apenas iba llegando a la casa y ya había aventado a mi hermana por las escaleras
Me amenazó diciendo que si le pasaba algo, no me lo iba a perdonar
Yo ni me inmuté, solo le contesté bien fría mientras rompía un jarrón carísimo que estaba ahí cerca
Le dije: “Oiga, ya tiene sus buenos años, ¿por qué antes de hacer un relajo no averigua bien cómo estuvieron las cosas?”
“A un herido no se le puede andar moviendo nomás porque sí, porque le puede causar una lesión peor”
“¿A poco no lo sabía?”
Al regresar a esta familia de dinero y toparme con esta hermana tan mustia y un hermanito que no le giraba bien, decidí que no me iba a dejar de nadie y los iba a enfrentar directo
Miré fijamente a mis papás biológicos, sin pelos en la lengua
“¿Nunca han escuchado eso de que si los hijos se pelean, es culpa de los papás?”
“Pues sí, no regresé para encajar en esta familia, sino para reformarla”
Con eso, todos en la casa se quedaron callados un buen rato, mudos
“No quiero perder el tiempo discutiendo a lo tonto”, dije mientras metía mi termo al bolso y preguntaba: “¿Cuál es mi cuarto?”
Ellos se sacaron de onda y voltearon a ver hacia el segundo piso, así que me fui directo para arriba con mi maleta
Vinieron detrás de mí, todos apurados, y me enseñaron dos puertas, preguntándome con pena cuál me gustaba más
Arqueé una ceja y les pregunté: “¿A poco esto es una prueba para ver qué tan inteligente soy?”
Señalé un cuarto grandísimo, lujosísimo, con vestidor y estudio, y luego apunté al cuartito de al lado, que parecía un cuarto de muestra súper austero
Les dije la verdad: cualquier persona con dos dedos de frente sabía cuál era el mejor, pero era obvio que el cuarto de lujo no lo habían preparado para mí
Me metí al cuarto grande y vi en el tocador rastros de que una muchacha había estado viviendo ahí
Suspiré, volteé a ver a la mosca muerta de Natalia con sus ojitos rojos de dar lástima, y les dije a mis papás: “Este era el cuarto de Natalia, ¿verdad? Si me lo querían dar, hubieran limpiado todo para que yo entrara a gusto, pero en lugar de eso me ponen a escoger con este cuartito feo al lado”
“Siento que me están probando para ver si de pura buena onda elijo el cuarto rascuache”
Toda la familia se puso pálida
Hasta Tomás, el hermanito que me había estado gritando, se quedó de a seis y les preguntó a mis papás si eso era cierto
Ellos tartamudearon que no, y Natalia rápido se metió a decir que ella solita había querido darme el cuarto
Yo me le quedé viendo seria y le pregunté: “¿De verdad?”
Ella se chiveó, agachó la cabeza y me dijo bajito que sí, que nadie la había obligado y que me lo daba por voluntad propia
Le insistí y le pregunté si estaba segura de que no se iba a arrepentir después
Ya casi llorando, apretó los dientes y dijo que no
Luego me volteé con los papás y les pregunté si ellos, como los adultos responsables, estaban de acuerdo con la decisión de Natalia y si no me iban a echar pleito después por agarrar ese cuarto
Acorralados, no les quedó de otra que sonreír fingido y decir que no habría problema
“Ah, bueno”, dije, y metí mi maletota al cuarto
“A partir de ahorita, este es mi cuarto”
El ambiente se puso pesadísimo, todos tenían unas caras largas
A Natalia se le salieron las lágrimas
Doña Elena, mi mamá, con el corazón roto por verla así, me intentó decir que Natalia ya estaba acostumbrada a ese cuarto, pero ni la dejé terminar
Me encogí de hombros y les dije que venía cansada del viaje y quería descansar
Se tuvieron que ir tragándose el coraje, y solo se quedó Tomás ahí parado con cara de menso
Me burlé de él preguntándole si se iba a quedar a recuperar el cuarto de su hermanita adorada
Natalia se frenó en la puerta viéndolo con esperanza, pero él nomás se rascó la cabeza y dijo: “Ah, ¿ya se acabó todo?”
Me dio risa porque de verdad a este chavo no le subía el agua al tinaco, su cerebro seguía procesando
Pero Tomás pensó que me estaba riendo de él, se prendió y me empezó a gritar que yo era una víbora, que quería separarlos a él y a Natalia, y que Natalia sí me quería dar el cuarto de corazón, que no la juzgara con mis pensamientos sucios
Volteé a ver a Natalia, que estaba pálida de los nervios de que su hermano la estuviera endiosando tanto, y nomás le di el avión a Tomás: “Sí, sí, lo que tú digas”, y lo eché del cuarto de una patadita
A la hora de la cena, llegó Carlos, el hermano mayor
Entró reclamándoles a mis papás por qué dejaban que Natalia perdiera su cuarto de toda la vida, que cómo iba a dormir ella en otro lado
Cuando me vio, me miró con desprecio, diciéndome que no tenía vergüenza por llegar a pelear cuartos
Mis papás me voltearon a ver con puro coraje, como si yo fuera la culpable de todo, y Tomás intentó explicarle a Carlos que Natalia había cedido el cuarto por las buenas
Carlos se quedó callado de golpe
Natalia, haciéndose la víctima, jaló a Carlos y le dijo suavecito que no dijera nada, que todo me pertenecía a mí, pero con una cara de que la estaban obligando a decirlo
Carlos la consoló y luego, bien frío, me exigió que fuera comprensiva, que después de cenar agarrara mis cosas y me largara a otro cuarto porque Natalia no podía dormir en otro lado
Ni lo pelé
Volteé a ver a mis papás y les pregunté si pensaban igual
Mi papá se quedó callado
Mi mamá titubeó pero terminó dándole la razón a Carlos
Me senté con calma y les dije: “Pues no me voy a cambiar, no le veo la lógica a lo que dice Carlos”
Saqué una grabadora chiquita de mi bolsa, la puse en la mesa y le di play
Ahí se escuchó clarito todo el pleito de la tarde donde Natalia aceptaba darme el cuarto
Cuando se acabó el audio, a Carlos se le bajaron los humos
Lo miré a los ojos y le solté todo: “Tengo 16 años
Por ley, ya puedo tomar mis decisiones
Antes de meterme a ese cuarto, le pregunté tres veces a Natalia si estaba segura y ella dijo que sí, así que no veo cuál es mi error”
Carlos quiso seguir alegando que Natalia se veía incómoda, que seguro solo lo hacía por…
Lo interrumpí de tajo: “¿Por qué? ¿Por llamar la atención, por culpa, por hacerse la perfecta? No me importa, cada quien tiene que hacerse responsable de lo que dice, ¿verdad, hermanita?”
Luego me fui contra Carlos: “Tú eres súper inteligente, ya andas metido en los negocios de la familia, así que dudo mucho que no sepas distinguir entre lo que está bien y lo que está mal”
Le dije que si lo hacía por consentir a Natalia o por molestarme a mí, me daba igual, pero que me debía una disculpa por haberme acusado a lo tonto
Carlos puso una cara de perros
Mi mamá intentó calmar las aguas diciendo que no era para tanto, que no ocupaba disculparse
Yo me quedé callada viéndolo fijamente
Ahí fue cuando mi papá explotó, le pegó a la mesa y me gritó que apenas iba llegando y ya estaba armando un circo, que no podía estar en paz
El comedor se quedó en un silencio sepulcral
Natalia agachó la cabeza, Tomás se encogió en su silla, y yo nomás suspiré con pura decepción en la mirada
Agarré mi grabadora, me levanté y me fui al cuarto a empacar mi maleta
Cuando ya iba saliendo por la puerta con mi equipaje, mi mamá corrió a agarrar la maleta, reclamándome y preocupada: “Ya es de noche, ¿a dónde vas a ir? ¿De verdad te vas a ir por esta tontería?”
Volteé a verla súper tranquila, pero cada palabra le cayó como plomo: “Sí vale la pena”
Le recordé cómo mi mamá biológica, cuando era pobre y soltera, me abandonó en un fierro viejo después de la confusión de los bebés, dejándome a mi suerte
Le dije que me crió mi abuelita que pepenaba basura, hasta que se murió cuando yo iba en primero de secundaria, y desde ahí me rasqué con mis propias uñas
Los miré a todos, con la voz helada: “Yo no tengo a nadie más
También quería una familia, pero no estoy tonta
Crecí sabiendo que la única persona que me va a cuidar y proteger en esta vida, soy yo misma”
Les dejé claro que si los hijos se peleaban, era culpa de ellos por sus favoritismos
Que no estaba mal querer más a la niña que criaron, pero que tenían que ser mínimamente justos, y obvio no lo eran
Que no me iba a quedar ahí para sufrir injusticias toda mi vida aunque yo tuviera la razón
Les solté mis verdades: “Ustedes saben que soy buenísima en la escuela
Tengo beca completa
Sé arreglar computadoras y tengo más de 200,000 seguidores en internet”
“No los necesito para tragar ni para vivir
Yo solita puedo mantenerme y entrar a una buena universidad”
“Regresé porque quería cariño familiar, pero si no me van a dar ni el respeto más básico, ¿a qué me quedo?”
Les arranqué mi maleta de las manos y me salí caminando sin voltear atrás
Como en su colonia fresa no pasaban taxis, agarré mi bicicleta y me fui con el GPS
Al rato, un coche negro se me cruzó en el camino
Me hice para atrás desconfiada, pero del carro se bajaron mi papá y Carlos
Mi papá se me quedó viendo un rato, como rindiéndose, y le ordenó a Carlos que me pidiera perdón
Carlos me pidió disculpas bien a la fuerza, y yo ni le alegué, nomás saqué el celular, lo grabé completito y lo guardé de evidencia por si después querían cambiar la historia
PARTE 2: ENTRE PRIVILEGIOS, MOTOS ROSAS Y LA CRUDA REALIDAD
Cuando regresé a la mansión después de haber grabado la disculpa obligada de Carlos, el ambiente se podía cortar con un cuchillo. Natalia me recibió con una mirada de pánico mezclada con puro odio, pero no se atrevió a abrir la boca. Solo pudo ver cómo metía mi equipaje a la habitación principal, acomodaba mi cobija de flores tejida por mi abuela sobre su cama de princesa y cerraba la puerta en su cara. La oí rechinar los dientes del puro coraje.
A la mañana siguiente, las cosas no mejoraron. En la mesa del desayuno, Natalia apareció con los ojos súper hinchados y unas ojeras criminales; se notaba que se la había pasado chillando toda la noche. A mi mamá, Doña Elena, se le partía el corazón de verla así. No aguantó más y soltó la sopa:
—Tere, mi amor… estábamos pensando que ya que te gusta cómo está arreglado este cuarto, en el tercer piso hay uno idéntico. Tu papá y yo podemos contratar a alguien para que lo remodele completito a tu gusto, ¿qué dices? ¿Te pasarías para allá arriba?
Terminé de pasarme el último bocado de mi sándwich, tomé un sorbo de agua y la miré bien tranquila.
—No se va a poder, jefa —le dije sin perder la postura.
Sin darles tiempo de replicar, saqué una bolsita de plástico de mi chamarra, guardé el sándwich que quedaba en el plato, vacié la leche caliente en mi termo viejo y agarré mi caja de herramientas.
—Ya me voy, jefes. Tengo chamba que entregar. Con permiso —le dije a Don Arturo y a Doña Elena, dejándolos con la palabra en la boca.
—¡Tere! ¿Pero qué es lo que quieres de nosotros? —alcanzó a gritar Doña Elena desde el comedor, pero yo ya iba de salida.
Pedalear en mi bicicleta vieja desde esa zona residencial tan fresa era un gorro, pero no me importaba. A los cuarenta minutos llegué a la entrada de la academia de la ciudad. Mientras sacaba el celular para hablarle a mi cliente, alcancé a ver una sombra conocida escondiéndose detrás de un poste. Era Tomás. Me había venido siguiendo desde la casa.
—A ver, chavo, ¿qué haces aquí? —le pregunté saliendo de la nada detrás de él.
Tomás se asustó, se puso todo colorado pero intentó hacerse el valiente.
—Oye, vas llegando a la casa y en lugar de pasar tiempo con mis papás, ¿te vienes a meter a estos rumbos? ¿A qué veniste?
Como Tomás y yo somos gemelos, nuestras caras son casi idénticas, lo que hacía que me diera el doble de coraje lo menso que podía llegar a ser. Lo miré de arriba abajo y le contesté con tono burlón:
—Yo soy más fregona que tú. Tú viniste de chismoso a espiarme, pero yo vine a ganarme una lana. Quítate.
En ese momento vi a una muchacha con chamarra blanca esperándome en la entrada. Le sonreí y le hice señas. Al final, cuando la chava se enteró de que Tomás era mi hermano, insistió en que los dos pasáramos a su dormitorio. Como ya estaban en vacaciones de invierno, el lugar estaba solo. Sacé mis herramientas y empecé a armar la computadora con las piezas que ella había comprado en oferta. Mientras trabajaba, grababa algunos clips para mi canal de internet.
Al terminar, la chava me pagó mis 100 pesos de mano de obra y me felicitó por haber encontrado a mi familia. Salimos del campus y Tomás me estaba esperando con una cara de no entender nada.
—¿Neta te aventaste 17 kilómetros en esa bici vieja nomás por cien miserables pesos? No manches, Tere.
—A ti qué te importa —le respondí seca, acordándome de cuando me dijo que su única hermana era Natalia—. No te metas en lo que no te importa.
Ya era mediodía y el estómago de Tomás empezó a rugir durísimo. Como era día festivo, todo estaba cerrado por ahí. Saqué mi sándwich guardado y lo partí a la mitad. Tomás pensó que le iba a dar y estiró la mano, pero me metí los dos pedazos a la boca. Ver su cara de decepción casi me hace escupir de la risa.
—¿A dónde vas ahora? —me preguntó agarrándome del brazo cuando vio que guardaba mis cosas.
Le enseñé el mapa del celular con la siguiente dirección.
—Quítate, no me quites el tiempo que el tiempo es dinero.
Tomás vio la pantalla y casi se le salen los ojos.
—¡Son más de 21 kilómetros de aquí! ¿Piensas irte en esa chatarra de bici otra vez?
—A ti qué —le dije.
Frustrado, Tomás le habló por teléfono al chofer de la familia que andaba cerca. Hizo que subieran mi bicicleta a la cajuela del carro y me empujó hacia el asiento de atrás.
—Ya sube, yo te llevo —dijo de mala gana.
Me acomodé en el asiento de piel y lo miré de reojo.
—Te aviso de una vez: aunque me lleves, no le voy a regresar el cuarto a tu adorada Natalia, ¿eh? Ya sé que me vienes siguiendo para abogar por ella.
Tomás se quedó callado un rato, incómodo, y luego murmuró:
—Es que Natalia está acostumbrada a su espacio. Si le cambian las cosas no puede ni dormir.
—Pues no hubiera andado de farolera ofreciendo lo que no quería dar —le solté—. La gente tiene que hacerse responsable de lo que sale de su boca. Conmigo se la pellizcó por andar de mustia.
El siguiente cliente vivía en un barrio más pesado. Cuando se abrió la puerta, nos recibió un señor enorme, lleno de tatuajes en los brazos y con una cadena de oro gruesa en el cuello. Tenía una facha de pocos amigos que daba miedo. Tomás, por puro instinto, se puso enfrente de mí, cubriéndome con su cuerpo para protegerme. Al ver su espalda frente a mí, sentí algo raro en el pecho, una mezcla de sorpresa y calidez que no supe cómo acomodar.
Por suerte, la esposa del señor salió de la cocina. Era una señora muy linda que resultó ser mi seguidora en redes sociales. Me había contratado para armarle una computadora a su hija. Al terminar, la señora me pagó y me dio otros 100 pesos de propina a la fuerza. Ese día me gané 300 pesos y traía una sonrisota.
En el carro de regreso, Tomás rompió el silencio:
—¿Así te ganabas la vida antes?
—Ya quisieras —me reí—. Esto es Disneylandia comparado con andar pepenando fierro viejo, lavar trastes en fondas o meterse de ilegal a las fábricas. Gracias a mis seguidores tengo chamba segura cada semana.
Tomás frunció el ceño, seguro acordándose del tipo tatuado.
—¿Y nunca te pasó nada malo?
—A veces —le dije restándole importancia.
Tomás se quedó callado por varios minutos. Miraba hacia la ventana y se le veía la culpa en los ojos.
—Perdón —dijo en un hilo de voz.
Esa disculpa sincera me sacó de onda. Yo estaba acostumbrada a los golpes, a las mentiras y a las mentadas de madre de la calle, sabía cómo defenderme de eso, pero no sabía qué hacer con un “perdón” de verdad. Para romper la tensión, saqué de mi mochila un bastón de descarga eléctrica de alta potencia.
—No pasa nada, checa esto. Es un picana eléctrica para ganado. No solo tumba hombres, hasta a los puercos grandes los deja tiesos. Una vez un viejo mañoso quiso pasarse de listo conmigo fingiendo ser un cliente, pero como yo siempre hago transmisiones en vivo, mis seguidores le hablaron a la patrulla. Desde ahí ando armada. Además, quité la huella digital y el reconocimiento facial de mi celular; si alguien me quiere hacer algo, no van a poder desbloquearlo a la fuerza.
Tomás no se imaginaba la vida tan perra que me había tocado. Se veía súper avergonzado.
—Qué bueno que ya estás en la casa —dijo bajito—. Ya no vas a tener que pasar por eso.
Mi sonrisa desapareció y miré hacia la calle.
—Ojalá. Al menos sé que si mañana me corren, yo solita puedo mantenerme.
—Eres la hija real, Tere, ¿quién te va a correr? —reclamó él.
—Por favor, Tomás. ¿Qué clase de papás reciben a su hija de sangre preparándole el cuarto de servicio?
Tomás se quedó mudo. No volvió a decir ni una palabra hasta que llegamos a la mansión. Nada más cruzar la puerta, Natalia corrió hacia Tomás y le agarró el brazo, pero me estaba viendo a mí con ojos de victoria.
—Tomás, ¿verdad que ya entendió y me va a regresar mi cuarto? —preguntó lo suficientemente fuerte para que oyeran Don Arturo y Doña Elena, quienes fingían leer en la sala.
Yo ya estaba harta de tanta hipocresía. Iba a reclamar, pero Tomás me ganó el tirón. Soltó el agarre de Natalia y le dijo serio:
—Natalia, tú solita dijiste que le dabas el cuarto. Si ya lo dijiste, cumple tu palabra y deja de hacer dramas. En el tercer piso hay un cuarto igualito, dile a mi mamá que te lo arregle como quieras.
A Natalia se le descompuso la cara; no podía creer que su hermano varón, el que siempre la defendía, le estuviera dando la espalda. Yo me aguanté la sonrisa, saludé cortésmente a mis papás y me subí a mi cuarto a estudiar. Estaba en la preparatoria y no iba a perder mi tiempo peleando por el amor de una familia que claramente prefería los lazos de la costumbre antes que los de la sangre.
A los pocos días, mi papá tocó el tema de mi escuela durante la cena.
—Tere, ya arreglamos tus papeles. Queremos que entres al Colegio San Patricio, es el mismo donde van Natalia y Tomás. Es la mejor preparatoria privada de la ciudad.
Lo medité un momento y negué con la cabeza.
—No es necesario, jefe. Puedo ir a una escuela pública. La Preparatoria Oficial Número 1 tiene muy buen nivel.
Don Arturo se puso serio y dejó los cubiertos en la mesa.
—De ninguna manera. El nivel del San Patricio es excelente, pero lo importante son las relaciones que vas a hacer ahí. La gente de nuestro círculo estudia ahí. Tienes que entender que en el mundo real, el talento es solo una parte; los contactos lo son todo. Por eso la gente humilde, aunque estudie en buenas universidades, batalla para subir de nivel; su entorno los limita.
Tenía razón. El viejo no estaba tonto. Si yo quería poner mi propia empresa en el futuro, esos contactos me iban a servir un buen.
—Está bien —acepté—. Pero tengo una condición. Quiero que se haga pública mi identidad y la de Natalia. Que todos sepan que nos cambiaron al nacer.
Don Arturo dudó. Doña Elena saltó de inmediato:
—¡Ay, no, Arturo! Si se sabe eso, Natalia va a sufrir muchísimo en la escuela. Van a hablar de ella. ¿Por qué no mejor dicen que son hermanas de sangre y ya?
Me reí en su cara con sarcasmo.
—¿Ah, sí? ¿Van a decir que Tomás, Natalia y yo somos trillizos? No manches, jefa, nadie se va a creer ese cuento.
Para cortar la discusión, Don Arturo sentenció:
—Se va a hacer como dice Tere. Pero para evitar chismes, voy a donar un laboratorio completo de cómputo al colegio a nombre de Natalia antes de que empiecen las clases. Así todos verán que la seguimos queriendo y nadie se va a atrever a menospreciarla.
Ahí entendí cómo funcionaba el mundo de los ricos. Un problema que para la gente común sería el fin del mundo, ellos lo arreglaban firmando un cheque de varios millones de pesos.
Pasaron las semanas y llegó la cena de Año Nuevo. Natalia y yo bajamos usando vestidos de diseñador que Doña Elena nos había comprado, pero las diferencias seguían ahí. Natalia traía un collar de zafiros de millones de pesos y Carlos le había regalado un carro deportivo del año, aunque la muy mensa todavía ni edad tenía para manejar. Todo era para demostrarle a los invitados que ella seguía siendo la consentida. Natalia se la pasó presumiéndome sus regalos toda la noche, pensando que me iba a morir de la envidia. Yo solo saqué mi celular, le mostré la pantalla donde tenía el archivo de mis grabaciones y caminé hacia la oficina de mi papá.
Cuando salimos de la oficina, Don Arturo anunció frente a toda la familia que me iba a heredar en vida una residencia valuada en 50 millones de pesos en una de las zonas más exclusivas. A Natalia se le borró la sonrisa de inmediato.
Después del brindis, Tomás me jaló hacia el sótano del estacionamiento.
—Te tengo tu regalo de Año Nuevo, Tere.
Al lado de mi bicicleta vieja, había una motoneta eléctrica color rosa pastel, nuevecita, ya con sus placas, un portacelular instalado y un parabrisas del mismo tono. Y encima del asiento, una caja enorme con una laptop gamer de última generación con una tarjeta gráfica 4090.
—Sé que no compite con el carro que le dio Carlos a Natalia… pero esto lo compré con las ganancias de mi nuevo canal de internet —dijo Tomás, rascándose la nuca todo apenado pero orgulloso—. Tampoco te vayas a poner a llorar, ¿eh?
Se me aguaron los ojos. Tomás había abierto un canal llamado “Acompañando a mi hermana a chambear” y por su cara de niño rico intentando trabajar, se había vuelto súper viral.
—Cállate —le dije limpiándome una lágrima—. Súbete, te voy a dar una vuelta.
Nos fuimos a dar el rol por toda la colonia residencial hasta que el frío de invierno nos dejó los dedos tiesos. Regresamos riendo al estacionamiento y cuando íbamos subiendo las escaleras hacia la casa, nos topamos con Natalia. Nos miró con unos ojos de pistola que daban miedo y se dio la vuelta pisando fuerte. Tomás suspiró y me dijo:
—Voy a ver cómo está… ya sabes que crecimos juntos.
—Ve —le dije. Lo entendía perfectamente.
Al iniciar las clases en el Colegio San Patricio, mi examen de admisión fue tan perfecto que me metieron al grupo “A”, el salón de los nerds y los aplicados, mientras que Natalia y Tomás se quedaron en el grupo internacional, donde puro niño rico iba a calentar la banca. Mi vida académica iba excelente, pero la paz duró muy poco.
Un día, a la hora del receso, mientras repasaba mis apuntes de francés, un chavo alto, güero y con facha de modelo se paró frente a mi banca.
—Así que tú eres la verdadera hija de los Tahuil —dijo con una sonrisa arrogante—. Lo que significa que tú eres mi verdadera prometida.
Era Santiago, el heredero de la familia más rica de la región y el prometido de Natalia desde que eran niños. Desde ese día, la mirada de Natalia hacia mí cambió por completo. Ya no era berrinche; era una locura peligrosa.
Esa misma noche, bajé al jardín a caminar para despejarme antes de dormir. Al llegar a la planta alta, cerca de las escaleras, Natalia me cerró el paso. Su cara daba pánico, tenía los ojos desorbitados. Sentí que algo andaba muy mal e intenté darme la vuelta para regresar a mi cuarto, pero ella fue más rápida. Me agarró del brazo con una fuerza que no parecía suya y me siseó al oído:
—Jamás me vas a ganar, Tere. Jamás.
Y antes de que pudiera zafarme, soltó un grito desgarrador:
—¡No, Tere, por favor, no me empujes!
Y se dejó caer de espaldas por las escaleras.
PARTE 3: LA VERDAD, EL ADIÓS Y MI PROPIO CAMINOCuando vi la sonrisa de triunfo en la cara de Natalia al caer, inmediatamente volteé a ver la cámara de seguridad que yo misma había instalado frente a las escaleras apuntando a mi cuarto
También toqué instintivamente la cámara deportiva vieja que traía en la bolsa de mi chamarra y mi celular, que estaba grabando audio en mi pantalón
Desde el principio noté que andaba muy rara, así que ya estaba preparada
Pero la neta, ver cómo se aventaba solita superó todo lo que imaginé; sentí que se me adormecía el cuero cabelludo del impacto
Bajé las escaleras corriendo
En ese momento, Don Arturo y Doña Elena salieron asustados por el ruido
Mi mamá vio a Natalia tirada en el suelo sin moverse, pegó un grito de terror y corrió para intentar abrazarla y levantarla
Al ver eso, la detuve de inmediato, pero ni tiempo me dio de hablar cuando Don Arturo me acomodó una cachetada brutal que me volteó la cara
Me quedó un zumbido fuertísimo en el oído y sentí cómo me ardía el cachete del golpe
—¡Eres una desalmada! ¡No puedo aceptar a una hija como tú! —me gritó mi papá, furioso
—Si le pasa algo a Natalia, te juro que no te lo voy a perdonar
Sus insultos se mezclaban con el zumbido de mi cabeza, haciéndome enojar todavía más
—¡Ya cállese! —le grité aguantándome el dolor, y de un manotazo rompí un jarrón de porcelana carísimo que estaba ahí al lado para que reaccionaran
—Ya están viejos, ¿no pueden preguntar qué pasó antes de soltar golpes?
¿No saben que mover a un herido a lo tonto le puede causar lesiones peores?
Al ver que se calmaron un poco por el susto del jarrón, volteé a ver a la muchacha del aseo, que estaba congelada viendo todo.—Oye, hazme el favor de marcar al 911
Diles clarito que la paciente está inconsciente y pregunta qué tenemos que hacer antes de que llegue la ambulancia
Luego me le quedé viendo directo a los ojos a Don Arturo y Doña Elena, con una voz súper pesada y tranquila: —Yo no aventé a Natalia por las escaleras
Si no me creen, háblenle a la patrulla
Tengo una cámara en mi puerta y otra aquí en mi ropa, ahorita mismo les aclaro su teatrito
Mejor pregúntense ustedes mismos qué le enseñaron todos estos años para que esté dispuesta a hacer una estupidez así nomás por pelear cariño
Llegando al hospital, metieron a Natalia directo a urgencias
Yo me senté en una de esas sillas frías de acero inoxidable, lejitos de mis papás, viendo la luz roja del quirófano y con la cabeza hecha un desmadre
Que nos hayan cambiado al nacer fue un mero accidente
Mi mamá biológica me abandonó, pero la neta, si se hubiera llevado a Natalia, seguro la habría tirado por ahí igual que a mí
Pero no podía negar que Natalia me había robado la vida que me tocaba
Se había quedado con el amor de la familia que debió ser mío
Verla ahí tirada me daba mucho coraje, pero también lástima
Es estudiante de artes, se dedica al baile
¿Qué la orilló a lastimar su propio cuerpo nomás para rascar un poquito de atención?
Estaba metida en mis pensamientos cuando Tomás se acercó y me jaló del brazo.—Órale, ven, te voy a ayudar a registrarte para que te revisen
—¿Eh? —le contesté, porque el zumbido no me dejaba oír bien
Me miró preocupado, se acercó a mi oído bueno y me dijo:—Me di cuenta de que no escuchas bien y estás hablando más fuerte de lo normal
La cirugía de Natalia va para largo, mejor vamos a que te revisen ese oído de una vez
Los estudios salieron mal: traía el tímpano perforado por el cachetadón
Cuando Tomás les dio la noticia a mis papás, Don Arturo nomás se quedó mudo, pasmado, y a mi mamá se le vio la culpa en la cara por un segundo
Pero ni chance tuvo de decir nada, porque se apagó la luz del quirófano y sacaron a Natalia
Toda la atención de Doña Elena se fue directo con ella
Don Arturo nomás suspiró pesado y le dijo a Tomás que me llevara a la casa a descansar
Me quedé dormida, pero como a las 3:00 de la mañana, alguien pateó la puerta de mi cuarto y me jaló de la cama a la fuerza
Por puro instinto de supervivencia, pegué un grito, metí la mano debajo de mi almohada, saqué la picana eléctrica y se la dejé ir con todo al bulto
Se escuchó un alarido de dolor y el tipo cayó al piso retorciéndose
Tomás escuchó el desmadre, llegó corriendo y prendió la luz
Resultó ser Carlos, que supuestamente andaba de viaje de negocios en otra ciudad
Al ver el numerito, Tomás rápido le habló al chofer y se llevó a Carlos al hospital
Al mediodía siguiente, Tomás me mandó un mensaje avisando que Natalia ya estaba fuera de peligro
Me dijo que Carlos también estaba bien y que no me preocupara
Lo pensé un rato y decidí ir al hospital a ver qué onda
Llegué en mi motoneta eléctrica
Justo cuando iba a entrar al cuarto de Natalia, escuché la voz de Carlos desde adentro
—Papás, valiendo madre cómo pasaron las cosas, la inseguridad que trae Natalia es por culpa de que Tere llegó a la casa
Cuando Natalia se recupere, hagan que Tere se largue de la casa
El cuarto se quedó en un silencio total
Me quedé parada afuera un buen rato, pero mis papás no dijeron ni pío para defenderme
Suspiré y ya me iba a dar la vuelta para irme a la fregada, cuando escuché a Tomás brincar, bien enojado
—¡Eso no es justo!
Dicen que Natalia no se siente segura, ¿y a poco Tere sí?
¿Nunca se han puesto a pensar por qué desde que llegó a la casa sigue terca con irse a trabajar para ganar su propio dinero?
¡Pues porque sabe que ustedes tienen favoritismos y le da miedo que un día la corran a la calle!
Tomás se volteó contra Carlos y le reclamó duro:—Hermano, yo sé que no tragas a Tere, y que ahorita la odias más porque te dio toques, pero ¿alguna vez te has puesto a pensar qué chingados tuvo que vivir para tener la costumbre de dormir con un arma debajo de la almohada?
Después de que se murió la abuelita que la crió, un malviviente se metió al cuarto de lámina donde ella vivía
Por defenderse, le rompieron el dedo meñique y hasta la fecha no lo puede enderezar bien
¡Tenía apenas 13 años, cabrón!
Luego Tomás volteó a ver a Natalia y le bajó dos rayitas a su tono:—Natalia, pase lo que pase, tú siempre vas a ser mi hermana, eso nadie lo cambia
Pero Tere también es mi hermana de sangre, es mi familia y no le voy a dar la espalda
Si deciden correrla de la casa, yo me largo con ella
Al terminar, abrió la puerta de golpe y se topó conmigo, que estaba ahí afuera pasmada
Nos fuimos a un café cerca del hospital
Nos metimos a un privado.—Ya escuchaste todo, ¿verdad? —me dijo Tomás, dándole un trago a su café
Yo asentí con la cabeza
Él suspiró pesado.—No juzgues tan duro a mi mamá y a Carlos..
—empezó a contarme la historia negra de la familia
Me explicó que cuando ellos iban en secundaria, Don Arturo —el señor que siempre se daba golpes de pecho de ser muy racional— perdió la cabeza por una chamaca más joven, tanto que casi abandona a la familia
Mi mamá y él eran novios desde chiquitos, así que la traición le dio en la torre a Doña Elena, casi se vuelve loca
Para acabarla, la amante se embarazó y tuvo un niño
En ese entonces, Carlos estaba estudiando en el extranjero y Tomás era un chamaco rebelde que nomás hacía corajes
Se le quedó viendo al fondo de su taza, con voz de culpa.—En ese tiempo, fue Natalia la que se quedó al lado de mi mamá cuando estaba destrozada, e intentó mantener a flote a la familia
Se calló un momento, recordando cosas feas
—Nuestra familia traía un proyecto súper importante con la familia de Santiago
Para amarrar a mi papá y que no se fuera, Natalia se le fue a meter por los ojos a Santiago, se ganó a la abuela del chavo y aceptó comprometerse con él desde chavitos
Cuando se dio cuenta de que mi mamá quería ir a hacerle un escándalo a la amante, Natalia se le adelantó y provocó a la tipa
La loca esa terminó atropellando a Natalia, y la dejó clavada en el hospital por tres meses
Gracias a eso, mi papá dejó a la amante por completo y regresó a la casa como perro arrepentido
A Tomás se le quebró la voz.—Me acuerdo clarito
Estaba en la cama del hospital, toda llena de sangre, y todavía le agarró la mano a mi mamá, sonrió y le dijo: “No te preocupes mami, mi papá va a volver
No voy a dejar que nadie le robe la herencia a mi hermano mayor”
Y pensar que antes de eso, era tan miedosa que no aguantaba ni ver cuando las muchachas mataban un pescado en la cocina
Tomás tragó saliva.—Por eso mi mamá y Carlos sienten que le deben la vida a Natalia
Ya sé que tú no tienes la culpa de nada, nomás te lo cuento para que entiendas que no te odian de a gratis, es que desde ese desmadre, esta familia dejó de ser normal
Al oír todo eso, por fin me cayó el veinte de por qué Tomás me tenía envidia cuando vio cómo me llevaba con mis amigos del barrio
Don Arturo siempre tuvo de consentido a Carlos, y Doña Elena y Carlos idolatraban a Natalia
A Tomás lo dejaron de lado en su propia casa
Se hacía el menso y el valemadrista para que creyeran que no le importaba
Pero la verdad es que el chavo no tenía ni un pelo de tonto
—Ya entendí, tranquilo —le dije, dándole unas palmaditas en el hombro—
No te me agüites, es un problema menor, tu hermana se encarga de arreglarlo
Esperé a que Doña Elena fuera a la casa a recoger ropa para Natalia y la agarré a solas
—Perdóname, Tere..
—me dijo con la cara llena de culpa
—Pero de verdad no puedo darle la espalda a Natalia
—Aguánteme ahí, jefa —le hice señas para que se sentara y me fui directo al grano
—Hoy vengo a aconsejarle que se divorcie de mi papá
Doña Elena se quedó de a seis
Seguí hablando: —Ya me enteré de lo que pasó con Natalia cuando iban en secundaria
Hay que reconocer que la chamaca la adora, jefa
Si yo hubiera estado en su lugar, la neta dudo que me hubiera aventado a hacer lo que ella hizo
Pero supongo que usted también ya se dio cuenta, ¿no? Desde ese día, la cabeza de Natalia no quedó bien
Mi mamá se mordió el labio y agachó la mirada
—No sé si ha escuchado eso de la ‘transmisión intergeneracional’
Es cuando las actitudes, los traumas y el lugar en la sociedad de los papás se le pasa directito a los hijos
La miré a los ojos con firmeza.—El detonante de que Natalia se tirara de las escaleras fue Santiago
—Le conté lo que ese junior me había dicho—
Pero no creo que nomás haya sido por celos
Muy en el fondo de su cabeza, ella está copiando la misma estrategia enferma que usó para arreglar las broncas de mi papá hace años
Y eso no es normal
Ya sé que el divorcio está cañón, pero hágalo por la hija que tanto ama
Le agarré las manos y le hablé desde el fondo del corazón
—Por esa hija que tanto quiere
Si no quiere que termine cometiendo los mismos errores y sufriendo igual que usted, entonces aprenda a quererse a sí misma, igualito que como la quiere a ella
No deje que lo que a usted la destruyó, termine destruyéndola a ella también
Doña Elena se me quedó viendo un buen rato, se le llenaron los ojos de lágrimas y me preguntó bajito:—¿Y tú, mi amor? ¿Qué va a pasar contigo?
Le sonreí, bien segura de mí misma.—Yo voy a seguir mi plan original, jefa
Voy a entrar a la mejor universidad del país, voy a exprimir los contactos de los Tahuil para abrir mi propia empresa, me voy a hacer millonaria y yo solita voy a ser mi mejor respaldo para toda la vida
Días después, Doña Elena le pidió el divorcio a Don Arturo
Al principio el viejo se puso al brinco y no quería firmar, pero mi mamá le sacó unos papeles comprometedores, hablaron en privado y el don terminó doblando las manos
El día que firmaron los papeles, Doña Elena me pasó la mitad de sus acciones de la empresa familiar, convirtiéndome en la hija con más peso en los negocios de los Tahuil
Al mes, Natalia ya podía caminar
Me mandó decir con Tomás que quería verme
Fui a verla y la encontré sentada bajo un árbol en el jardín del hospital
El sol le daba en la cara y, la neta, se veía bonita
Cuando me vio, no me hizo jeta ni nada, solo sonrió
—Mi mamá dice que en cuanto me sane bien la pierna, nos vamos a ir a vivir al extranjero
Ella va a abrir un estudio de diseño y yo me voy a meter a estudiar a una escuela de artes, que es lo que siempre he querido
Ya no voy a tener que casarme por conveniencia
Me dijo que aunque me quede solterona toda la vida, ella siempre me va a acompañar y me va a apoyar en lo que me haga feliz
Le brillaban los ojos
Ya no traía esa actitud de princesa alzada
—Qué bueno, me da gusto —le dije asintiendo, y me senté junto a ella
—Carlos también se va con nosotras
Nomás se van a quedar tú y Tomás en la casa
Tomás es muy buen niño, medio atrabancado, pero yo sé que tú lo vas a meter en cintura
Confío en ti
Me dio risa.—Dice que quiere entrar a la misma universidad que yo
Nomás con el horario de asesorías que le armé, ya lo traigo sudando la gota gorda
Ella sonrió poquito, se quedó callada, y de repente me soltó un:—Perdóname
Suspiré
No le iba a decir “no hay bronca”, así que cambié de tema.—Oye, ¿no sé si te acuerdas?
En la secundaria, cuando fuiste a un concurso de baile a otra ciudad
Había una chava del área de ciencias en el segundo piso del auditorio a la que le prestaste tu chamarra y una toalla sanitaria
—Me apunté con el dedo—
Esa chava era yo
Natalia se quedó con la boca abierta.—¿Eras tú?
Me paré, me metí las manos a las bolsas de la chamarra y me despedí con la mano
—Pórtate bien con mi jefa
Ah, y al tipejo de Santiago se lo va a cargar el payaso, va a ser mi primer escalón para hacer mi imperio
El día que Doña Elena y Natalia volaron al extranjero, Don Arturo ni sus luces
Después del divorcio, anduvo deprimido un ratito, pero rápido se agarró a otra muchacha
Tomás, intentando taparle el ojo al macho, le inventaba pretextos para que mi mamá no se sintiera mal
Pero a Doña Elena ya le valía tres hectáreas de pepino
Antes de subirse al avión, me dio un abrazo y me susurró algo al oído
Me dejó una sonrisota que no se me borró en todo el camino de regreso
Tomás venía insiste y insiste preguntando qué me había dicho
Al ver su cara de inocencia, decidí no romperle su burbuja
No le iba a contar que, al momento del divorcio, para blindar nuestra herencia en la familia, mi mamá obligó a Don Arturo a hacerse la vasectomía
Pensé que era mejor dejarle aunque sea un poquito de esperanza en eso del amor y la familia
Y bueno, chavos, ahí acaba el chisme
Después de chutarse como mil novelas de ricos, si algún día les toca volver a una familia de dinero, van a tener que echarle coco toda la noche para armar un plan macabro y sobrevivir
La neta es que la vida no es justa
A veces, aunque tú tengas la razón y seas la víctima, te van a tratar como la pura basura
Así que no se queden sentados esperando a que los demás se tienten el corazón y les den cariño
Lo más importante es saber rascarse con sus propias uñas y mantenerse firmes
Si eres chingón por ti mismo, a donde vayas vas a armarla
La gente a lo mejor no te elige, pero tú siempre, SIEMPRE, te tienes que elegir a ti mismo primero